El Zapatófono

De nuevo, la tendencia suicida que ultimamente me empuja a cuestionar a las «vacas sagradas» de la blogosfera hace su aparición.

En este caso se trata de un cacharro que ha sido presentado hace pocos días. Hace de todo y al mismo tiempo, es de uso cotidiano, nos va a cambiar la vida, nos va a ahorrar tiempo, nos va a permitir disfrutar más de nuestra familia y amigos y apretando unos cuantos botones vamos a poder hacer cosas de lo más variado.

Vale, vale, ya se que todos estais pensando en la Thermomix o en algún invento de la teletienda, pero no, es algo más moderno, ¡Un puto teléfono!

¡Ah!¡Oh!¡No puede ser!¡Dios mío!¡Este insensato está diciendo que el nuevo cacharro de Apple es un simple teléfono! ¡No se da cuenta de que a partir de ahora podremos ver la evolución de nuestras acciones de bolsa en cualquier sitio!. ¡O ver un puntito en un mapa que nos va a decir donde estamos!. ¿Como hemos podido vivir sin ello?
¡Hereje!, ¡Blasfemo!. Lo de las caricaturas de Mahoma no es nada comparado con esto.

Vale, perdonad la ironía, pero a veces creo que nos hacemos eco de ciertas noticias que en el fondo ni nos van ni nos vienen. Es como si de repente todos fuesemos accionistas de Apple o indígenas de una tribu perdida en donde jamás han visto un encendedor. ¿O es que todos tenemos un primo en YouTube?

A mi también me gustaría tener ese juguetito. Y babearía toqueteando esos botones. Pero no saquemos las cosas de quicio. O si, allá cada cual.

Llevando este asunto a mi negociado, creo que hay un ingrediente importante que es el causante de este follón, una persona, Steve Jobs, no podría ser de otra manera. Y aquí si tengo que estar de acuerdo.

Si hay una Marca Personal en el mundo de la tecnología e internet es el Sr. Jobs. A diferencia de Bill Gates o de cualquier otro «empresario». Steve Jobs es un emprendedor. Un tío que se la ha jugado en muchas ocasiones. Que ha ganado, pero también ha perdido.

Es una persona que emociona. Que cuenta historias. Que es capaz de mover algo dentro de cada uno.

Creo que no es demasiado simpático, pero sabe conectar con lo que la gente quiere de verdad. Y eso es fundamental para una marca.

Ha sabido enganchar con un nicho de mercado más relacionado con aspectos generacionales o filosóficos que con cuestiones financieras. Va directo a las creencias, a los valores de las personas y no a su bolsillo.

Pero sobre todo ha conseguido lo que sueña cualquier marca, personal o comercial: Confianza, credibilidad.

Steve Jobs ha cometido errores, ha lanzado productos que no han tenido éxito. Pero jamás ha ocultado nada. Porque a una marca se le perdonan errores, pero no mentiras.

Pues bien, todo esto ha conseguido que Jobs sea una referencia y que todo lo que diga sea tenido en cuenta. Empieza a rozar el mesianismo, no hay más que ver lo ocurrido con el dichoso telefonito, y eso es algo que me preocupa. Pero eso será responsabilidad de los que le siguen ciegamente, no suya.

Y si no, hagamos un ejercicio. Imaginad el mismo cacharro. Con las mismas características o algunas más pero con varias diferencias de lanzamiento.

  1. En lugar de Apple, lo lanza MxOnda.
  2. En lugar de Steve Jobs, se lanza en una gala con Anne Igartiburu y Ramón García.
  3. En lugar de en San Francisco, se lanza en Marina D’Or, ciudad de vacaciones.

¿A que no sería lo mismo?





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