Andrés Pérez Ortega/ noviembre 1, 2016/ Sin categoría

ProductoHace unos días encontré este tuit de Juanma López Zafra en el que decía que “el mercado no premia el esfuerzo. Premia el valor añadido.”

El hilo de comentarios que se desencadenó a partir de ese tuit es muy interesante y creo que genera un debate fundamental para entender cómo debemos gestionar una Estrategia Personal aplicada al trabajo.

Creo que, aunque algunos no quieran o no puedan reconocerlo, lo que dice López Zafra es algo de sentido común y que debemos ir asumiendo.

No creo que esté diciendo que el esfuerzo, la disciplina o el trabajo no sean importantes o incluso imprescindibles, lo que ocurre es que todo eso no son más que los peldaños que vas a tener que subir para poder crear algo por lo que te consideren necesario, útil o relevante.

Si te pasas la vida estudiando, quizás tu familia te dará palmaditas en la espalda o te dirán que estás trabajando mucho y que además eres muy listo y estás muy preparado, pero si no eres capaz de hacer algo valioso con todo eso es como tener un ordenador de última generación para jugar al buscaminas.

Constantemente me encuentro en mis cursos con alumnos más que sobradamente preparados, muchos de ellos que han llegado o superado las tres décadas y que todavía no saben para qué sirven o algo peor, no tienen ni idea de lo que quieren hacer con sus vidas.

Ya sé que lo que voy a decir suena politicamente incorrectísimo, pero cuando veo a tanta gente joven que se queja de no encontrar algo “de lo suyo” a pesar de tener cuatro carreras, seis masters y tropecientos cursos siempre pienso si se habrán preguntado alguna vez ¿qué puedo hacer con todo eso? ¿Cómo puedo transformar toda esa energía potencial en trabajo o movimiento? ¿Y si “lo mío”, lo que me “apasiona” no le interesa a nadie?

En realidad, todo ese caudal de conocimiento, experiencia y esfuerzo que adquirimos es como la maquinaria o la infraestructura de una empresa. Es necesario y cuanto más y mejor, más eficiente podrás ser. Pero normalmente nadie compra una Coca Cola, un mueble de IKEA o un iPad por el trabajo, el esfuerzo o las instalaciones que hay detrás de todo eso. Si estás dispuesto a pagar por algo es porque vas a obtener un beneficio (tiempo, dinero o bienestar).

Si como profesional no eres capaz de convertir todo ese inventario de cualidades que todos tenemos en algo que mejore las cosas, entonces no vas a conseguir nada.

Aprender es imprescindible, pero los títulos cada día valen menos. Lo fundamental no es tener un currículo repleto de cursos sino de logros. No me digas lo que sabes, demuéstrame lo que has hecho con ello o, al menos, lo que crees que puedes hacer. No te voy a pagar más simplemente por las horas que has echado o el dinero que has invertido sino por el que me vas a ahorrar.

Creo que debemos pensar menos en la carrera que queremos estudiar y en la que vamos a invertir algunos de los mejores años de nuestra vida y empezar a detectar necesidades, problemas o mejoras que podemos producir. No se trata de encajar a toda costa en algo que no existe simplemente porque nos hemos tirado varios años hincando los codos sino de coger lo que hemos aprendido por todos los medios posibles y utilizarlo para crear algo valioso.

Lo siento mucho si te tiraste cinco años estudiando Química como yo o cualquier otra cosa. O si has estado quince años en departamentos de compras. Quizás eres más valioso haciendo otras cosas, lo que haces ya no es necesario, quizás te has quedado obsoleto o simplemente hay muchos como tú que están dispuestos a hacer más por menos.

La buena noticia es que todos somos útiles en cosas de las que ni siquiera nos damos cuenta y de las que nunca te darán un diploma que puedas colgar en la pared.

Yo que soy muy crítico con lo dospuntocero creo que ha llegado en el momento justo para salvarnos o, al menos, proporcionarnos una red de seguridad. Internet nos permite mostrar y demostrar lo que podemos aportar aunque no tenga nada que ver con lo que has estudiado o en lo que has trabajado hasta ayer. Y si lo gestionas bien, puedes conseguir que te consideren como la persona a la que hay que elegir, como un profesional con Marca Personal.

El problema de todo esto es que hay que hacer un último esfuerzo, quizás el más difícil de todos: Pensar. Pensar en lo que tienes, en lo que quieres y en cómo puedes construir algo valioso con ello. Pero en realidad no es muy diferente de lo que hacías cuando jugabas con el Tente, el Exin Castillos o el LEGO. El LEGO es demasiado caro para dejar las piezas dentro de la caja.

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