Ser un esclavo empleado es solo un medio

Hace algo más de una semana, mientras volvía de viaje, recibí una llamada de un amigo.

Le acababan de despedir fulminantemente.

¿Es un buen profesional? Por supuesto, he trabajado con él y conozco la calidad de su trabajo.
¿Ha actuado de forma improcedente? No, jamás.
¿No sabe relacionarse? De ninguna manera, es una de las personas más sociables y divertidas con todos los que le rodean que conozco.

¿Entonces?

Simplemente, los nuevos propietarios (los hijos de uno de los creadores de una de las mayores empresas de alimentación en nuestro país) han decidido gastarse parte del dinero que obtuvo su «papá» tras la venta de su empresa y jugar al monopoly comprando pequeñas empresas.
Ya se han cargado a gran parte de la plantilla, la empresa no va mejor que antes, pero eso si, cada día llegan a la empresa con un cochazo nuevo y solo se dirigen a los «empleados» para darles órdenes.
Este es un caso más de lo que ocurre diariamente en las empresas. En este caso, los responsables tienen cara y ojos, pero en otras muchas situaciones ni siquiera sabes quién toma la decisión.

Las empresas saben que no les va a faltar gente más barata que sustituya a los que van cayendo. Otra cosa es el coste que eso provoque. Pero bueno, cuando se revisen los números y los efectos de esas decisiones, posiblemente el que la tomó ya no esté. Y ande yo caliente y riase la gente.

Mientras tanto, ¿que hacemos los profesionales?
Pues quedarnos himnotizados esperando la nómina mínima y cruzar los dedos para que no seamos «retirados», como los replicantes de Blade Runner o no «pasemos a otro estado» como en La Fuga de Logan.

Pues ya está bien. Como dice perfectamente Consultor Anónimo, ya es hora de empezar a equilibrar la balanza y si las empresas nos tratan como un medio para conseguir un fin, nosotros debemos comportarnos de una forma equivalente.

Las empresas no son más que agrupaciones de personas, capital y recursos para conseguir un resultado, un beneficio. Las personas formamos parte de las empresas y además de luchar por ese objetivo común, también tenemos nuestras propias metas. Porque debemos pensar como empresas unipersonales. Por lo tanto, las empresas son un medio para lograr nuestros sueños, son solo un paso intermedio para conseguir hacer lo que queremos y vivir como nos gusta.

Trabajar en una empresa no es un fin. No podemos seguir con la mentalidad de nuestros padres. El mundo ya no funciona así. Atrás quedaron los tiempos de «Que bien, mi hijo tiene un contrato indefinido en…», «Mira el hijo de la Paqui, está de conserje en ……., ya se puede casar».

Mucha gente en la blogosfera tiene inquietudes e intereses muy alejados a los de jubilarse en una empresa tras 40 años de servicio. Tiene sueños de independencia. Pues bien, trabajar en una empresa no está mal, siempre y cuando sea una vía para lograr un sueño, para realizar la misión que todos tenemos en la vida.
Esto no significa que mientras dure el contrato no se deba trabajar lo mejor posible o dar lo mejor de uno, al contrario. Un profesional debe hacer las cosas como mejor sabe. Pero eso no significa que venda su alma ni que tenga que tatuarse el logo de su empresa en la frente o ser fiel a su empresa hasta la muerte.

Al final, voy a tener que pensar algo aparentemente contradictorio, que los más independientes son los funcionarios, porque saben que «trabajando» de 8 a 15, consiguen los recursos que los demás no tenemos, tiempo, seguridad y dinero. Ellos si que han entendido bien que el trabajo es un medio.





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