Producto. No esperes la oportunidad, créala

Si estás por encima de los 50 años, seguramente te acordarás del momento en que todo se empezó a fastidiar.

Yo terminé la carrera en junio del 90. En agosto Sadam Hussein invadió Kuwait. A partir de ahí vino (o empeoró) una crisis que duró unos cuantos años y creo que desde entonces hemos ido a peor.

Podría decirse que hasta finales de los 80 era relativamente fácil encontrar un empleo. Nos educaron con esa mentalidad de búsqueda de un hueco en una empresa en la que poder ganarnos la vida. Y si hacías un MBA (de los caros) en aquellos años podías pensar incluso en ocupar un buen puesto.

Todavía no había portales de empleo, básicamente porque no había Internet. Pero cada domingo, los jóvenes titulados, buscábamos ofertas en las páginas salmón de los periódicos.

Lo que ocurre es que ya hace mucho que debió producirse un cambio de mentalidad. Por pura supervivencia. No podemos seguir esperando sigan apareciendo oportunidades de empleo y tener la suerte de encontrarlas. Hay que ir más allá y crear nuestra propia Oferta profesional que nos haga atractivos y que consiga que nos tengan en cuenta y nos elijan, aunque el empleador/cliente ni se lo hubiese planteado.

Tenemos que encontrar aquello que anime a escuchar lo que tenemos que ofrecer en lugar de esperar a que alguien te abra una puerta.

Establece una dirección, un destino, ten una razón

Una de las cosas positivas de la situación actual del trabajo es que ya no tienes que hacer toda la vida lo mismo. Ni siquiera tienes que dedicarte a lo que estudiaste (si lo detestas). Hoy puedes crear una Oferta profesional valiosa basada en un Propósito.

Estudiaste Derecho, Informática o Química pero te aburre soberanamente. Pues empieza a pensar que te gustaría hacer que te acerque a tu visión del Éxito y la Felicidad y ponte las pilas para crear algo valioso con ello.

Dedica tiempo a reflexionar y meditar

Lo bueno de los viejos tiempos es que no tenías que planteártelo mucho. Simplemente tomaste una decisión sobre lo que querías estudiar cuando eras adolescente (no me gustan las ciencias, no me da la nota,…) y, a partir de ahí, todo iba rodado. A lo mejor, un día, a los 37 o a los 45 o a los 53 te despertabas y te preguntabas como narices habías llegado a esa situación. Pero es que el guion ya estaba escrito.

Hoy no sólo puedes sino que también debes pararte de vez en cuando y pensar si eres capaz de aportar algo que no tenga nada que ver con lo que una vez, alguien (quizás tu mismo) te convenció que sería tu profesión.

Evalúa, gestiona y desarrolla la confianza en ti mismo

Muchos de mis alumnos parece que van enganchando un curso tras otro porque nunca se consideran suficientemente preparados. Es cierto que nunca vamos a dominar un tema al 100% y que siempre hay que seguir preparándose, pero hay que atreverse a decir a los demás que podemos ayudarles haciendo determinadas cosas. Incluso aunque no tengamos formación «reglada» sobre un tema.

Creo que hoy es fácil aprender cosas útiles en poco tiempo. No estoy hablando de dirigir una central nuclear o realizar una operación de cerebro. Basta con ver como les damos un inmenso poder a políticos que son unos auténticos inútiles.


Debes creer más en lo que eres capaz de hacer, aunque no haya un diploma que colgar en la pared. No te subestimes.

Mantén una actitud creativa y constructiva

Una de las cosas que aprendes pronto al trabajar para otros es aquello de «me paso el día solucionando marrones». A los pocos años de empezar a trabajar te das cuenta de que te han robado la ilusión.

Pero si quieres que te tengan en cuenta, debes reforzar eso tan tópico de la actitud. Tener una buena actitud no es ponerse a pegar gritos de alegría por conseguir un empleo, sino de plantearse que si te van a pagar es porque eres capaz de crear cosas mejores y de construir cosas que no existían. Eso es válido tanto si trabajas por cuenta ajena como si eres Profesional Libre.

Así que sí. Soluciona marrones, pero inmediatamente después ponte a pensar de qué modo puedes evitar que vuelvan a producirse.

Identifica, usa y combina tus cualidades

De nada sirve ser un apasionado de algo si eres incapaz de ejecutarlo bien. La combinación Pasión/Propiedades/Demanda es algo que no debes quitarte de la cabeza.

Cuando la economía empezó a declinar parece que sólo se tenían en cuenta dos variables, Demanda (¿Hay ofertas de empleo?) y Propiedades (¿Estoy preparado?). De la Pasión nos olvidamos. Bastante teníamos si conseguíamos una nómina.

Hoy se trata de recuperar la Pasión, de ser el mejor en lo tuyo (¿lo has decidido ya?) y, a partir de ahí, encontrar a quienes nos puedan necesitar.

Como creo que dijo Steve Jobs, no se trata de buscar un producto para tu cliente sino clientes para tu producto. A lo mejor has sido capaz de crear algo diferente y único combinando tus cualidades. No puedes esperar a que surja una oferta de trabajo que busque lo que ofreces, pero puedes hacerlo visible y contar sus beneficios en todas partes para que sean los demás quienes te lo pidan.

Desarrolla el hábito y la disciplina de generar ideas

A lo largo de mi vida me he encontrado con un tipo de personas, pocas, que eran capaces de ver oportunidades en todas partes. No necesariamente relacionadas con su trabajo o profesión.

De una forma natural ven oportunidades de negocio en lo más insignificante. Otra cosa es que luego hagan algo con ello.

Para la mayoría no es tan innato eso de ver opciones de forma automática, pero como cualquier otra habilidad, se puede entrenar. La inspiración es para aficionados

Te propongo que empieces a ver fallos, debilidades, problemas, posibilidades de mejora en todas partes. En el transporte público, en el supermercado, al elegir una película en una plataforma o al hacer los deberes con tus hijos. Es especialmente interesante que te fijes en las cosas que te fastidian.

Verás como te vas a encontrar ideas que, quizás, puedas monetizar y convertir en algo más que en un ejercicio mental.





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