El precio justo

Como la mayoría de vosotros, en estos días, antes o después, acabas entrando en una juguetería. El caso es que a mi hija le regalaron la versión de viaje de ese viejo (y amortizado) juego en el que, mediante preguntas, hay que descubrir a un personaje.

Le gustó tanto que sus abuelos se empeñaron en regalarle la versión grande. Así que fuimos a buscarlo y cuando por fin lo encontramos y vi el precio se dispararon todas mis alarmas y deformaciones profesionales. ¡¡¡36 euracos/6000 pts.!!! por un jodido trozo de plástico y cartón. Evidentemente la niña seguirá jugando con la versión reducida por una simple cuestión de principios.

Durante años mi trabajo ha consistido en encontrar al mejor proveedor con el mejor precio, en ese orden. Me he dedicado a escandallar y desglosar los costes de multitud de productos. Y de forma inconsciente me he acostumbrado a realizar una estimación mental de costes de casi todo.

Ya se que no se debe confundir valor y precio, pero creo que hay un cierto límite que no se debe superar. Creo que la crisis actual está relacionada con esto.

El juguete del que hablo no creo que tenga un coste superior en materiales, mano de obra, producción, etc. superior a 6 Euros. Esa es una de las razones por las que las empresas de distribución se han empeñado en meter zonas de bazar y textil en donde antes había leche o detergente. Cualquier producto fabricado en oriente tiene márgenes muy superiores al 100%, y al 200%, y…

Supongo que hay situaciones en las que estás dispuesto a pagar casi lo que sea. Por el bien (¿Compras pañales «de marca» o de «marca blanca»?) o la felicidad (momentánea) de tus hijos, por darte un homenaje, por sentirte a gusto o simplemente porque no tienes más remedio. Pero creo que esta debe ser la excepción, no la regla.

Creo que cuando algo supera de forma absurda y obscena un valor razonable es necesario plantarse. Durante estos años ha sido habitual pagar «lo que sea» por una casa, una cena, un juguete, un directivo, un servicio o un conferenciante sin tener en cuenta el Rendimiento (emocional o económico) de la Inversión.

No creo que haga falta ser un profesional de las compras para darse cuenta de que muchas de las cosas que nos han llevado al desastre actual no valían lo que costaban. Desde Madoff a Barceló.

Si te has metido en una hipoteca de 300.000 Euros por un cuchitril que no valía ni 100.000, gran parte de la responsabilidad ha sido tuya.
Si pagas 36 Euros por un juego que no vale ni 6, gran parte de la responsabilidad es tuya.
Si contratas a un directivo por 10, 100, 1.000 veces más de lo que pagas a un mando intermedio, la culpa es tuya (pero la pagan todos).

Cuando buscaba un centro para hacer mi MBA, pregunté al responsable de una de las posibles escuelas la razón por la que el precio era tan obscenamente superior al resto. Su respuesta fue simple y directa: «Porque hay gente que lo paga». Evidentemente esa importante escuela fue eliminada de mi lista, aunque aprendí una lección importante.

Y esa es la clave, si estamos como estamos es porque ha habido mucha gente que ha pagado por nada o por casi nada y encima ha presumido de ello mirándote por encima del hombro.

El caso es que mientras se pagan cifras casi pornográficas a conferenciantes que hablan de ética…
mientras se pagan sueldos absurdos a directivos incompetentes…
mientras se otorgan privilegios medievales a políticos corruptos
mientras se mantienen instituciones obsoletas que hace mucho que dejaron de ser relevantes…
mientras dedicamos horas y horas a personajillos televisivos…

…muchos profesionales siguen siendo valorados muy por debajo del coste de su trabajo. Años de estudios, experiencia, habilidades, etc. apenas tienen un retorno de inversión positivo. Es la hora de darle la vuelta a la tortilla. Es el momento de dar valor a tu trabajo y a tu Marca Personal.

Ya es hora de que pongamos el trabajo de todos a un nivel más adecuado, que establecezcamos un precio justo para a los vendedores de humo y también para los profesionales válidos. Ha llegado la hora de mirar con lupa los costes y los rendimientos y dar a cada uno lo que merece, una patada en el culo o una recompensa adecuada.

Si crees que algo no vale lo que cuesta, no pierdas tiempo con ello. Aún diría más, dalo a conocer, grítalo a todo el mundo.

Si por el contrario eres capaz de crear una Marca Personal valiosa porque ofrece resultados y puedes demostrarlo, no vendas tu trabajo por menos. Es duro, pero merece la pena, te lo aseguro.





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