Andrés Pérez Ortega/ junio 11, 2019/ Sin categoría

Decía el otro día que, con frecuencia, se establece un paralelismo entre dejar huella, Marca Personal y ser ruidoso, extrovertido, incluso extravagante.

Creo que eso sucede porque, desgraciadamente se ha confundido el Branding Personal con el Marketing Personal, generar un impacto positivo que cambie las cosas y aporte valor con llamar la atención, influyentes con “influencers” o amigos con “amigos”.

Esa forma de pensar, en principio, nos pone mucho más complicado a los introvertidos, tímidos o simplemente discretos eso de posicionarnos en la mente de otros.

Podría parecer que si no estás todo el día dando guerra en dospuntocerolandia, relacionándote con unos y con otros o apareciendo hasta en la sopa, tus posibilidades de éxito se reducen a cero. Pero no es así. De hecho, creo que aquellos que se mantienen en un segundo plano, los que no se empeñan en ser el centro de todas las fiestas son los que, a la larga, acaban generando un cambio más profundo.

Ya he dicho alguna vez que no soy una persona tímida pero si introvertida. Eso significa que prefiero centrarme en lo que hay dentro de mi cabeza que en lo que sucede fuera. Que un paseo solitario por el campo es mucho más satisfactorio que una fiesta multitudinaria. Que una tarde leyendo un buen libro es un placer difícilmente superable.

Eso no significa que me cueste relacionarme con la gente. De hecho, quienes me conocen me dicen que suelen pasárselo bien y reírse conmigo. Supongo que, como cualquier otra habilidad social, es algo que se puede aprender.

Pero como también he comentado por aquí, creo que es importante no verse nunca como el centro de atención, no tratar de acaparar las miradas simplemente “porque tu lo vales”. Nosotros no somos los protagonistas. Pensar de esa manera es la forma más fácil de acabar creyendo que las personas somos productos.

Lo realmente relevante es lo que ofrecemos, lo que damos, lo que aportamos. Nosotros somos simples canales de comunicación para divulgar ideas, consejos y para escuchar lo que otros quieren transmitirnos.

Lo que queda es la huella, la señal, el sello.

Ojo, aquí no estoy hablando de un mundo de bondad y generosidad cercana a la santidad. Estoy diciendo también que hay que ganarse la vida con eso que podemos aportar. Pero, en cualquier caso, nos convertimos en personas interesantes cuando, valga la perogrullada, lo que hacemos tiene algún interés para alguien.

Por eso creo que la timidez, la introversión o la falta de interés en convertirse en protagonista más que una debilidad es una fortaleza.

Creo que hablo por mi y por todos mis compañeros más reservados si digo que quienes no se empeñan en ser el centro de atención, tienen una mayor capacidad de escucha, son mucho más selectivos a la hora de establecer relaciones, no se ofenden cuando no les están dorando la píldora constantemente, se centran en lo que hacen y no en lo que parecen.

Que quede claro que aquí no estoy hablando de sea modestia o humildad letal que te empuja no sólo a esconderte tú sino también lo que haces.

Una cosa es no ponerte debajo de cualquier foco que pueda iluminarte y otra muy distinta ocultar tu trabajo bajo siete llaves. Son tus ideas, consejos e historias lo que debes divulgar siempre que tengas la oportunidad.

Ahí está la clave de lo que te estoy contando.

Si no te gusta que se centren en ti, debes encontrar el modo de desviar su mirada hacia lo que haces. Debes actuar como un mago que consigue que la gente observe lo que le interesa.

Puedes utilizar Internet como escaparate

Puedes acudir a eventos en los que te centres en escuchar a aquellos que tienen más interés en hablar y hablar cuando consideres que lo que vas a decir puede ayudar, mejorar o cambiar algo.

Puedes subirte a un escenario sabiendo que eres un actor que va a representar su propia obra. Como dice Elena Arnaiz, para superar tu miedo a hablar en público, deja de pensar en ti. Esa es la clave.

Quizás estás pensando “¿Por qué debo complicarme la vida?” pues por una parte porque tal y como se están poniendo las cosas, no podemos esperar a que nadie reconozca nuestro trabajo sin conocer nuestro trabajo.

Y en segundo lugar, porque serías un canalla egoísta si permites que tus ideas se queden dentro de ti.

Así que si. Los discretos, introvertidos, tímidos, solitarios, los que preferimos papeles secundarios también podemos dejar una Marca Personal profunda y valiosa pero sin estar todo el día diciendo aquello tan infantil de “mírame, mírame, mira lo que hago”.

NOTA:

Esta semana Claudio y yo hablamos en Street Personal Branding de las formas de dejar huella sin necesidad de ser el alma de la fiesta o el protagonista en todas partes.

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