La última palabra es tuya

Estrategia2No soy de los que se asustan por el dominio cuasimonopolístico de Google. Seguro que los de Mountain View saben mucho más de mí que yo mismo. Pero, gracias a eso, mi vida es mucho, pero mucho más fácil.

No tengo nada que ocultar. No me preocupa que «más de mil cámaras velen por mi seguridad». Y si algún día llega algún dictador que quiera controlar mi vida, no va a necesitar a Google para hacerlo.

De hecho, no hay más que ver como algunos quieren imponernos sus ideas a través del lenguaje. Es evidente que hoy hay menos libertad que hace diez, veinte o treinta años. La «policía social» es más agobiante que cualquier ley contra la libertad de expresión. Cada día me encuentro a gente que acusa, juzga y condena a otra gente sin necesidad de Big Data ni leches. Simplemente te etiquetan así, a pelo. Por lo tanto, puestos a ser clasificados, mejor que lo hagan los profesionales.

Llegados a este punto, tengo que decir que Google me da lecciones y me es útil incluso cuando se equivoca. Me explico.

En las últimas semanas he hecho varios viajes de trabajo y también con mi familia y, como siempre, he utilizado el Google Maps para guiarme. En un par de ocasiones, la información que me daba Google era contradictoria con lo que estaba viendo con mis ojos. Nada grave. Una salida de autovía equivocada. Un número de calle distinto. Cosas así. En esos momentos, especialmente si quien conduce tiene que tomar una decisión rápida, debe elegir entre su instinto o la herramienta.

¿Por qué te cuento todo esto? Pues porque cada día con más frecuencia me encuentro gente que en mis cursos y talleres me pide tácticas infalibles, consejos que sirvan para todos, viajes vitales guiados y planificados. Incluso muchos parece que están esperando que les digas lo que tienen que desear o querer.

Y eso no es posible… gracias a Dios. Eso significaría que los seres humanos seríamos programables y estaríamos predeterminados. Sólo tendríamos que elegir el destino (o aceptar el que nos impongan) y ponernos en modo piloto automático.

Ya sé que es más fácil cumplir órdenes. No tener que pensar. Y si encima son otros los que deciden tu destino, entonces seguro que muchos se apuntaban. Ya sabes, Matrix y tal.

Pero Matrix, Google o la gente que nos dice lo que tenemos que conseguir y lo que debemos hacer no son infalibles. Por eso, tarde o temprano debemos tomar nuestras propias decisiones. Si te sales de la autovía por la salida equivocada, podrás echar la culpa al Maps, pero el que tenía la última palabra eras tú. Incluso si has decidido hacer algo porque te lo dicen otros, la responsabilidad final es tuya.

Podría decirse que hay momentos en los que tenemos que decidir qué salida de la autovida es la correcta, pero esa decisión es sólo nuestra. Si dejamos que otros nos digan cuándo debemos girar o nos fiamos de sus indicaciones para escoger la ruta más rápida, serán otros los que gestionen nuestra Marca Personal. Cuando queramos darnos cuenta estaremos en un sitio que ni queríamos ni esperábamos.

Ojo, y eso también se aplica en sentido contrario. No podemos convertirnos en los pilotos de la vida de nadie. Aunque nos lo supliquen. Sólo deberíamos dar opciones y alternativas.

Alguien comentaba en un debate en Facebook que los que nos dedicamos al Branding Personal éramos demasiado estratégicos y que «la gente» lo que quiere son consejos concretos, que les digan lo que hay que hacer. Supongo que quien afirma esto no se da cuenta que Marca Personal y recetas generales son conceptos antagónicos.

Supongo que también es cuestión de caracteres. Algunos detestamos que nos digan por donde tenemos que ir y otros sólo se mueven si tienen la ruta invaribable de las tres Cs (carrera, curro, cementerio).

Yo quiero que la vida me sorprenda pero también quiero sorprender a la vida tomando caminos inesperados e inexplorados. Dejar la autovida y tomar carreteras comarcales. Por eso agradezco que Google Maps se equivoque. Es más, creo que son tan listos que lo hacen a propósito para mantenernos despiertos.

Las reglas fijas y las claves inmutables nos dan una falsa seguridad porque eso que prometen es imposible. Como químico, pronto aprendí que un sistema de más de dos partículas es muy complejo. Así que, una persona o una multitud de personas, ni te cuento. Salvo que las reduzcas a partículas que no piensan. Lo colectivo frente a lo individual. El eslogan frente a las creencias personales.

Mi trabajo no consiste en decidir donde debes llegar y qué camino seguir sino proporcionarte herramientas para que puedas ir donde quieras y ayudarte a encontrar opciones y vías (y vidas) alternativas. Quiero darte un mapa físico en el que puedas ver los «accidentes» de tu proyecto personal y no un plano de metro en el que sólo debes elegir la estación, sentarte a esperar y, como mucho, hacer algún trasbordo obligado.

Quizás, y sólo quizás, por todo esto, el Branding Personal nunca llegará a cuajar en nuestro entorno. La Marca Personal está relacionada con la libertad. La libertad de poder elegir porque te sitúa en una posición de privilegio. La libertad de tomar tus propias decisiones asumiendo la responsabilidad y el coste de sus efectos. Y eso cada día lo veo más lejano.

Buah, menudo post filosófico me ha salido hoy. Aunque supongo que es lo que pasa cuando vas decidiendo tu ruta sobre la marcha y sin seguir una plantilla.





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