Química Recreativa IV: Blogosfera y Teoría de la Relatividad

En los últimos tiempos me está ocurriendo como al famoso astronauta que aparece en todos los libros de divulgación sobre la Teoría de la Relatividad.
Se me acumulan los proyectos, afortunadamente, pero tengo que priorizar y me doy cuenta de que el tiempo no es una constante sino que depende de la posición del observador.

Me siento como ese dichoso astronauta que viaja en una nave que se acerca a la velocidad de la luz y que cuando por fin llega a su destino se da cuenta de que mientras por sus contemporaneos han pasado muchas décadas, por él solo han pasado algunos minutos.
Cada día veo como la blogosfera se va convirtiendo en el escaparate y la vía de escape del enorme talento de los profesionales de este país y yo me lo estoy perdiendo.

Sigo con envidia sana los geniales artículos de Antonio y del Sr. Martinez pero apenas tengo tiempo de saborearlos.

La maldición de Sísifo y La Gacela de Wirayut, Un adiós a la empresa y Oscar siguen sorprendiéndome cada día.

El punto de vista de David y Goliat-RRHH está consiguiendo que cambie mi forma de pensar sobre ese sector.

Octavio sigue como una hormiguita, produciendo como loco, organizando saraos, haciendo patria (la suya, claro) y dándonos alegrías.

Algunos pasan sus crisis, que espero que sean momentaneas.

Y Consultor Anónimo ha puesto en marcha una fiesta que casi me pierdo por no revisar mi correo con la frecuencia necesaria y por chequear el bloglines como si hojeara una revista en la consulta del médico.

No terminaría si tuviese que hablar de todos los que sigo, además cada día descubro nuevas joyas, pero mi nave sigue acelerándose. Si no supiese que es imposible según el genial físico alemán de pelo blanco, pensaría que estoy a punto de superar la velocidad de la luz mientras en La Tierra siguen sucediendo cosas interesantes que me estoy perdiendo. Y si apenas escribo comentarios a los post de los blogcolegas es porque cuando la transmisión llegue a su destino, será como esa escena de Contact en la que al descifrar el mensaje que llega a la Tierra tras recorrer unos cuantos años-luz de distancia, descubren que es una emisión de Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlin, una pieza arqueológica.

Esta distorsión espacio-tiempo es tan irregular que hasta estoy publicando este artículo un sábado.





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