Andrés Pérez Ortega/ octubre 14, 2016/ Sin categoría

ProductoDecía hace unos días que vivimos en un mundo en el que PARECER se está convirtiendo en algo más importante que SER, ESTAR o HACER. Desgraciadamente lo dospuntocero ha conseguido que la situación llegue a extremos patéticos.

Percibo en mucha gente que conozco una obsesión por ser conocido, popular, por estar en todas partes porque parece que piensan que si no están constantemente en el candelero van a desaparecer o algo así (cuanto daño ha hecho la estúpida frase “si no estás en Internet no existes”). En la gente más joven, me refiero especialmente a los adolescentes, ya han decidido vivir en “modo selfie”. Parece que todo lo hacen para salir bien en las fotos y toda su vida gira alrededor de los “likes” de Snapchat o Instagram. Supongo que Twitter ya les parece demasiado intelectual y de escribir un blog ya ni hablamos.

Pero la visibilidad, la popularidad o la notoriedad son conceptos fugaces y apenas sirven para dejar una Marca Personal sólida. Basar tu Estrategia Personal en imágenes o frases “bonitas” o impactantes es como construir la casa de paja de los tres cerditos.

Lo fundamental no es que te CONOZCAN sino que te RECONOZCAN. Es decir, que para que puedas dejar huella y ser bien valorado no basta con ser conocido sino que debes ser conocido por algo que merezca la pena. Debes tener algo valioso que ofrecer, algo que realmente ayude a cambiar las cosas, que influya en las personas o dicho de un modo más empresarial, debes tener un Producto, una Oferta, un Entregable. Y a partir de ahí, si quieres, construyes toda una parafernalia marketiniana. Pero una Marca Personal no se construye sólo con luces y sonidos o con imágenes y vídeos divertidos o “bonitos”.

En el diseño de tu Oferta Personal o Profesional debes tener en cuenta varios factores.

Nombre ¿Cómo se llama lo que hago?

Consultor, coach, médico, padre, ingeniero de sistemas, administrativo de finanzas… En realidad este es el factor menos importante en el diseño de tu producto porque no es más que una etiqueta que te pones (o te ponen) para poder meterte en un casillero. El problema es que te puedes (o pueden) acabar encasillando. Además, no es un factor muy diferenciador porque suele haber montones de personas como tu. Podrías elegir un nombre “chulo” como esos que se han puesto de moda (Director General de Felicidad u otros igualmente ridículos) que normalmente suelen generar más confusión que otra cosa. Pero como algo debes poner en tu tarjeta, tendrás que elegir una etiqueta que sirva para que la gente no se ponga nerviosa cuando hable contigo sin saber lo que puede esperar de ti.

Beneficio ¿Qué cambios produce lo que ofreces?

En realidad esto es lo que queremos saber cuando compramos algo o contratamos a alguien. Lo de menos es que seas un licenciado por una gran universidad sino que seas capaz de generar un efecto beneficioso. ¿Mejoras las relaciones entre padres e hijos? ¿Consigues sacar más latas de tomate de una línea de producción? ¿Haces que una persona tenga un aspecto más atractivo? ¿Ayudas a una empresa a mejorar su reputación?

Normalmente solemos centrarnos en vender un diploma o incluso una metodología antes que el beneficio que generamos. Pero si estamos dispuestos a escoger un producto o el trabajo de un profesional es porque consideramos que nos va a servir para algo. Aunque suene un poco frío, esto se aplica en todos los aspectos de la vida, a los amigos, la pareja, los hijos. Nuestro valor está en función del bien que hagamos o de los resultados que generemos. Así que piénsalo, ¿Qué va a cambiar cuando hagas tu trabajo o te relaciones con alguien?

Valor ¿Cuáles son los resultados de ese cambio que generas?

Para mí, hay una diferencia sutil entre beneficio y valor. Quizás no sea una una definición muy ortodoxa pero puede servir para entendernos. El beneficio es el cambio positivo que produce lo que haces. El valor es la consecuencia concreta de ese cambio. Me explico. Al final todo lo que buscamos se reduce a Tiempo, Dinero o Bienestar. Ganamos tiempo, generamos (o ahorramos) dinero o nos sentimos mejor (perdemos el miedo, somos más felices, estamos más tranquilos,…).

La pregunta que debes hacerte es ¿Qué consecuencias (cuando más objetivas y medibles sean, mejor) tiene lo que hago? Lo interesante es que pueden ser varias. Por ejemplo, si sacas más latas de tomate de la línea de producción generas más ingresos (dinero), ahorras tiempo, tu jefe estará más contento (bienestar).

Podríamos hablar de otras variables que influyen en la construcción de tu producto profesional como el formato en el que vas a  “empaquetarla” (empleado, cursos online, libros, asesoría,…), las herramientas que vas a utilizar o la metodología que vas a seguir, pero lo importante es que entiendas que detrás de una Marca Personal debe haber un resultado, un producto, un efecto. Lo demás son fuegos artificiales.

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