Cuando tu Marca Personal te toma como rehén

Te voy a confesar una cosa. Me gusta estar en el suelo.

Me gusta ver películas sentado en la alfombra, con las piernas cruzadas o estiradas y apoyando la espalda en el sofá de detrás.

Me gusta tumbarme, especialmente en verano, a leer una buena novela apoyando los codos en el suelo. Y no me refiero a tumbarme en el cesped o en la arena de la playa sino en cualquier superficie medianamente lisa y sólida.

Quizás esto no te parezca raro. El problema es que cuando tienes 51 años, “no queda bien” hacerlo (y también porque recuperar la verticalidad ya no es tan fácil como a los 15). Parece que lo lógico es sentarte en una butaca de orejas con una pipa y un batín a cuadros.

Esto que puede parecer una chorrada, es sólo un síntoma de como nos vemos atrapados en determinados personajes. Como terminamos actuando en función de lo que dice un guión que no hemos escrito nosotros.

Es una tontería pero cosas como estas te indican hasta que punto nos convertimos en rehenes de aquello que se supone que debemos ser. De qué modo llegamos a comportarnos en función de lo que pensamos que mejor se ajusta a la Marca Personal que hemos desarrollado.

Esto surge porque quiero empezar a crear contenidos en vídeo pero me gustaría que aportasen valor y, también, con los que me sienta cómodo haciéndolos. Porque grabarte delante de una cámara es lo más antinatural que existe.

Así que pensé que la forma más espontánea, más honesta y también la que más me apetecía era grabándolos en mi situación más cómoda, es decir sentado en el suelo (como me dijo un amigo hace muchos años, “ese es tu sitio”, ¡que cabrón!).





Y es cuando llegan las creencias, las etiquetas y los estereotipos. Es cuando te conviertes en víctima de tu identidad o de la reputación que has creado. No tienes edad, eres un puto ¿referente?, no te van a tomar en serio,… Cuando eso ocurre es cuando te das cuenta de que tu Marca Personal ya no es tu Marca Personal.

Ojo, no estoy hablando de ir en contra de la ley o del buen gusto, de hacer cosas sin sentido, de buscar la provocación o la ofensa gratuita, o de hacer algo que no creas. Simplemente se trata de dejar de ACTUAR y volver a PORTARTE (que no comportarte) como realmente eres.

La vida es jodidamente corta como para interpretar un personaje que no sientes. Pero además, ¿no se nos llena la boca hablando de autenticidad y Marca Personal? Pues aplícate el cuento, joder (esto me lo digo a mi mismo).

Y ¿sabes qué? pues que creo que es precisamente eso que nos aleja del personaje, del estereotipo, de lo políticamente correcto lo que nos lleva al ÉXITO (en el sentido de obtener el reconocimiento de otros) y todavía algo más importante, lo que nos acerca a la FELICIDAD (en el sentido de sentirnos plenamente a gusto en una situación).

Son estas cosas y no estar en las Redes Sociales o vestir de una determinada manera las que hacen que el Branding Personal sea algo difícil. Es más, creo que son los Medios Sociales los que están consiguiendo que nos encasillemos todavía más y más rápido.

Al verte obligado a seleccionar aquello que compartes (o más bien repartes) a diestro y siniestro estás separando una parte del todo. Y poco a poco vas modulando tu mensaje hasta adaptarlo a lo que crees que tiene más aceptación. No es que no seas así, es que no se te puede entender sin ver a la PERSONA completa.

Por eso, el síntoma más grave de que estás haciendo las cosas mal es cuando alguien que te conoce por tu vida dospuntoceril te dice que no esperaba que fueses así (para lo bueno y para lo malo) cuando te la encuentras en persona.

Todos hemos vivido y muchos seguimos viviendo el Efecto Madre: “Pero hijo, ¿no irás a salir así con esas pintas?” y aunque tengas 30, 40, 50 o 60 años vas a seguir escuchando esa vocecita en tu cabeza cada vez que hagas algo.

Pero lo que hay que entender es algo que dijo uno de los primeros “Personal Branders”, Heráclito, cuando dijo que “nadie se baña dos veces en el mismo río”. Es decir, que no sólo el agua del río fluye, sino que las personas también cambian. Y en el proceso meterás la pata. Pero eso es preferible a no evolucionar porque tienes miedo de perder algo.

Así que cambiar, evolucionar, transformarse no sólo no es malo para una Marca Personal, yo diría que es obligatorio. El Branding Personal es un proceso continuo y que no termina nunca. A medida que evolucionas y te descubres, vas cambiando cosas y la huella que dejas debe hacerlo también.

De hecho yo desconfiaría de quienes dicen ser exactamente iguales que hace años. Quizás ya no te acuerdas, pero antes de que Tom Hanks se convirtiese en un actor “serio”, hacía otras cosicas.

Podría decirse que “Ya no eres el mismo” o “Cómo has cambiado” más que reproches son descripciones lógicas. El problema surge cuando ese cambio no gusta a quienes te conocen. Pero si tratas de seguir sus reglas, acabas con tu identidad. Así que debes aprender a gestionarlo sin tener que ceder algo fundamental de ti mismo/a.

Mi recomendación es que ese cambio constante debería ser coherente, manteniendo unos pilares, valores y creencias constantes, sin giros bruscos y con mucha paciencia. Pero si, por alguna razón, por algo que te sucede, por un descubrimiento personal o por lo que sea, te das cuenta de que ya no eres el que eras o el que creías que eras, lo mejor es que lo expliques y empieces cuanto antes a ser esa persona que realmente eres.

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