La tercera vía

En la última semana he hablado con tres viejos amigos y había un elemento común en todos ellos, el desencanto profesional. En los tres casos se trata de profesionales (2 mujeres y 1 hombre) con más de quince años de experiencia, en empresas situadas entre las cien primeras de nuestro país y con puestos con responsabilidades importantes aunque dentro de la franja de mandos intermedios.

En un caso, uno de los amigos ha visto como su situación profesional brillantísima podía darse la vuelta en cuestión de horas y por un problema de «politiqueo» de pasillos.
En otro, un reciente cambio de trabajo (en teoría a mejor) se convierte en jornadas interminables y sin perspectivas de cambio (los más veteranos son los que no levantan el culo de la silla hasta pasadas las diez de la noche).
En el tercero, un teórico ascenso (en el organigrama no en el salario), se transforma en viajes interminables en vuelos en compañías tercermundistas. En negociaciones con empresarios de países del bloque del Este que guardan un pistolón debajo del asiento del coche y que no paran hasta llegar a su destino para evitar riesgos.

Puede tratarse de situaciones llamativas y excepcionales, pero os aseguro que ninguno de ellos es el presidente de la compañía. Se trata de mandos intermedios con mucha responsabilidad y poco reconocimiento. Y no son los únicos amigos que se muestran desilusionados con sus carreras. Sin embargo, en los tres casos estarían dispuestos a tirar la toalla si tuviesen una alternativa.

Parece que como en política, en futbol o en tantas otras cuestiones, solo vemos el blanco o el negro. Pero entre el INEM y un trabajo de mierda (o maravilloso) hay un enorme espacio. En esa zona hay formas de ganarse la vida en lugar de perdérsela.

Uno de estos amigos me preguntaba ¿Entonces dices que sería mejor ser autónomo? Le dije que la respuesta no estaba en la definición administrativa de la situación. Creo que es algo más mental. Se trata de decidir que puedes vivir de lo que sabes hacer y ponerte a ello. El formato, el papeleo o la denominación de tu trabajo es lo menos importante. Eso se resuelve en una mañana. Os lo digo por experiencia.

Cualquiera de esas personas que os comento es capaz de vivir asesorando a empresas y profesionales en temas de calidad, gestión, comercio exterior,… y vivir de ello. Pero el miedo o el desconocimiento les impide ver más allá de la nómina o el desempleo. Hay una tercera vía y muy, muy gorda pero hay que trabajársela. Si lo consigues, y no es tan dificil, vas a ser más feliz, más libre y muy probablemente, estarás economicamente más satisfecho. Y cuando pase el tiempo te darás cuenta de que los resultados de tu inversión en tiempo, dinero y esfuerzo serán para tí y no para otros.

Creo que la situación de mis amigos, la mía hasta hace cuatro años y la de mucha más gente es insostenible. El problema surge cuando miras adelante y ves que te quedan cerca de treinta años de vida profesional. Eso no hay quien lo resista, si es que antes no te han deseado «mucha suerte en tu futuro profesional, recoja sus cosas y no vuelva el lunes».

Por eso creo que es imprescindible empezar a explorar esa tercera vía antes de que la actual se convierta en vía muerta.





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