Mitos de Marca Personal IV: El Networking

En el año 1992 un colega y yo decidimos hacer un viaje por el sur de EEUU. Solo nos pusimos una condición, no llevar nada organizado, solo los billetes de ida y vuelta (Madrid-Atlanta-Madrid).
Al segundo día de nuestra llegada, decidimos salir a tomar algo. Preguntamos al encargado del motel de Macon (Georgia) por algún sitio en el que quedasen los «paisanos» y nos miró como si fuésemos extraterrestres. Nos contó que la gente solía quedar en sus casas con gente conocida. Eso nos ocurrió hasta llegar a Miami, en donde la gente si salía a encontrarse con otras personas. Supongo que será la influencia latina.

Poco tiempo después, mi mujer y yo nos fuimos unos días a Sevilla. A mediodía de un día laborable el centro estaba lleno de gente tomando cañas, tapas y echándose unas risas con los colegas.
Esa escena la podíamos haber visto en cualquier otra ciudad de nuestro país. Quizás es el clima, quizás la cultura o quizás la forma de organizar la vida, el trabajo y las ciudades. Creo que a nuestro alrededor, al menos hasta hace poco, las relaciones personales se han establecido de forma natural.

Digo esto porque, como en tantas otras cosas, han tenido que venir de fuera a decirnos como «hacer amigos»… y aquí lo hemos aceptado sin hacer preguntas ni filtrar.

Hace unos meses estuve en un «evento de networking» en Madrid con toda la parafernalia de la américa profunda. Una mezcla de convención en Las Vegas con telepredicador. Simplemente se aplicaba el networktilismo a saco. Preséntate a todos los que puedas en tres minutos, intercambia todas las tarjetas que puedas, sonríe, explica lo que haces en 10 palabras o menos,… Penoso.

Con esta serie de Mitos de Marca Personal no pretendo descartar herramientas útiles, solo intento poner un poco de racionalidad a cosas que están desmadrándose. Es el peligro de La Red. ¡Hey! Mira lo que dicen los yankies, vamos a hacerlo. Y esto no funciona así.

No se puede transplantar a lo bruto a Triana la forma de hacer amigos del condado de Macon. En todo caso, creo, en esto, son ellos los que deberían aprender un poco de nosotros.

La mayoría de la gente que tiene éxito utilizando estas técnicas «modernas» de networking, lo tiene, a pesar de esas técnicas, no gracias a ellas. Simplemente es gente que siempre ha sabido establecer relaciones.

Supongo que soy un poco sociópata, pero este tipo de eventos me suelen parecer artificiales, forzados y lo peor de todo, aburridos. Suelen implicar una inversión elevada con muy bajo rendimiento de tu recurso más escaso, el tiempo.

Algunos expertos en networking dicen que debes dividir tus contactos en varios tipos (A contactos útiles, B Menos útiles, C inútiles,…). Esta forma de pensar se fundamenta en una aproximación cuantitativa. La idea es que si conoces una cantidad de gente suficiente es probable que antes o después conozcas a alguien «rentable». Una lotería vamos. Es una especie de «spam» humano y tiene la misma utilidad que el electrónico. Directamente vas a la papelera de reciclaje.

Recuerda que los negocios se construyen partiendo de una relación personal de confianza. Y eso se consigue empatizando y conectando con la otra persona. Los eventos de networking a los que he asistido no son precisamente lugares que lo favoreciesen. Saldrás con muchas tarjetas de visita pero poco más.

Hay quién dice que el networking es un estilo de vida. Francamente, ni yo ni la mayoría de gente que conozco tenemos el menor interes en profesionalizar nuestros contactos personales.

Insisto en que creo que la herramienta más útil para un profesional independiente (o no) son las relaciones personales. Creo que los negocios surgen por los contactos directos. Que La Red, las apariciones en prensa o las conferencias son solo medios para encontrar a tu «media naranja» en los negocios. Pero creo que es un error importar comportamientos y formas de actuar que nada tienen que ver con nuestro estilo de vida.

Y ojo, que en este post solo estoy hablando de las relaciones personales directas. A las online hay que ponerlas a comer aparte.





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