Silencio electrónico

Estos días de desconexión he estado leyendo dos de las últimas novelas de Tom Clancy (Vivo o muerto, En la mira), uno de mis autores favoritos y recientemente fallecido. En algunas de sus narraciones, y también en muchas películas de guerra submarina, hay alguna escena en la que el capitán ordena silencio y evita cualquier tipo de transmisión que pueda delatar su posición. Nunca suele faltar algún técnico de radio con un oido excelente que es capaz de detectar lo que ocurre sin confundirlo con el canto de las ballenas.

Pues bien, durante dos semanas he tenido mi propio silencio electrónico. He dejado de transmitir mensajes en dospuntocerolandia excepto un par de retuiteos. Pero me he mantenido a la escucha. He comprobado varias cosas.

El tiempo es relativo

Es curioso lo largas que pueden hacerse dos semanas cuando dejas de hacer algo que forma parte de tu rutina. Quince días pasan sin darte cuenta cuando no lo piensas, pero pueden parecer eternos si te obsesionas con ello. Hace poco que escribí mi post de felicitación navideña y hoy estoy aquí de vuelta. Sin embargo, parece que hayan pasado meses. Supongo que es lo que llaman «tiempo Internet». Pero lo que me preocupa es esa sensación de «síndrome de abstinencia» que te hace sentir incómodo si no echas un vistazo a Twitter cada diez minutos.

El efecto pandilla adolescente

En relación a lo anterior, creo que hay un fenómeno que, al menos a mí, me sucede y me devuelve a los años del colegio. Me refiero a esa sensación que te hace pensar que si dejabas de estar con tus amigos o tu «pandi» durante unos días, dejarías de ser «uno de ellos» o te perderías algo. Con las Redes Sociales creo que ocurre algo parecido. Da la sensación que si no estás echando leña al fuego constantemente, simplemente te olvidarán. Y quizás sea cierto o posiblemente es que todo este tinglado te hace pensar que la gente está más pendiente de tí de lo que crees. Quizás deberíamos preocuparnos menos por formar parte de algo, por hacer lo que pensamos que otros esperan de nosotros y empezar a ser nosotros mismos y al que no le guste, ahí tiene la puerta.

El síndrome del tío Phil

Una de las cosas que más te llama la atención cuando impones el «silencio de radio» es la cantidad de ruidos, cantos de ballena y sonidos producidos por las burbujas (de Internet) que se producen. Siempre he criticado la enorme confusión y cacofonía que existe en dospuntocerolandia y creo que la cosa va a peor. Pero además es que aunque cada día hay más mensajes, eso no significa que haya más información, creo que hay muy poca pero muy repetida y casi siempre irrelevante.

Hace unos días murió James Avery el actor que hacía de tío Phil en El Principe de Bel Air. Yo he disfrutado con la serie y este personaje era simpático pero al ver las reacciones en los Social Media parecía que hubiese muerto de nuevo Nelson Mandela o Chanquete. Es muy difícil hacer que tu voz se escuche cuando los mensajes que envías no son espectaculares, llamativos o provocadores.

Creo que ha llegado la hora, desde el punto de vista del Branding Personal de replantearse la estrategia de visibilidad en Redes Sociales. No me refiero a desaparecer sino a racionalizar. Con lo dospuntocero ocurre lo mismo que con los críos el día de Reyes. Hay «juguetes» que te parecen alucinantes al principio pero luego te cansas, se rompen o tienes que dedicar tu tiempo a estudiar o a otras cosas. Quizás hay juguetes que no necesitan pilas con los que puedes disfrutar mucho o dicho de otro modo, quizás sea el momento de aceptar que los canales de comunicación tradicionales y las relaciones offline son mucho más eficaces para un profesional, autónomo o en transición, que horas y horas delante de pantalla.

El silencio cunde

Precisamente estos días he aprovechado para adelantar y poner orden en temas de trabajo que tenía aparcados. Y no veas lo que cunde cuando no estás pendiente de Twitter o de los comentarios en el blog. En realidad lo que te quita el tiempo no son los segundos que tardas en escribir un tuit o los minutos que necesitas para escribir este post sino los efectos colaterales. Si escribes algo que tenga una mínima repercusión, vas a estar desconcentrado mucho tiempo.

Quizás sea bueno centrarse sólo unos minutos al día en el mundo dospuntocero y luego desconectar, como suelen decir los expertos en productividad personal. Pero entiendo que eso es difícil para muchos (yo incluido). Y además está la esclavitud de la «conversación» dospuntocero en la que debes mantenerte todo el día pendiente de contestar o te acusarán de insociable o algo peor, de gurúnosequiensehacreidoeste.

Unos que vienen otros que se van

Termino estas reflexiones con una percepción basada en lo anterior. Quizás el argumento de los más enganchados a todo esto es que cada día hay más gente que está en Redes Sociales. Y ese es uno de los problemas, «estar» no significa nada. Es como algunos de esos regalos inútiles que te hacen en Reyes, están, si, pero ocupando un espacio que necesitas para otras cosas.

Pero por otra parte, suelo repetir una frase que decía uno de mis profesores del MBA. «Cuando veas que todo el mundo se sube a un tranvía excepto uno, pregúntate porqué esa persona se queda en tierra». No sé si será un efecto de los propósitos de año nuevo, el desencanto, la necesidad, el mosqueo o puro sentido común, pero veo que muchos amigos y profesionales que llevan mucho tiempo en Internet han anunciado que van a reducir o abandonar su actividad.

Es como una película de zombies, aunque algunos caigan, cada día surgen más que los sustituyen y parece que no pasa nada. Pero es el momento de pensar si el hecho de que haya millones de personas en una Red Social es un buen argumento para estar en ella o más bien para abandonarla.

Creo que ya hemos jugado mucho pero las vacaciones se han terminado y hay que volver al trabajo. Y no me refiero sólo a estas fiestas sino a la gran fiesta dospuntocero.

Y aquí lo dejo por hoy.





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