Para ganar hay que jugar

Son las 6:08 de la mañana. Como cada martes y cada viernes estoy delante de la pantalla y del teclado cumpliendo con mi rutina bloguera. Normalmente tengo una idea más o menos clara de aquello sobre lo que voy a escribir pero suelo dejarme llevar. Por eso, a veces, lo que escribo se me va de las manos y lo que publico se parece poco a la idea inicial. Pero me gusta hacerlo así.

Mi último post es de esos que, por alguna razón que desconozco, ha tenido mucha repercusión (lo de “mucha” en dospuntocerolandia siempre es relativo) y unos cuantos elogios. No sé cual es la clave para que eso ocurra. Pero sucede a veces.

En realidad, a veces pienso que los posts que más gustan son los que escribo con las legañas puestas y sin pensármelos mucho. Hay otros bastante más currados y que escribo muy motivado que pasan sin pena ni gloria. Quizás algún día descubra la fórmula. Aunque quizás la respuesta no está en la calidad del post sino en factores externos como publicarlo diez minutos más tarde de lo habitual y que eso coincida con el momento en el que la mayoría lee sus “feeds”. No lo sé y tampoco me preocupa mucho.

Y mientras descubro la fórmula del éxito, si es que la hay, yo seguiré pensando que el secreto de verdad es uno, el trabajo, la persistencia, el aguante, el aprendizaje y la obsesión por mejorar.

¿Tiene mérito escribir uno o varios posts buenos o muy buenos? Pues depende de cuantos hayas escrito antes. Si yo llevo casi mil quinientos posts publicados desde hace diez años, lo difícil es que no salga alguno medianamente digno. Ya sabes aquello de que si pones a un montón de monos a teclear, es difícil pero posible que alguna vez salga algo coherente.

Pero creo que la clave no está en mi talento o mis cualidades sino más bien en darle a la tecla con una persistencia o, más bien cabezonería, a prueba de fuego. Está claro que la práctica lleva a mejorar. Supongo que, aunque no quieras, hacer algo de forma continuada durante mucho tiempo te lleva a subir de nivel aunque no te des cuenta.

Digo todo esto porque con mucha frecuencia me encuentro con gente que me dice que no empieza un blog, no se atreve a contar lo que hace, evita salir a buscar trabajo o encadena un master tras otro porque piensan que no están preparados o no se consideran suficientemente buenos. Pero ¿quién está absolutamente convencido de que está completamente capacitado? ¿quién no tiene dudas sobre lo que vale?

También hay quien me dice que no hace determinadas cosas que pueden serle útil porque no le gusta, no le apetece o porque se ha creído esa historia de que debes hacer aquello que te apasiona. Pero ¿realmente alguien piensa que algún trabajo es perfecto y todo es estupendo? Yo mismo detesto escribir y, a pesar de eso, he escrito cuatro libros que no bajan de las trescientas páginas y parece que gustan.

Seguro que, en algún momento, hasta al fotógrafo de Playboy le aburre lo que hace. Pero si quieres que las cosas ocurran, deberás hacer cosas que no te entusiasman y dejarte de gilipolleces.

Creo que el mundo se divide entre los que no están completamente convencidos de su preparación y no hacen nada y los que piensan igual pero, a pesar de todo, se tiran a la piscina.

¿Significa eso que cualquiera puede salir y contar, ofrecer o vender cualquier basura? No, para nada. Lo que quiero decir es que la mayoría de nosotros tenemos cualidades más que suficientes para empezar a hacer algo. ¿Cuantos cursos, seminarios, masters y MOOCs necesitas para lanzarte? ¿No será más bien que lo que tienes es miedo, pereza, vergüenza, falta de confianza o timidez? Pues eso no se resuelve coleccionando diplomas sino echándole valor.

Evidentemente hay cosas que requieren tener claro que estás preparado. Ser piloto de avión, conductor de autobús de colegio, cirujano u operario de una central nuclear no es lo mismo que juntar unas palabras en un post o dar una conferencia. Pero precisamente por eso creo que hay muchas cosas en las que merece la pena “arriesgarse” porque, en el peor de los casos, el daño potencial es mínimo y las heridas se curan con el tiempo.

Quizás pienses que necesitas aprender noseque antes de hablar en tu blog sobre algo que conoces perfectamente (aunque no te lo creas). Quizás consideres que, a pesar de tus 5, 10, 15 o 30 años trabajando en tu profesión, no vales nada porque en este momento estás en el paro no tienes clientes y por eso te quedas en casa esperando que pase la crisis. Quizás creas que no tienes nada que decir y por eso prefieres ver a tipos como yo subidos a un escenario en lugar de ser tu quien esté hablando de lo que domina. Pues tu verás lo que haces.

Lo que está claro es que si no juegas, no ganas. Quizás tengas que jugar mucho y nunca te toque nada o casi nada. Lo que está claro es que cuando veas que alguien empieza a sacar la cabeza después de mucho trabajo y esfuerzo no deberías decir nunca, “ya, pero es que ha tenido suerte”. Quizás la suerte le ha acompañado pero también deberías pensar que lleva mucho tiempo “jugando” y jugándosela.

Termino completando la idea del título. Para ganar mucho hay que jugar mucho pero también esforzarse cada día por hacerlo mejor.

Son las 6:40 normalmente suelo tardar casi una hora en escribir el post. Curiosamente hoy he tardado la mitad. Supongo que será la práctica.









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