Maldito Parné 2010

Hace un par de días, un individuo mató a cuatro personas en Olot. Según la prensa, dos de los asesinados eran sus patrones y llevaban varios meses sin pagarle. Los otros dos eran empleados de la caja de ahorros que le había cortado el crédito a su tarjeta. No voy a defender a esta persona ni voy a justificar un crimen tan terrible como ese. Sin embargo, creo que cada día hay más gente para quien no es dificil empatizar (no simpatizar) con el homicida.

En esta dospuntocerolandia «buerrollista» parece que existe una ley no escrita en la que hablar de dinero es algo sucio. Parece que todo lo que no sea compartir, colaborar y conversar está fuera de lugar. Da la sensación de que, al menos de cara a la galería, todo el tiempo y el esfuerzo invertido en estos mundos de Yupi deba tener un caracter desinteresado y filantrópico.

Cada día estoy más convencido de que, a pesar de su aparente igualitarismo, dospuntocerolandia es un entorno elitista, solo al alcance de una minoría que tiene tiempo y recursos. En cuanto sales de los dos o tres centenares de personas que constantemente están viviendo en La Red, te encuentras con el mundo real.

Ahí fuera hay una inmensa mayoría de gente que ni tiene tiempo ni puede tener un «smartphone» y mucho menos pagar una tarifa plana. De iPad, iPhone e iPollas ni hablamos. La preocupación de la gran parte de las personas de este país no es la versión de Android que van a instalar, la última serie narcotizante que van a estrenar en un canal de pago, los cotilleos del kikileaks o el número de seguidores en su Red Social (lo de seguidores me suena a secta).

Hace más de tres años hablaba de la importancia del dinero. Todavía no nos había tocado de lleno la crisis y muchos me saltaron a la yugular. Me da la impresión de que quienes desprecian el dinero es porque no se han visto realmente en una situación límite. Pero cada día hay más gente, incluso entre aquellos que me acusaban de materialista, que están descubriendo que sin ingresos, toda esa vida artificial a lo Matrix se desmorona.

Muchos emprendedores y cada vez más profesionales por cuenta ajena, están sufriendo en sus carnes lo que significa ver como sus cuentas se quedan secas. Cualquiera que, como yo, haya vivido experiencias de ese tipo, puede comprobar en primera persona como una persona encantadora se convierte en el Gollum. No es que, de pronto, toda tu vida se centre en el dinero (¡Mi tesoro!) sino que tus prioridades cambian radicalmente (o más bien, salen las prioridades reales). Tu objetivo principal es tapar esos agujeros que se multiplican. Por pura supervivencia propia y de los tuyos.

Y ahí es donde tu Marca Personal se pone a prueba. Es una de esas encrucijadas de las que hablaba el otro día. El profesional simpaticote y dispuesto a todo, cambia radicalmente su actitud cuando un cliente lleva más de seis meses sin pagarle esa pequeña factura que le permitiría seguir adelante un par de semanas. A un empresario se le pasa fugazmente por la cabeza prender fuego a su Delegación de Hacienda que no le devuelve el dinero que le debe y que necesita para pagar a su gente.

Pero también aquí es importante entender que el Branding Personal no es una moda, no es algo estético, sino una herramienta para aumentar tu valor y para alcanzar una reputación que te permita pasar mejor estas épocas terribles. Es una especie de escudo protector que te ayuda a aumentar tus opciones en tiempos turbulentos.

Vivimos tiempos complicados, muy difíciles para la mayoría y creo que es en estas situaciones en las que la Marca Personal de muchas personas se refuerza o se desmorona. En el caso del asesino de Olot, la gente que le conoce le etiqueta como un individuo solitario, obsesionado por la caza, por las armas y siempre vestía ropa militar. Aquí ya me estoy metiendo en terreno de mi amiga Mertxe, pero creo que los tiempos que vivimos no le han transformado, solo han desbordado algo que tenía dentro.





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