La insoportable levedad del CV

La pasada semana se organizó un torneo de debate universitario en Madrid. Se trata de algo que hemos visto en algunas películas norteamericanas. Se enfrentan dos equipos de oradores y tienen que debatir un tema pero sin saber hasta el último momento si les toca defender o atacar la propuesta.

Estaba patrocionado por varias empresas importantes que están a la búsqueda de talento. A mi colega Tomás Marcos y mi nos invitaron como expertos en Marca Personal para participar como jueces en uno de los debates y como asesores en una mesa redonda sobre carreras profesionales.

A aquellos que dicen que los jóvenes han perdido los valores, que solo quieren divertirse y otras gilipolleces varias les recomendaría que asistiesen a eventos de este tipo.

El caso es que frente a la frescura y las ganas de comerse el mundo de los participantes, nos encontramos con el mundo 1.0, analógico, rancio y casposo de algunos representantes de algunas de esas empresas patrocinadoras. A la hora de debatir en la mesa redonda, para los patrocinadores solo había una vía y un método. La vía para un profesional es hacer todo lo posible para trabajar en una de esas empresas y el método es el Curriculum Vitae.

Cuando nos tocó intervenir a Tomás y a mí, dijimos y explicamos que había otras formas de ganarse la vida más allá de un contrato indefinido, que se podía trabajar por cuenta ajena pero pensando como un profesional y no como un «empleado» y que podías aumentar tu valor utilizando unas cuantas herramientas sencillas.

Les pusimos ejemplos, les dimos ideas e insistimos en que el CV es el camino preferido por las grandes empresas porque es unidireccional, la decisión final la tiene la empresa que contrata y en ese documento apenas aparece una minúscula parte de lo que ofreces y no necesariamente la más importante.

Fuimos vehementes, radicales, iconoclastas y como siempre, nos divertimos. Algo decía que íbamos por buen camino cuando solo nos aplaudieron a nosotros. Pero al parecer a alguno de los otros invitados a la mesa y a algún patrocinador que estaba entre el público no les hizo demasiada gracia nuestra forma de pensar. Eso me confirma que voy por la buena dirección.

Nada más finalizar la mesa redonda ocurrieron dos cosas muy representativas:

  1. Los asistentes se acercaron a felicitarnos y a decirnos cosas como «menos mal que alguien nos cuenta la realidad tal y como es», «por fin alguien deja de vendernos la moto», «ya estábamos hartos de oir la misma mierda de siempre sobre el CV, las cartas de presentación y como hacer una entrevista de trabajo», etc. Comentarios que ya empiezan a ser habituales al hablar de estos temas. También nos invitaron a dar algunas conferencias en sus universidades.
  2. La otra consecuencia es que algunas de «las fuerzas vivas patrocinadoras» fueron «a chivarse» a la organización diciendo que era inaceptable que incluyesen a «outsiders», radicales, hippies, antisistema (¡¿¡antisistema!?!) o agitadores junto a gente «de orden» como ellos. Patético.

Como anécdota reveladora os diré que en uno de los momentos del debate, uno de los «hombres grises» me dijo que lo que contábamos estaba muy bien pero que había que comer. Por supuesto, le dije que yo comía sin problemas. Pero lo que revela es la estrategia del miedo en que basan sus ideas. Por lo visto, o pasas por el aro, por lo que ellos consideran correcto o lo vas a tener muy jodido.

¡Eso es mentira! Si hay un momento en la vida de un profesional en la que eso es especialmente falso es cuando estás a punto o acabas de terminar la carrera. Es en ese momento en el que puedes asumir riesgos, probar cosas nuevas, ser poco ortodoxo. Luego quizás sea demasiado tarde. Y ellos lo saben.

Por cierto, si quereis saber cosas realmente interesantes sobre la búsqueda de empleo tradicional os recomiendo que visiteis la página de mi amigo Enrique Brito.





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