Andrés Pérez Ortega/ septiembre 20, 2019/ Productividad, Sin categoría/ 1 comentarios

Hablaba en el post anterior, entre otras cosas, de la diferencia entre un profesional libre y otro por cuenta ajena sobre la forma de generar ingresos.

Hay otra distinción importante entre aquellos que trabajan para otros y quienes somos nuestros propios empleados (eso de “ser tu propio jefe” nunca me ha gustado demasiado). Me refiero a la organización del trabajo.

Tengo que empezar diciendo que una de las cosas que más detesto en esta vida es que me digan lo que tengo que hacer. Así que, eso de tener jefes (o jefas) ha sido una de las peores partes de mi pasada etapa profesional como cuentajenado.

Sin embargo, cuando tienes a alguien organizando tus tareas y estableciendo prioridades en tu trabajo, la vida se vuelve muy cómoda en ese sentido. Y no sólo eso, sino que, además, elimina un factor que parece que cada vez se tiene menos en cuenta, la RESPONSABILIDAD, de la que ya hablaré en otro momento.

El problema es que cuando dejas tus decisiones y la responsabilidad de tus acciones en manos de otros, también delegas tu libertad. Lo bueno es que ya no tienes que elegir. Lo malo es que ya no puedes elegir.

Y dirás, ¿qué tiene que ver esto con la Productividad? Pues mucho.

Para ser más eficiente, debes ser capaz de organizar tu trabajo de tal modo que saques todo el partido a tus recursos limitados. Y si eres un profesional libre o trabajas para otros pero intentas gestionar tu trabajo por ti mismo, debes elegir y priorizar tus tareas.

Esto que parece muy filosófico y teórico, pero es algo a lo que te enfrentas en el momento en el que decides que tu proyecto lo gestionas tú y nadie más.

  • ¿Qué tengo que hacer ahora mismo? ¿Y mañana?
  • ¿Cuál es la prioridad entre tantos temas pendientes?
  • ¿A qué o a quién tengo que decir que no?
  • ¿Qué es lo urgente? ¿y lo importante? ¿Qué va antes?
  • ¿Cuál es mi objetivo? ¿Estoy tomando las decisiones que me acercan a él?

Por si te sirve de consuelo, tengo que decirte que, en realidad, no he sido muy consciente de todo esto hasta hace relativamente poco. El problema es que, cuando te quieres dar cuenta, descubres que has perdido muchísimo tiempo, y cuando digo muchísimo es muchísimo, porque no has establecido tu propio plan de acción. Porque no te has puesto deberes.

Cuando trabajas por tu cuenta y la cosa va bien, sientes una falsa seguridad similar a la de quienes están empleados en una empresa. Simplemente te dejas llevar por la rutina. Y como sabemos, cuando dejas de crecer, empiezas a descender.

Eso sólo se soluciona innovando, creando tu propio plan de I+D Profesional en el que incorpores nuevas cualidades (experiencias, conocimientos, habilidades, hábitos…) cada día.

Y la mejor forma de hacerlo es organizándote, definiendo metas y llenando el calendario de acciones para alcanzarlas.

Ese proceso de planificación te obliga a replantearte muchas cuestiones. Entre otras cosas porque el tiempo y el dinero son recursos finitos y hay que escoger y, sobre todo, descartar.

No sé si a ti te habrá pasado lo mismo, pero los momentos en los que he estado más agobiado de trabajo, desde el colegio hasta la escritura de un libro, desde un examen hasta una crisis familiar, es cuando he sacado más cosas adelante.

Aquí se trata de que te agobies un poco, te metas algo de presión por ti mismo, de forma controlada y constructiva para crear cosas, las cosas que a TI te apetecen, no las que otros te imponen.

Hazme caso, para un poco, establece tu objetivo, divídelo en metas más pequeñas, define acciones para alcanzarlas y vete a por ello. Quizás no consigas todo lo que quieres pero la sensación de control y los logros conseguidos por el camino merecen la pena, mucho.

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  1. Pingback: Planifícate o muere. Nuevo curso, nuevos retos.

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