Infraestructura. Simplifica

Si eres de una generación anterior a los Z o a los «Millennials» te acordarás del nivel de complejidad que llegaron a alcanzar los aparatos de grabación de vídeo. Llegaban a tener muchas más funciones de las que nunca llegarías a usar o incluso a conocer.

En general eso ocurre hoy con casi todos los aparatos y también con las aplicaciones o las herramientas digitales. Nos ofrecen mucho más de lo que realmente necesitaríamos. ¿O tú te conoces todas las funciones de EXCEL o de tu teléfono móvil?

La complejidad te bloquea

Cuando eres un Profesional Libre, como es mi caso, la multiplicación de opciones y de funciones, en lugar de ser algo que te ayude, se convierte en un engorro.

Cuando trabajas por tu cuenta, tú mismo es eres tu propio departamento de compras, de I+D y de IT. Así que, para no quedarte fuera de juego debes conocer las herramientas más apropiadas para tu trabajo. Y siempre hay que estar mirando de reojo a todo lo que va surgiendo.

Un ejemplo, en los últimos dos años he estado investigando y probando diferentes herramientas para divulgar mis contenidos. En principio un blog o una red social profesional como LinkedIn podrían cubrir bastante bien esa función. El problema surge cuando quieres monetizar, cuando quieres pasar de afición a negocio, de aficionado a profesional.

El problema no es la falta sino el exceso de opciones

Cuando el dinero entra en la ecuación todo se complica muchísimo. Leyes de protección de datos, plataformas de pago, plataformas de almacenamiento de contenidos multimedia,… Ya no basta con montarse un WordPress (¡Dios bendiga a sus creadores!) sino que debes ir más allá. Y entonces es cuando surge el problema.

Lo difícil de Internet no es la falta de propuestas o soluciones, todo lo contrario. Lo realmente jodido es tener que elegir entre una oferta inmensa, de todo tipo y tamaño. Entonces es cuando todo se vuelve difuso.

¿Merece la pena pagar por algo super completo o basta con probar con las versiones gratuitas? ¿Necesito todo lo que me ofrece, aunque ahora no lo vaya a usar, por si en el futuro quiero crecer? ¿Puedo gestionarlo yo solo o voy a necesitar ayuda? ¿Hay detrás una empresa sólida o puede que mañana, después de haber invertido mucho de mi tiempo, eso desaparezca?

Lo bueno (o lo malo) de Internet es que para cada una de esas preguntas hay montones de respuestas y supongo que ahora con la IA serán todavía más. Así que todo se complica mucho más. Por lo tanto llegas a un punto en el que muchos se plantean si realmente merece la pena meterse en ese lío.

Si decides seguir adelante es muy probable que te equivoques. Yo ya he gastado unos cuantos cientos de euros en plataformas que he acabado abandonando. Y algo todavía peor, he perdido horas intentando aprender a configurar esas herramientas para acabar dándome cuenta de que algo no terminaba de estar bien hecho. Y cuando hay dinero por medio, prefieres no meterte en líos.

Además, cuantas más utilidades te ofrece la herramienta, es más probable que algo no te guste. Puede que sean geniales configurando los impuestos que debe cargar a los clientes de países diferentes, pero resulta que la estética es como de los años 90. O resulta que te ofrece la posibilidad de subir ahí tus contenidos de vídeo, pero si quieres utilizar una funcionalidad importante para tu oferta, debes pagar dos o tres veces más.

Y eso, poco a poco va minando tu moral. A veces es desesperante, te bloquea y te planteas tirar la toalla cuando ya casi lo tienes por culpa de un «detallito».

Elige lo sencillo

Mi experiencia después de unas cuantas meteduras de pata (llámalo aprendizaje) es que, al final, lo más simple es lo mejor. Si tienes varias opciones, por muy potentes que parezcan, por muy buenas críticas que tengan en dospuntocerolandia o por muchas cosas que creas que pueden hacer (aunque a ti ni te van ni te vienen, de momento), mi consejo es que empieces por lo más sencillo.

Además, aunque muchas herramientas tienen una opción gratuita que te da todo lo que necesitas para empezar, por alguna razón suelo acabar pagando por alguna versión superior. Es algo muy personal y también absurdo, pero utilizar algo gratuito me hace sentir como un gorrón, un aprovechado. Ya, lo sé, no me digas que soy idiota. Así que pago para acabar viendo más pronto que tarde que no es lo que necesitaba. Dinero perdido.

Te cuento todo esto para decirte que, por experiencia a base de prueba y error y error y error, lo mejor es buscar algo que tenga buena reputación pero que sea lo más sencillo posible. Eso sí, pero también debe tener la posibilidad de crecer si es que lo necesitas en el futuro o, al menos, no sea muy complicado cambiar de herramienta o plataforma si esa se te queda pequeña.

Este es un post de desahogo, pero también de alivio porque por fin (creo) he encontrado, o más bien reencontrado la herramienta que buscaba para dar un paso más en la monetización de mi trabajo. Creo que la próxima semana (estoy puliendo algunos detalles) podrás ver si lo que cuento tiene sentido.





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