De contratadores a compradores. ¿El trabajo es sagrado?

Mi relación con RRHH es un tanto esquizofrénica. Supongo que ya lo habréis notado.
Aunque soy muy crítico con los comportamientos de algunos profesionales, unos cuantos son mis clientes. Además, hace poco han publicado un artículo mío en un medio digital de Recursos Humanos y el 1 de febrero voy a presentar el concepto de Personal Branding en el Foro de RRHH de ESADE junto a mi colega Tomás Marcos.

Por un lado considero que los «expertos en personas» son los que deben responsabilizarse de la gestión del Personal Branding en la empresa.

Pero por otra parte creo que en muchas ocasiones algunos profesionales que dirigen ese departamento han demostrado incapacidad o falta de voluntad para gestionar el verdadero de valor de las personas.

Creo que muchos responsables han estado más preocupados de que no les moviesen el asiento de cuero que de lo que realmente deberían hacer. Aunque para ser justo he de decir que en bastantes ocasiones me he encontrado con profesionales muy innovadores y valientes.

Esta situación, un comentario de Cesar y mis reflexiones recientes sobre los valores me sugieren algunas ideas.

  • Parece que en nuestra sociedad vas a ir al infierno si no das tu vida por una empresa.
  • Parece que eres un idiota o un desagradecido si prefieres un trabajo en el que disfrutes a otro «de los de verdad».
  • Parece que eres un «hippy fumao» si crees que entre los 20 y los 65 hay que intentar hacer otras cosas en la vida (única por cierto) que pasártela con una pantalla de ordenador, una traspaleta o un ladrillo.

Como vengo diciendo desde hace tiempo, todos tenemos una marca y nuestro trabajo es nuestro producto. Por lo tanto, tal y como están las cosas:

¿Porqué hay que considerar un «empleo» de forma diferente a cualquier otro tipo de intercambio comercial?

¿Porqué hay que considerar un «empleo» como algo cuasisagrado?

Vamos a ver,

  • Un profesional en activo tiene algo que ofrecer. (Producto)
  • Ese profesional invierte más o menos tiempo, sacrificio y dinero en prepararse. (Costes de producción)
  • Esa persona tiene unas necesidades que satisfacer. (Mantenimiento)
  • También quiere tener tiempo y dinero para si misma y para los que le rodean. (Beneficios)

Dicho esto, podemos pensar que cualquiera de nosotros es un proveedor de servicios en un mercado competitivo.
Por lo tanto, quien te contrata, es un cliente potencial. Alguien que necesita de tus servicios y está dispuesto a pagar por ellos. No es una Hermanita de la Caridad ni un filántropo.

Mi experiencia en compras me dice que si lo que tienes que ofrecer al proveedor (precio) no cubre sus costes o no le compensa, es dificil que llegues a un acuerdo con él. Y no pasa nada.

Sin embargo, no se si por nuestra tradición judeocristiana, «ganarás el pan con el sudor de tu frente» o porqué razón, cuando el producto es el resultado del trabajo de una persona entran otras consideraciones.

Francamente, yo no recuerdo que en el catecismo hubiese un mandamiento que dijese, «Honrarás a tu padre, a tu madre y a tu empresa.» o «Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu empresa como a ti mismo.»

Aunque por lo que nos cuentan podría ser así, la verdad es que no he visto a muchos responsables de selección con un ojo dentro de un triángulo brillante o a un señor con barba blanca y una espada flamígera en la mano.

Hemos llegado a dar por supuesto que cuando firmas un contrato de trabajo, realmente TE contratan, estás vendiendo tu alma. Parece que te compra a tí (persona), no solo a tu trabajo. Es como si te adoptase. Como si fueses algo más que una herramienta que le ayuda a ganar dinero.
Quizá fue así en su día, pero hace mucho que se terminó. Y no fuimos nosotros los que rompimos la baraja. Esa es la premisa que lo corrompe todo.

A partir de ahí surgen todas las trampas.

  1. «Es que la gente ya no tiene valores. No quiere trabajar». ERROR. Lo que ocurre es que los costes de operación (de todo tipo) son superiores al valor que se ofrece por el trabajo. El «dumping» en los productos es ilegal, ¿porqué debería ser aceptable con las personas?
    ¿Alguien diría a un fabricante que no tiene valores porque no quiere vender un producto a un mal pagador? ¿Hay que acusar de inmoral a un proveedor que cumple con lo estipulado y se niega a ir más allá cuando el cliente le pide constantemente algo no acordado?
  2. «Es que a los jóvenes de ahora a las XX:XX se les cae el lápiz. Y no les pidas que vengan los fines de semana. No se donde vamos a ir a parar.» ERROR. Pero vamos a ver ¿Se exigen regalos o productos gratis a un proveedor una vez negociados? ¿Que pasa en un proyecto cuando hay un cambio sobre lo presupuestado? ¿A quién hay que acusar de falta de ética o de valores?
  3. «No importa que se vayan y que haya rotación. Hay un montón de gente esperando con CVs excelentes.». ERROR. El CV no es más que una hoja de especificaciones de producto. No un material de venta. No dice nada del candidato. Es solo una forma cutre de reducir la incertidumbre al elegir un candidato. Es cierto que ahí fuera hay gente con «una lista de ingredientes» estupenda, pero la mezcla puede ser muy indigesta.

Pues eso pecadores, que creo que ya es hora de ir replanteándose algunas cosas y empezar a romper algunas costumbres y creencias.





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