Pero, ¿Quién te has creido que eres?

Ayer estuve hablando a un grupo de estudiantes de Telecomunicaciones en la Universidad de Alcalá de Henares. Y una vez más salí con el convencimiento de que el problema para asimilar el concepto de Branding Personal en particular y para salir de la crisis en general es un problema de creencias.

En este momento creo que está claro que si alguien quiere aprender algo, cualquier cosa, por minoritario o extraño que sea, puede encontrar información en La Red y establecer contacto con otras personas interesadas.

Si hoy alguien quiere divulgar esas cosas que ha aprendido, puede llegar a otras personas por minoritarias y extrañas que sean.

Si hoy alguien quiere poner en marcha un proyecto, no tiene que pertenecer a una clase social privilegiada para llegar a los contactos que le abran puertas.

Por lo tanto, el problema ya no está en el “hardware” o el “software” sino en el Sistema Operativo Personal. La gran barrera que existe para los estudiantes a los que me dirigía ayer o cualquier otro grupo a los que explico mis “locuras” reside en que nos han instalado unas creencias que han quedado obsoletas y nos cuesta mucho formatear el disco duro mental.

Por eso, me hace mucha gracia cuando veo a tanta gente “convertida” al Branding Personal que va predicando que una Marca Personal se reduce a un puñado de decálogos que explican como crear un perfil en LinkedIn o cambiar el diseño de Facebook. No me cansaré nunca de repetir que eso no sólo es inutil sino también contraproducente si antes no has hecho una revisión profunda de lo que circula dentro de esa masa gris que tienes encima de tus hombros.

En situaciones como las de ayer, constato que lo más grave no es que haya personas que no crean en esto del Branding Personal o incluso que lo consideren como algo negativo sino que, por contradictorio que parezca, asuman gustosos la etiqueta que otros les imponen.

Supongo que nos han educado para asumir determinados papeles y tendemos a interpretarlos como alumnos aplicados del Actor´s Studio y no nos saltamos ni una coma. Estudiante, directivo, parado, mujer, dospuntocerolense, bloguero, empleado,… Se supone que una vez que te han colgado una etiqueta ya estás más encasillado que Hugh Grant y acabas creyendo que tu obligación es hacer lo que se supone que implica ese rol.

Mi lucha desde hace mucho tiempo es intentar cambiar esa mentalidad pero sigo viendo que muchos no solo no aceptan que las personas tenemos muchas facetas sino que se ofenden cuando se lo explico.

Cuando le digo a un grupo de empleados, de profesionales por cuenta ajena, que deben pensar como emprendedores (aunque trabajen para otros) parece que se cortocircuitan. Son incapaces de entender que sólo podrán sobrevivir si piensan por sí mismos aunque tengan una nómina a fin de mes.

Cuando les explico a estudiantes como los de ayer que, aunque estén en la facultad y no tengan mucha experiencia, son profesionales valiosos y ya traen “de serie” unas cuantas cualidades que pueden utilizar hoy mismo, veo que prefieren seguir pensando que hasta dentro de X (no es una incógnita, es un 10) años no se sentirán capacitados como profesionales (y seguramente entonces, tampoco).

Cuando le digo a alguien con muchos años de experiencia, varios títulos y un puñado de éxitos en su carrera a quien acaban de despedir que no es un parado sino un profesional sin clientes me mira con una sonrisa cínica y descreida. Parece que hay mucha gente que prefiere asumir el papel de “parado” en lugar del de “profesional valioso en transición entre proyectos”.

Y así podría seguir con muchos ejemplos de personas que se meten en su papel y se acaban creyendo lo que dice su tarjeta de visita o su documento del INEM. Y eso es gravísimo porque al asociar tu identidad a un cargo, una situación temporal o un título acabas interpretándolo y convirtiendo tu vida en una obra escrita por otros (o por tí mismo pero en una época muy distinta de tu vida).

El Branding Personal pretende que seas tu el que elijas tu papel y no el que otros te impongan. No se trata de engañar porque en la vida todos interpretamos muchos papeles, madre, padre, amigo, emprendedor, viajera, tuitero,… Se trata de que escojas aquel que te sea más útil. Pero puedes imaginar que si escoges el papel equivocado puedes tener problemas. Hay quien, por ejemplo, va de amigo cuando debería de ir de jefe (o viceversa) o quien no sale nunca del papel de hijo o estudiante.

Así que, piensa que papel estás interpretando y decide si es el momento de cambiar de registro o, de lo contrario, acabarás peor que Nicolas Cage.









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