Andrés Pérez Ortega/ septiembre 24, 2019/ Provisiones, Sin categoría/ 0 comentarios

“Voy a apuntarme a una Red Social nueva que va a ser la leche”, “Tengo que comprar otro micrófono para empezar a hacer podcasts”, “La semana que viene voy a ir a Decathlon y me voy a comprar un equipo para empezar a correr”,…

No sé si tu has pensado cosas parecidas alguna vez. Yo si. Y todas ellas tienen un elemento común: Añadir, Incrementar, Gastar. Es como si la solución a muchos problemas fuese echar más leña al fuego.

Lo peor es que, una vez que has escrito un par de cosas en esa Red Social (si es que llegas a hacerlo), te has gastado un dinero en comprar ese equipo que “te falta/necesitas” o has visto que las ganas de salir a correr desaparecen en cuanto tienes las zapatillas puestas, te das cuenta de que quizás la respuesta no está en añadir sino en simplificar.

Todo esto también se aplica a las relaciones. Especialmente en estos tiempos en los que parece que para añadir “amigos” sólo tienes que dar a un botón. Por cierto, siempre me ha parecido muy descriptiva esa expresión de “voy a hacer limpieza de contactos en mi Facebook” que suelen soltar muchos hacia final de año. ¡Limpieza! Manda huevos.

Sin embargo, una de las cosas que he aprendido, tarde como siempre, es que, en la mayoría de las situaciones, la respuesta no está en acaparar o en meter más cosas en la mochila sino todo lo contrario, en eliminar.

¿No te ha ocurrido que cuando te has puesto a hacer limpieza de armarios o has empezado a revisar papeles o ropa, te has sorprendido de la cantidad de cosas que has ido acumulando? Pues cuando lanzas un proyecto profesional ocurre lo mismo.

Pero donde hay un problema, hay una oportunidad. Cuando todo se vuelve complejo, lo sencillo aumenta su valor. Me explico.

Durante años me he preocupado de meter más y más cosas en mis proyectos. Es como si, por no meter información a presión, mi trabajo fuese menos valioso. Sin embargo, he acabado dándome cuenta (tarde, insisto) en que esto no va de ver quién da más, sino de quién da lo justo para que las cosas funcionen.

Y es que quitar es mucho más jodido que poner. Conseguir que algo funcione con lo mínimo tiene mucho más mérito y es más elegante que convertirlos en una especie de agujero negro de recursos.

Supongo que existe una buena razón para pensar en modo acaparador en lugar de en modo minimalista. Me refiero a que siempre puedes decir que no te pones en marcha porque siempre te falta algo. Y ahí creo que está parte del mérito de quienes hacen que las cosas funcionen. Consiguen sacar adelante una idea con lo mínimo.

Creo que hoy se pueden hacer muchas cosas con los recursos disponibles. Y si careces de uno de ellos, puedes compensarlo con otro.

Si tienes dinero pero te falta tiempo, puedes pagar a alguien para que haga algo que a ti te es imposible.

Si tienes tiempo pero no tienes dinero, puedes aprender a hacer eso que tendrías que delegar en otros.

Si no tienes tiempo ni dinero pero tienes acceso a Tecnología o a Información (en una Universidad o en una Biblioteca o en la empresa en la que trabajas), puedes aprovecharlo.

Si no tienes tiempo, ni dinero, ni infraestructura pero tienes buenos contactos y relaciones, quizás puedas empezar por ahí.

Lo que te quiero decir es que la respuesta no está siempre en tenerlo todo para empezar sino empezar con lo que tienes. Como decía Zig Ziglar

Una de las cosas que descubres cuando pasas de recibir un sueldo (majo) cada mes (y un par de pagas extraordinarias) y pasas a tener la incertidumbre de no saber si vas a cobrar algo en un largo periodo de tiempo es que, en realidad, necesitas mucho menos de lo que pensabas. Y aprendes a vivir y a salir adelante con lo que tienes.

De repente te das cuenta (porque no te queda otra) de que puedes pasar sin cosas que antes considerabas imprescindibles.

Creo que gran parte del éxito de un proyecto está en utilizar los recursos justos, en meter lo necesario y nada más, en encontrar formas de utilizar lo que tienes en lugar de paralizarte porque crees que (siempre) te falta algo.

Creo que la creatividad surge cuando tienes necesidad. Lo interesante es que seamos nosotros mismos quienes nos pongamos las limitaciones para obligarnos a ir más allá con los recursos disponibles.

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