Hay una forma de posponer lo importante que tiene bastante buena reputación: seguir trabajando. No parece que estés evitando nada porque estás ocupado. Revisas otra vez la presentación. Cambias dos párrafos del informe. Buscas una herramienta mejor. Retocas la propuesta. Haces otro curso antes de ofrecer el servicio. Preparas durante semanas una publicación que quizá podrías haber escrito en una tarde. Desde fuera, incluso puede parecer responsabilidad, rigor o compromiso

Hay profesionales excelentes que sienten un rechazo casi inmediato cuando escuchan hablar de Marca Personal. No quieren «venderse». No quieren convertirse en influencers. No quieren presumir de sus logros ni pasarse el día publicando en LinkedIn. Tampoco quieren fabricar un personaje, posar como expertos en todo o transformar cada café con un colega en una oportunidad de networking. Lo curioso es que estoy bastante de acuerdo con ellos. El problema

Puedes ser muy bueno en lo que haces y, aun así, resultar sorprendentemente difícil de recomendar. No porque nadie valore tu trabajo. Quizá tus clientes estén encantados contigo. El problema aparece cuando uno de ellos intenta explicarle a otra persona por qué debería contratarte. Fantástico. Acabas de recibir una recomendación prácticamente inutilizable. Una Marca Personal no debería conseguir simplemente que te conozcan. Debería conseguir algo bastante más difícil: que las

Puedes ser ingeniera y artista. Consultor y fotógrafo. Directiva y profesora. Investigador y tatuador. Tener varias facetas profesionales no es especialmente raro. Lo raro sería que, después de unos cuantos años trabajando y viviendo, siguieras siendo una criatura perfectamente especializada en una única cosa. El problema aparece cuando intentas trasladar esa variedad a tu Marca Personal. Entonces empiezan las dudas: ¿deberías contarlo todo en el mismo sitio?, ¿crear un perfil

Un profesional entrega un trabajo brillante. El siguiente es correcto. El tercero llega tarde y con algunos detalles sin resolver. En el cuarto vuelve a demostrar que es extraordinariamente bueno. ¿Es un profesional excelente? Depende. Si necesitas admirar su talento, probablemente sí. Si tienes que confiarle algo importante, quizá empieces a tener dudas. Porque hacer un gran trabajo demuestra de lo que eres capaz; mantener un determinado nivel demuestra lo

Tienes una profesión, pero también sabes hacer otras cosas. Te interesan campos distintos, has acumulado experiencias que no encajan perfectamente en una etiqueta y quizá incluso desarrollas varios proyectos al mismo tiempo. Entonces llega el consejo habitual: «Tienes que elegir un nicho». Y empiezas a amputar partes de tu trayectoria para resultar comprensible. En el extremo contrario está la reacción aparentemente más auténtica: «Todo esto forma parte de mí». Así

Instagram tiene una cualidad bastante útil y ligeramente peligrosa para tu Marca Personal: permite que alguien se haga una idea de ti antes de saber realmente quién eres. Entras en un perfil. Miras tres fotografías, un par de reels, la biografía y quizá alguna story. En unos segundos decides si esa persona parece profesional, creativa, rigurosa, cercana, interesante, pretenciosa, divertida, experta o simplemente otra más haciendo exactamente lo mismo que

Hablar en público parece una oportunidad estupenda para demostrar todo lo que sabes. Y precisamente ahí empieza el problema. Te invitan a una charla, una reunión importante, un webinar o una sesión interna y piensas que, ya que tienes la atención de varias personas durante unos minutos, conviene aprovecharla. Así que añades otro dato, otra diapositiva, otro concepto y ese ejemplo que demuestra que dominas el asunto. Al fin y

Hay dos formas bastante eficaces de contar la historia de la Marca Personal. La primera consiste en decir que la Marca Personal ha existido desde que el ser humano empezó a relacionarse con otros seres humanos. La segunda consiste en afirmar que la Marca Personal nació en 1997, cuando Tom Peters publicó The Brand Called You en Fast Company. Las dos quedan estupendamente en una presentación. El pequeño inconveniente es

Aunque seas un profesional excelente y lleves años haciendo bien su trabajo, quizás sigues dependiendo demasiado de que alguien se acuerde de ti. Tu jefe debe reconocer tu contribución, un antiguo cliente tiene que recomendarte o un contacto debe pensar en tu nombre cuando aparece una oportunidad. Mientras eso ocurre, otros profesionales quizá menos preparados consiguen hacerse un espacio mucho más visible. La reacción habitual consiste en pensar que el
