Emprendedores de cuarto de estar y zapatillas

Una de las primeras cuestiones que pensé al poner en marcha este proyecto hace casi cinco años fue hasta que punto me tomarían en serio siendo un desconocido y con muy pocos recursos.

En esos primeros momentos te das cuenta de que si quieres asesorar a otros, el primero que debe aprender a posicionarse y a construir una Marca Personal eres tú mismo. El primero que debe probar su propia medicina es el que la está desarrollando.

En esos momentos te planteas cosas tan ridículas como «adornar» la web con fotos de edificios de oficinas de cristal o ejecutivos agresivos obtenidas en una búsqueda de imágenes en google.

En esos momentos piensas que sería conveniente utilizar el plural, el «nosotros» en lugar del YO, para dar la sensación de que tienes una gran empresa y un equipo enorme.

En esos momentos piensas que si ven a una sola persona (o a dos o tres) lanzando un proyecto no te tomarán en serio.

En esos momentos crees que sería una buena idea utilizar un lenguaje estirado, estandarizado, artificial y gris como el de las grandes empresas para no descubrir que estás solo y que solo cuentas con tus ideas e ilusión.

Con el tiempo me di cuenta de que la gente que realmente te interesa y a la que tu interesas, no se preocupa de las formas sino del fondo. A los clientes que merecen la pena no les importan los edificios (sepulcros blanqueados) impresionantes en centros de negocios.

Poco a poco te vas dando cuenta de que la confianza reside en los seres humanos no en las organizaciones, en las personas físicas no en las personas jurídicas, como estamos comprobando dramáticamente en los últimos meses. Son las personas las que se juegan su reputación, su palabra. Cuando tu proyecto es unipersonal no puedes equivocarte. Solo tienes una oportunidad y por eso pones todo el alma en ello.

Los que quieren realmente hacer cosas no compran un nombre, un manual voluminoso o una consultora de renombre para salvar su culo si algo falla, sino que quieren a aquellos que pueden ayudarles de verdad.

Lo que quieren son soluciones y si llegan a tí es porque saben que tu puedes ayudarles y porque son suficientemente inteligentes para llegar a alguien desconocido (todavía) o pequeño (y flexible) como tú. Los Apple, Microsoft o Zara de este mundo empezaron en un garaje o en una mercería de barrio.

Lo que buscan es alguien que no les cobre un pastón por algo que ellos no necesitan.

Poco a poco he ido entendiendo que trabajar en tu casa y tener a tu hija y a tu mujer a pocos metros de tu mesa de trabajo no es una deshonra, es un lujo.
He descubierto que es más facil establecer relaciones sinceras, sanas y enriquecedoras con otras personas siendo modesto y trabajando en red que cuando te pasas tu vida en un cubículo de 9 a 5 (o 6, o 10,…) de una gran organización compitiendo por un puto bonus/migaja.
He comprendido que un viaje en metro o tren de cercanías es más productivo y relajado que preocuparse por que te den un coche de empresa o unos centímetros más de despacho.
He comprendido que tener pocos medios y conseguir buenos resultados es para sentirse orgulloso y presumir de ello.

En definitiva, creo que empieza a haber muchos profesionales capaces de aportar más valor en zapatillas y desde su cuarto de estar que en una mole de cristal y acero bajo el paraguas corporativo de una gran multinacional. Y no es algo que ocultar o de lo que avergonzarse sino de lo que presumir por haber sido capaces de conseguirlo (o al menos, de intentarlo).

Suelo decir con frecuencia que la Marca Personal no basa su fuerza en el envase ni en la imagen sino en lo que realmente puedes aportar.

Dice Tom Peters que tú eres tus clientes. Son los clientes que trabajan contigo los que definen tu marca. Así que recuerda que quienes compran apariencias o te desprecian por ser una persona y no un organigrama en inglés no merecen ser tus clientes. Que les den.

Si tienes la suerte de conectar con gente que lo aprecia y valora, enhorabuena, el mundo es tuyo. No es facil, pero merece la pena.









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