Te preguntan a qué te dedicas y respondes con tu cargo, tu especialidad y los años que llevas trabajando. Añades alguna formación, mencionas los sectores que conoces y, si la conversación aguanta, explicas tu metodología. Todo es correcto. Sin embargo, la otra persona sigue sin saber en qué situación debería llamarte. Puede que recuerde que tienes un buen currículum. Incluso que le hayas caído bien. Pero le costará relacionarte con
Archivos de autor: Andrés Pérez Ortega

Vas a publicar una opinión y te detienes. No porque hayas descubierto que es una tontería, algo que siempre conviene comprobar, sino porque dudas de si «encaja con tu marca». Te apetece explorar otra actividad, pero llevas años presentándote como especialista en la actual. Quieres cambiar de enfoque, aunque te preocupa despistar a quienes te siguen. Incluso empiezas a descartar intereses porque parecen poco coherentes con la imagen que has

Te ofrecen un proyecto que no te interesa demasiado. Las condiciones podrían ser mejores, el plazo parece diseñado por alguien que cree que no duermes y tienes ciertas dudas sobre la persona que lo dirige. Pero aceptas. No porque hayas cambiado de opinión, sino porque ahora mismo necesitas esa oportunidad. Puedes decir que no, claro. También puedes apagar la calefacción en enero. Tener permiso para hacer algo y disponer de

Tienes guardada una herramienta que podría ahorrarte trabajo. Has comprado un curso que quizá te permita ofrecer un nuevo servicio. Y llevas meses pensando en una idea que podría convertirse en otra fuente de ingresos. De momento, todo sigue donde estaba. La herramienta, en favoritos. El curso, pendiente. La idea, en esa carpeta mental titulada «cuando tenga tiempo», que debe de compartir servidor con «el lunes empiezo». Puedes estar muy

Llevas unas semanas publicando, has enviado varias propuestas y has hablado con algunos contactos. Has hecho más cosas para impulsar tu carrera que durante los seis meses anteriores. Sin embargo, el teléfono sigue bastante tranquilo. Empiezas a revisar tus decisiones. Quizá deberías cambiar de especialidad. O dirigirte a otro tipo de cliente. O abrir un canal distinto. Siempre hay alguien explicando que el futuro está precisamente donde tú todavía no

Tienes bastante claro lo que sabes hacer. Has pensado cómo quieres posicionarte, qué puedes aportar y a quién te gustaría llegar. Incluso has preparado una lista de temas para publicar, varias propuestas de colaboración y una presentación que empieza a tener más versiones que Blade Runner. Pero todo sigue en tu ordenador. Mientras tanto, los profesionales con los que te interesa trabajar continúan buscando soluciones. Preguntan a sus contactos, escuchan

Hay una forma de posponer lo importante que tiene bastante buena reputación: seguir trabajando. No parece que estés evitando nada porque estás ocupado. Revisas otra vez la presentación. Cambias dos párrafos del informe. Buscas una herramienta mejor. Retocas la propuesta. Haces otro curso antes de ofrecer el servicio. Preparas durante semanas una publicación que quizá podrías haber escrito en una tarde. Desde fuera, incluso puede parecer responsabilidad, rigor o compromiso

Hay profesionales excelentes que sienten un rechazo casi inmediato cuando escuchan hablar de Marca Personal. No quieren «venderse». No quieren convertirse en influencers. No quieren presumir de sus logros ni pasarse el día publicando en LinkedIn. Tampoco quieren fabricar un personaje, posar como expertos en todo o transformar cada café con un colega en una oportunidad de networking. Lo curioso es que estoy bastante de acuerdo con ellos. El problema

Puedes ser muy bueno en lo que haces y, aun así, resultar sorprendentemente difícil de recomendar. No porque nadie valore tu trabajo. Quizá tus clientes estén encantados contigo. El problema aparece cuando uno de ellos intenta explicarle a otra persona por qué debería contratarte. Fantástico. Acabas de recibir una recomendación prácticamente inutilizable. Una Marca Personal no debería conseguir simplemente que te conozcan. Debería conseguir algo bastante más difícil: que las

Puedes ser ingeniera y artista. Consultor y fotógrafo. Directiva y profesora. Investigador y tatuador. Tener varias facetas profesionales no es especialmente raro. Lo raro sería que, después de unos cuantos años trabajando y viviendo, siguieras siendo una criatura perfectamente especializada en una única cosa. El problema aparece cuando intentas trasladar esa variedad a tu Marca Personal. Entonces empiezan las dudas: ¿deberías contarlo todo en el mismo sitio?, ¿crear un perfil
