La fórmula del éxito y los boticarios

Alguna vez he comentado que una de las cosas más importantes que aprendí en la carrera de química es que el universo es impredecible. Ni la química, ni la física, ni las matemáticas han conseguido encontrar una ecuación capaz de establecer lo que va a ocurrir en los próximos segundos ni siquiera en un sistema sencillo de tres partículas. Por eso no podemos saber cual va a ser el tiempo de la semana que viene o si se va a cortar la mayonesa.

Pues bien, si eso ocurre con partículas, imaginaos lo que ocurre con las personas. Somos incontrolables, impredecibles y sorprendentes. Y mi hija todavía más.
La única forma de tener cierta sensación de control es mediante la estadística y el reduccionismo que convierte a los individuos en números, datos, marcas blancas, empleados, competencias.

Por eso me hace gracia cada vez que alguien dice que ha encontrado la solución o la explicación a una situación en la que intervienen humanos. Por ejemplo, El otro día se produjo un debate interesante sobre los blogs y los CEOs en la bitácora de Dans. Como si se tratase de una cuestión de vida o muerte, unos se posicionaron absolutamente a favor y otros en contra. Cuando la realidad no es ninguna de las dos.

Siento ser relativista, pero es lo que he aprendido. En la mayoría de las cuestiones humanas, la respuesta más apropiada es: DEPENDE.

No hay fórmulas de éxito, ni maneras infalibles para perder peso, ni métodos asegurados para convertirse en líder, ni herramientas definitivas para hacerse rico.

Entiendo que en nuestro mundo acelerado, sin tiempo y en el que se han perdido las ganas y la costumbre de pensar, las fórmulas generales, las recetas infalibles y los sistemas asegurados son muy atractivos. Pero afortunadamente no existen. Creo que es una suerte porque si existiesen quedaríamos reducidos a robots, a seres predecibles y sin voluntad.

En mi modelo de Marca Personal he tenido en cuenta todo esto y lo que he creado es algo muy parecido a una herboristería o una vieja botica en la que los preparados se desarrollan a medida. Tengo más de un centenar de variables con los que crear la fórmula magistral para cada situación específica.

Por ejemplo: ¿De que sirve ser conocido y visible si no tienes nada que ofrecer? o ¿De que te sirve seguir formándote si nunca vas a tener tiempo de hacerte visible? o ¿Para que quieres tener todo el dinero del mundo si no tienes un objetivo y unos valores definidos? o ¿Quieres dinero o independencia financiera? o ¿Para que quieres ser tu propio jefe si lo que te gusta es que te digan lo que tienes que hacer? ¿De verdad te gusta que te den órdenes? o CEO ¿Necesitas un blog? ¿Para qué?

El Personal Branding utiliza esas variables para hacer que las posibilidades se decanten a tu favor. Nadie puede saber si una acción tendrá éxito pero se puede hacer que aumenten las probabilidades. Nadie puede asegurar que vayas a ser el elegido pero puede ponerte en una posición privilegiada. Nadie puede garantizarte que seas la persona escogida, pero puede hacerte mucho más visible y atractivo que al resto.

Como un viejo alquimista, he dedicado mucho tiempo a descubrir los ingredientes, las herramientas y los instrumentos de la Marca Personal y he aprendido a combinarlos. En este momento puedo decir que ya se como identificar los síntomas, calcular las dosis y preparar una fórmula adecuada para cada “paciente”.

Porque cuando se trata de personas, no hay reglas fijas ni fórmulas definitivas. Afortunadamente.









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