No naces diferente, te haces

MarcaUno de los conceptos con los que se suele asociar con más frecuencia el Branding Personal es con la de la diferenciación. Parece que hay que ser diferente, distinto, incluso algunos hablan de ser único. Lo cierto es que, aunque es verdad que cada uno de nosotros tiene un código genético singular e irrepetible, cuando hablamos en términos profesionales eso de ser único es mucho más complicado. Hay demasiada gente ofreciendo cosas similares y hay que encontrar el modo de aportar algo nuevo.

En realidad, eso de ser el único de tu categoría suele ser más un problema que una ventaja porque seguramente será mucho más difícil encontrar un hueco en el que encajes. Normalmente estamos acostumbrados a elegir a profesionales, productos o servicios que sean parecidos a algo existente pero que ofrezcan algo distinto.

Cuando eres el único en tu categoría y lo que haces no puede compararse con algo conocido, se hace mucho más complicado «vender» lo que ofreces. Ese es uno de los problemas de los pioneros. Deben dedicar mucho tiempo y esfuerzo a abrir caminos que luego aprovecharán otros.

Así que, no te obsesiones por encontrar una idea genial o inventar la rueda cada mañana. Si quieres posicionarte como un profesional distinto y conseguir que tu Marca Personal destaque y sobresalga, mejor encuentra el modo de convertir lo conocido en diferente. Eso es bastante más sencillo de conseguir que encontrar algo que no haya ofrecido nadie. Y aquí entran en juego varios elementos que combinados con algunas reglas básicas de creatividad pueden servirte para destacar sobre la multitud.

Básicamente tienes que hacerte la siguiente pregunta ¿Qué puedo añadir, eliminar, ampliar o reducir a lo que ofrezco? Si eres capaz de contestar esa cuestión te va a ser mucho más fácil que te perciban como alguien a tener en cuenta.

Cuando hablo de añadir, por ejemplo, lo que trato de decirte es que pienses de qué modo puedes sumar nuevos «ingredientes» a tu trabajo. Y lo más interesante es cuando consigues mezclar elementos heterogéneos y aparentemente difíciles de combinar. Por ejemplo, el Branding Personal es una combinación de psicología, gestión de proyectos, marketing o estrategia.

Imagina que eres responsable de producción de una empresa de alimentación y además te gusta escribir y te apasiona la fotografía. Quizás podrías utilizar esas dos piezas de LEGO profesional para crear materiales de formación para tu sector.

Piensa en lo que pasaría si te gustan las finanzas, tuviste un/a novio/a sueco/a que te animó a aprender su idioma y que además te encantan los coches. Y ahora trata de combinar esos elementos.

Lo divertido de hacer ejercicios de este tipo es que todos tenemos mucha “materia prima” con la que construir nuestra oferta profesional. Todos tenemos habilidades, conocimientos, experiencias o intereses sobre los que crear algo distinto. Y lo mejor es que ahora, si eres capaz de construir algo valioso y consigues que te conozcan por eso gracias a las herramientas dospuntocero combinadas con el Networking y aprovechar cualquier oportunidad que te ofrezcan para contarlo ante una audiencia de entre uno e infinitos asistentes, conseguirás sobresalir por encima de otros muchos profesionales “clónicos”.

Otra forma de diferenciarte es reduciendo en lugar de aumentando. Eso significa especializarse. En este caso no se trata de añadir nuevos elementos sino de escoger un terreno de juego más reducido pero más específico.

Siempre suelo decir en mis cursos que una pizza de ahumados vale cuatro o cinco euros más simplemente porque le han puesto un par de trocitos de salmón o anchoa. En realidad, la base sigue siendo la misma de una pizza normal, pero esos ingredientes la convierten en algo mucho más valioso.

Pues bien, tu puedes hacer lo mismo. Ingenieros, electricistas, peluqueros o cocineros hay a montones, pero si le pones un “apellido” a tu profesión te percibirán como alguien distinto en el sentido de más valioso porque estás centrado en un nicho algo especial.

Otra forma de sobresalir y destacar tiene que ver con tu estilo a la hora de hacer las cosas. Aunque lo que hagas no sea muy distinto de lo que hacen muchos otros, tu forma de comunicar, tu capacidad de sintonizar, tu actitud, tu comportamiento en una situación complicada o simplemente ir siempre con una sonrisa en la cara cuando te relacionas con otras personas puede posicionarte como alguien distinto.

Como ves, aquí no se trata de ser único profesionalmente porque eso es muy jodido y puede provocar más rechazo que otra cosa. Lo importante es que hagas un inventario de piezas, elementos, ingredientes o cualidades que puedas combinar. Lo mejor de todo es que eso ya lo tienes, así que sólo hace falta que las recopiles y trates de construir algo con ellas. Una vez que lo tengas o al menos hayas creado un “prototipo” de oferta profesional, lo que debes hacer es salir y contarlo para ir haciendo ajustes hasta que aquellos a quienes les expliques lo que haces te digan, “¡Me encanta lo que haces! ¿Cómo no se me había ocurrido a mi antes?”





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