Tu Marca Personal no necesita más excusas
Hay gente que lleva tres años a punto de empezar.
A punto de escribir. A punto de lanzar aquel proyecto. A punto de llamar a determinadas personas. A punto de ordenar su propuesta profesional. A punto de crear una alternativa que le permita depender un poco menos de su empresa, de sus clientes actuales o de las decisiones de otros.
Lo curioso es que, durante esos tres años, ha tenido tiempo para leer sobre Marca Personal, escuchar podcasts, guardar artículos, probar herramientas y mantener interesantes conversaciones sobre todo lo que algún día piensa hacer.
Solo ha faltado un pequeño detalle: hacerlo.
Podemos llamarlo falta de tiempo, exceso de trabajo, ausencia de inspiración o necesidad de reflexionar un poco más. Tenemos un vocabulario extraordinariamente rico cuando necesitamos justificar por qué seguimos exactamente en el mismo sitio.
Yo prefiero una palabra bastante más sencilla: pereza.
Quizá no necesites otra estrategia de Marca Personal
Nunca hemos tenido tantos recursos para construir una reputación profesional por nuestra cuenta. Puedes publicar sin pedir permiso, contactar directamente con profesionales de cualquier lugar, aprender casi cualquier habilidad y crear proyectos con unos medios que hace unos años estaban reservados a organizaciones con bastante dinero.
Incluso disponemos de herramientas capaces de escribir, diseñar, investigar, programar, editar vídeo y automatizar buena parte del trabajo pesado.
Y, aun así, seguimos esperando.
Nunca ha sido tan fácil disponer de herramientas y tan fácil utilizarlas como excusa para no hacer el trabajo.
Buscamos otra aplicación. Probamos otro método. Rediseñamos el sistema de productividad. Organizamos las notas. Preguntamos qué red social funciona mejor. Nos planteamos si deberíamos escribir, grabar vídeo, lanzar un podcast o abrir una newsletter.
Todo eso proporciona una agradable sensación de movimiento. El problema es que moverse mucho no significa necesariamente ir a algún sitio.
Estar ocupado es una excusa bastante sofisticada
La pereza profesional rara vez consiste en pasar la tarde tumbado mirando el techo. Sería demasiado evidente.
La versión adulta y respetable consiste en hacer muchas cosas excepto la que sabes que deberías hacer.
Contestas mensajes. Revisas estadísticas. Ordenas carpetas. Lees artículos. Vas a reuniones. Retocas una presentación por séptima vez. Investigas herramientas. Preparas planes. Y terminas el día agotado, que siempre ayuda a sentir que has sido productivo.
Pero no has enviado la propuesta. No has publicado. No has llamado. No has terminado el proyecto.
Hay profesionales extraordinariamente trabajadores cuando se trata de evitar el trabajo que realmente importa.
Esto resulta especialmente peligroso cuando desarrollas una estrategia de Marca Personal porque casi ninguna de las acciones relevantes es urgente. Nadie va a llamarte a las nueve de la mañana para exigirte que construyas una reputación más sólida, mejores tu red profesional o desarrolles una segunda fuente de ingresos.
Puedes no hacerlo hoy y aparentemente no ocurre nada.
Ahí está la trampa.
La pereza no te castiga hoy
Si no trabajas tu Marca Personal esta semana probablemente seguirás cobrando tu sueldo. Tus clientes actuales continuarán llamando. Tu vida seguirá funcionando.
Tampoco ocurrirá nada especialmente grave si no lo haces la semana siguiente.
Ni posiblemente el mes siguiente.
El problema aparece cuando un día necesitas aquello que llevabas años diciendo que ibas a construir.
Pierdes el empleo y descubres que tu red profesional está bastante oxidada. Un cliente importante desaparece y compruebas que no tienes alternativas. Quieres cambiar de sector pero nadie te reconoce fuera de tu pequeño círculo. Decides trabajar por tu cuenta y descubres que tener experiencia no significa que el mercado sepa que existes.
Entonces aparece la urgencia.
La Marca Personal suele empezar a parecer importante exactamente cuando ya habría sido conveniente llevar varios años trabajándola.
Construir reputación, confianza, relaciones y posicionamiento lleva tiempo. Por eso esperar a necesitarlos es una estrategia bastante mediocre.
Es como plantar cuando tienes hambre y enfadarte porque el árbol no produce fruta el jueves.
Tus intenciones no tienen Marca Personal
Puedes saber muchísimo. Tener grandes ideas. Ser un profesional excelente. Poseer una experiencia extraordinaria y estar convencido de que algún día deberías compartirla.
Fantástico.
Pero existe un pequeño problema: los demás no pueden ver dentro de tu cabeza.
El mercado no recompensa tus intenciones; responde a las evidencias que eres capaz de generar.
Si sabes mucho pero nunca lo muestras, una parte importante de ese conocimiento es invisible. Si eres fiable pero incumples plazos, tu fiabilidad teórica sirve de poco. Si quieres ser considerado referente pero jamás produces nada que permita reconocerte como tal, estás esperando que otros hagan un trabajo de investigación sobre ti que probablemente no harán.
Tu Marca Personal se construye con comportamientos observables: lo que haces, entregas, publicas, compartes, defiendes y mantienes durante suficiente tiempo.
Todo lo demás pertenece al fascinante territorio de las buenas intenciones.
Deja de esperar a tener ganas
Otro clásico consiste en esperar la motivación adecuada.
Escribiré cuando esté inspirado. Empezaré el proyecto cuando tenga menos trabajo. Publicaré cuando tenga algo realmente bueno. Retomaré mis contactos cuando pueda dedicarles tiempo. Aprenderé esa habilidad cuando mi situación esté más tranquila.
Siempre resulta enternecedor imaginar que dentro de tres meses aparecerá una versión de nosotros mismos con más tiempo, energía y disciplina.
Normalmente llega el mismo individuo, solo que tres meses más viejo.
Si tu estrategia depende de que tengas ganas, no tienes una estrategia; tienes un estado de ánimo.
Los profesionales que consiguen construir algo valioso durante años no poseen una fuente secreta de motivación. Simplemente han aprendido a trabajar también los días normales.
Porque la mayoría de los días son normales.
No necesitas sentir una pasión desbordante para escribir quinientas palabras, enviar un correo, preparar una propuesta o dedicar una hora a desarrollar tu proyecto. Necesitas sentarte y hacerlo.
No queda tan bonito en una taza motivacional, pero funciona bastante mejor.
Haz cosas pequeñas, pero hazlas
Uno de los mejores aliados de la pereza son los objetivos enormes.
“Voy a desarrollar mi Marca Personal”.
Muy bien. ¿Qué demonios significa eso el martes a las ocho de la mañana?
Los objetivos abstractos permiten aplazar indefinidamente porque nunca está claro por dónde empezar. Las acciones concretas, en cambio, son mucho más difíciles de negociar contigo mismo.
Escribe una página. Contacta con una persona. Publica una idea. Reserva una hora. Prepara una propuesta. Actualiza una sección de tu web. Aprende durante treinta minutos.
Una acción mediocre terminada suele tener más valor estratégico que una idea brillante eternamente pendiente.
Además, actuar genera información. Cuando haces algo descubres qué funciona, qué debes corregir y qué necesita el mercado. Mientras piensas, solo puedes hacer hipótesis.
Por eso tampoco necesitas preparar el sistema perfecto antes de empezar. Puedes mejorarlo mientras avanzas. De hecho, probablemente lo mejorarás mucho más rápido porque tendrás información real en lugar de teorías cuidadosamente organizadas.
Tu agenda revela tu verdadera estrategia
Decimos que algo es importante con sorprendente facilidad.
Mi proyecto es importante. Mi independencia profesional es importante. Mi visibilidad es importante. Aprender es importante. Construir alternativas es importante.
Después miras la agenda y no aparece nada de eso.
Si algo es importante pero nunca tiene tiempo reservado, quizá sea importante únicamente en tu discurso.
La estrategia personal necesita espacio. No las horas que sobren, porque normalmente no sobra ninguna. Necesita momentos deliberadamente reservados para construir aquello que todavía no produce resultados inmediatos pero puede proporcionarte opciones futuras.
Esto es especialmente importante si trabajas por cuenta ajena. Tu empresa tiene ocho horas diarias para desarrollar sus proyectos. Tu proyecto profesional personal quizá tenga dos horas semanales.
Si además entregas esas dos horas a Netflix, las redes sociales o tareas irrelevantes, no puedes sorprenderte demasiado de que después de cinco años tu situación siga dependiendo exactamente de las mismas variables.
Cada “mañana” tiene un precio
La pereza parece gratuita porque su factura llega tarde.
Una propuesta que no envías puede ser un cliente que nunca conociste. Una idea que no desarrollas puede convertirse en una oportunidad que otro aprovecha. Una relación que abandonas puede desaparecer justo cuando más podrías necesitarla.
También existe una factura interna.
Cuando prometes repetidamente que harás algo y sistemáticamente no lo haces, empiezas a desconfiar de ti mismo. Tus propios planes pierden credibilidad. Sabes que puedes decidir algo el domingo y abandonarlo tranquilamente el miércoles.
La disciplina también consiste en conseguir que tu palabra tenga valor cuando el compromiso es contigo.
Esto no significa castigarte cada vez que fallas. Habrá días malos. Habrá semanas desastrosas. Habrá épocas en las que simplemente tendrás prioridades más importantes.
El problema no es detenerse.
El problema es instalarse.
No necesitas vencer la pereza para siempre
Pretender convertirse en una máquina disciplinada que jamás pierde el tiempo tampoco parece un objetivo especialmente saludable.
La pereza existe. El cansancio existe. La desgana existe. Y algunos días no hacer absolutamente nada puede ser una decisión excelente.
Lo importante es que esas situaciones no terminen gobernando tu estrategia profesional.
No necesitas eliminar la pereza; necesitas impedir que tome decisiones importantes en tu nombre.
Para eso sirven las rutinas, los horarios, los compromisos con otras personas y las tareas pequeñas. No son métodos especialmente excitantes. Precisamente por eso funcionan: reducen la necesidad de negociar contigo mismo cada vez que toca actuar.
Y cuando falles, vuelve.
No el lunes. No el próximo mes. No cuando recuperes la motivación.
Vuelve en la siguiente oportunidad razonable.
Haz hoy algo que aumente tus opciones de mañana
Una estrategia de Marca Personal tiene sentido porque pretende aumentar tu capacidad de elegir. Elegir proyectos, clientes, empleos, colaboradores, ingresos y formas de trabajar.
Eso es libertad profesional.
Pero la libertad no aparece porque hayas diseñado un bonito plan. Se construye acumulando activos: reputación, relaciones, conocimientos, visibilidad, experiencia, credibilidad y proyectos.
Cada pequeña acción que fortalece esos activos aumenta un poco tus opciones futuras.
Por eso quizá no necesites replantearte otra vez toda tu estrategia. Quizá tampoco necesites un nuevo sistema de productividad, otra herramienta de inteligencia artificial o un curso que te explique durante seis horas cómo empezar.
Puede que ya sepas perfectamente lo que deberías hacer.
Y puede que el problema sea bastante menos sofisticado.
Hay algo que llevas semanas, meses o incluso años diciendo que vas a hacer. Probablemente sabes qué es. También sabes cuál podría ser el primer paso. Y seguramente podrías darlo hoy.
Mañana siempre parece un día estupendo para empezar porque tiene una ventaja maravillosa: todavía no ha llegado y, por tanto, no exige nada.
Hoy es bastante menos considerado.
Pero tu Marca Personal solo puede construirse en un momento: mientras todavía puedes hacer algo.
¿Qué llevas demasiado tiempo diciendo que harás mañana y qué cambiaría en tu vida profesional si decidieras empezar hoy?
