Socializar ¿es de perdedores?

No quería empezar el año tan cañero pero quiero poner sobre el papel algunas ideas que me han rondado estos días de desconexión y que quizás no gusten a quienes se sienten más dospuntocero.

Todo surge por una serie de comentarios recurrentes de algunas personas, especialmente en Facebook y LinkedIn, en relación a la falta de respuesta a sus contenidos, preguntas, propuestas y felicitaciones.

Cada vez con más frecuencia veo, por ejemplo en LinkedIn, a personas que se quejan, o más bien exigen respuestas a sus peticiones profesionales y de cualquier tipo que plantean en esa red social. Dan la sensación de que esperan que eso sea algo así como un consultorio en el que los demás, (la culpa siempre es de otros) deben estar preparados para dejar todo lo que estén haciendo y responder cualquiera de sus ocurrencias o solicitudes.

Pero estas Navidades la cosa se ha convertido en algo más personal cuando algunas personas se quejaban, incluso poniendo nombres y apellidos, de contactos a los que han enviado algún tipo de mensaje de felicitación y estos no les han respondido. Es como si esas personas te pusiesen a prueba, como si necesitases pasar un test de «amistad». Y francamente, aunque yo no he sido uno de los «señalados», ya adelanto que a mi edad no tengo intención de pasar por ese tipo de exámenes.

Como yo soy de naturaleza introvertido, incluso poco sociable, nadie se ha quejado de mi aislamiento, pero me ha parecido curioso que alguna de esas personas le echase en cara esa falta de respuesta a personas que se desviven por conversar en los Medios Sociales.

Todo esto me refuerza la idea de que lo dospuntocero está pasando de ser algo amable y útil a una especie de tiranía o dictadura de lo social. Tal y como se comportan algunas personas parece que no han entendido que las normas de cortesía no pueden ser las mismas cuando los contactos de tu vida se limitaban a un par de centenares, que ahora que estás al alcance de miles o decenas de miles de los que, en muchos casos, sólo conoces su avatar y unas cuantas líneas en un mensaje.

Quienes tenemos  experiencia laboral en empresas grandes, odiamos las reuniones, esa obligación de juntarse un grupo de gente a hablar de temas que suelen ser una pérdida de tiempo. Sin embargo, lo «social» en el mundo virtual es algo similar a esas reuniones o a la charla intrascendente de máquina de café pero multiplicado hasta el infinito. Pero en lugar de evitarlas, para muchos son la sal de la vida.

Todo esto que estoy diciendo es un enfoque muy personal. Yo cada día tengo más tendencia a lo 1.0, a crear y exponer en mis escaparates virtuales ideas y herramientas que espero que sean útiles y valiosas pero no tengo ganas de «conversar» en La Red, si es que escribir cosas en las Redes Sociales se puede equiparar a una conversación. Quizás sea por la edad, pero como mucho estoy en este momento en una situación 1.5 más que 2.0. Pero entiendo que hay gente que disfruta haciendo un uso más social de todo esto.

La cuestión es, si esto es así ¿por qué sigo «conversando» en Internet? Pues por la misma razón que hago otras cosas que no me entusiasman. Porque es necesario. Lo cierto es que hay muchas cosas de lo dospuntocero que me entusiasman, la capacidad de aportar algo, de recibir feedback, de encontrar almas gemelas profesionales,… Pero la cháchara intrascendente es algo que detesto. Y espero que lo entiendas.

Y esto me lleva al título del post que he puesto en interrogantes pero que, en realidad, era una afirmación que leí de alguien en un muro de Facebook. No sé si su autor lo decía en serio o en broma, pero afirmaba que «socializar es de perdedores». Y traté de comprender su punto de vista.

Lo que yo entendí por el contexto de la conversación es que quienes realmente tienen algo valioso que aportar no «pierden el tiempo» socializando en dospuntocerolandia. ¿Cuanta gente realmente poderosa o influyente (no me refiero a esa versión «low cost» que llaman «influencers») te has encontrado conversando en Internet?

Por ejemplo, por lo que he leído en las biografías de Steve Jobs, su comportamiento y sus relaciones dejaban bastante que desear, pero lo que creaba, molaba mucho. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que parece que hay una relación inversamente proporcional entre el valor de lo que aportas y la necesidad de «socializar». Es como si necesitases toneladas de interacción «social» para contrarrestar la falta de «producto». Y eso acaba generando demasiados impulsos, como dice David Barreda en su último post.

¿Prefieres que te compren porque eres sociable, enrollado y superconversador dospuntocero o que te compren aunque no seas «social» porque lo que haces es acojonantemente bueno? Esa es la diferencia entre venderTE o vender productos y servicios que has creado pero que no están unidos directamente a tu persona. Parece que es más importante que te quieran a que te crean. El problema es que corres el peligro de convertirte tú en el producto y no puedes desvincularte ni dejar de interactuar. Y cuando eso ocurre, creo que las cosas van mal. Quizás ese es el sentido de que socializar es de perdedores.

Creo que cuando consigues desvincular tu «producto» de la obligación de relacionarte constantemente con tus clientes, usuarios o consumidores es el momento en el que pasas de aficionado a profesional, emprendedor o empresario.

Otro problema colateral de todo esto es que al meternos en esta dictadura de lo «social», de conversar porque tulovales, acabamos diciendo que si a demasiadas cosas y dejamos que esas menudencias nos llenen la vida. Y cuando llega algo que realmente merece la pena no tienes suficiente tiempo para prestarle la atención que merece porque has dicho que si a demasiadas minucias.

Prometo que este primer post del año que me ha salido tan oscuro sea también el último de este tipo. Quiero contar cosas, quiero ofrecer cosas nuevas, pero no me pidas que me pase el día conversando. Voy ser más 1.0 y espero que lo entiendas.









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