NO escuchemos la voz de los supertacañones

Aquellos de vosotros que, como yo, rondais los cuarenta, recordareis a Don Cicuta y los supertacañones. A los más jóvenes, os diré que era un personaje «encantadoramente malvado» que aparecía en el concurso, 123 responda otra vez.

Como tantas otras ideas geniales de Chicho Ibañez Serrador, introducir un elemento negativo y contrario a los concursantes era algo absolutamente innovador.

Y creo que parte de su éxito se basaba en la complicidad con una audiencia (años 70) que había pasado muchas penurias y que en esos momentos empezaba a ver la luz. Aunque a veces pienso que todavía vivimos las consecuencias de esa mentalidad. Me explico.

Uno de los comentarios bienintencionados más habituales de algunos amigos que ven mi página web es que doy demasiada información.

Creo que viven aún con esa mentalidad de escasez en la que cada uno debería acaparar latas, aceite y azucar (información), por si viene otra guerra. Pero estoy convencido de lo contrario.

Por 25 pesetas cada una, digannos porqué deberíamos compartir la información, 123 responda otra vez.

  1. Una idea no es nada si no la conoce nadie. Ocultarla la mata, la ahoga.
  2. Si no la expusiera, no podría enriquecerse con la retroalimentación y las críticas constructivas que recibe.
  3. No me conocería nadie, porque a nadie le interesa mi biografía y unas cuantas frases de venta.
  4. Sin tener que comerme el coco todos los días para aportar algo nuevo, no habría evolucionado.
  5. Todo está en la red y en amazon y es imposible poner puertas al campo.
  6. No me sentiría a gusto si no hiciese algo útil para otros.
  7. Si fuese mi única idea, si que sería más preocupante.
  8. Cualquier competidor podría vender un nombre que empieza a sonar si nadie sabe lo que hay detrás. Al ser una idea conocida, es más dificil que otros te vendan gato por liebre.

Finalmente, creo que el valor no está en los datos, en la información a lo bruto, sino en la forma de procesarla y enriquecerla. Además, creo que es imprescindible que un negocio o un modelo como el mío estén cargados de emoción, de ganas de cambiar el mundo. Y eso no es algo que se aprenda haciendo una búsqueda en Google.

Posiblemente esto explica que en otros países que no hayan pasado por las circunstancias del nuestro o que no hayan tenido 123 estén más dispuestos a compartir ideas.

Asi que, NO escuchemos la voz de los Supertacañones.

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