Decisiones. Evita los imperativos (incluido este)

En los últimos meses, por no decir años, percibo un aumento exagerado del uso de los imperativos en la publicidad. Vale, es cierto que si hay algo que han utilizado los anunciantes es la tendencia a decirte ¡compra!, ¡consume!, ¡elígeme! Pero, como te digo, parece que han pasado de animarte a escoger su producto a decirte como debes vivir tu vida.

Ya no se limitan a incitarte a elegirles sino que te dicen cosas como ¡Haz locuras!, ¡Rompe las reglas!, ¡Date un capricho! y, con frecuencia están acompañados de frases del tipo, «porque tú te lo mereces» o «porque tú lo vales» como si nos conociesen de toda la vida y controlasen nuestras circunstancias.

Es como si el autoayudismo hubiese impregnado todo. Porque si te fijas, la mayor parte de los libros en los que se supone que te tienes que ayudar tú mismo, están llenos de reglas, normas e imposiciones que debes cumplir o, de lo contrario, si no consigues lo que quieres, será sólo culpa tuya.

Los imperativos son cómodos

La toma de Decisiones está incluida en el Módulo de Producción.

¿Por qué es complicada la Estrategia o la Marca Personal? ¿Es debido a la complejidad técnica? ¿A la necesidad de recursos, dinero, tiempo o infraestructura? No, nada de eso. El principal problema es que hay que tomar decisiones, desde el establecimiento de tus objetivos a la selección de tus contactos pasando por la necesidad de descartar algunas opciones.

¿Por qué mucha gente que está harta de trabajar para otros sigue aguantando? ¿Por qué hay quienes ven pasar su vida y sus sueños sin hacer nada? Porque es mucho más cómodo recibir órdenes y poder echar la culpa a quienes las dan.

Se trata de sustituir el imperativo por la primera persona del presente o del futuro. El problema es que cuando cambias el tiempo verbal, estás solo, indefenso, todo lo que ocurra será porque tu lo has decidido y eso acojona… mucho.

Posiblemente hace tiempo que quieres hacer un viaje o darte un capricho, pero necesitas que un publicista en un anuncio de veinte segundos te dé su permiso para que lo hagas. Es estúpido, pero real.

Los imperativos te liberan de tu responsabilidad

Es jodido asumir las consecuencias de tus actos, pero ¿Qué mierda de vida es esa en la que no haces nada para que no pase nada? Y lo peor es que las cosas van a pasar igual.

Creo que hay algo peor que no hacer nada y es hacer lo que otros nos dicen que hagamos. A la hora de la verdad, si no actúas en función de tus criterios, valores y objetivos sino de los de otros, habrá alguien que te dirá, «ah, pues no haberme hecho caso». Y eso si que es duro.

Creo que somos adultos cuando tomamos decisiones propias y asumimos la responsabilidad. Pero no del modo en que lo hacen los políticos que, cuando se equivocan, dicen que aceptan las consecuencias, pero ahí siguen.

Para dejar huella es necesario tener y aplicar criterios propios, de lo contrario sólo seremos la «marca blanca» de aquellos que realmente deciden.

Los imperativos te quitan la libertad

¿Sabes cual es el precio de la comodidad de los imperativos? Pues algo que, al menos para mi, es fundamental, la LIBERTAD. ¿Hay algo más satisfactorio que decir que NO a algo o a alguien que te ofrezca algo que no te encaja, por muy tentador que parezca?

Serás libre cuando los imperativos te los pongas tú y no otros. Podría decirse que te vas a convertir en un Imperator, vale, vale, ya lo dejo.

Aunque parezca que las frases motivadoras, «Sé tu mismo», «Persigue tus sueños» y similares te van a ayudar a crecer, lo cierto es que, lo más probable es que sean más limitantes que liberadoras.

Cuando la publicidad se empeña en decirte que te des un capricho porque «te lo mereces», me parece absolutamente aberrante, ¿tú que sabes lo que me merezco o no? ¿Quién eres tú para autorizarme a lo que sea? Desde el momento en que alguien se siente autorizado a decirte lo que puedes o no puedes hacer, se convierte en tu «jefe».

Cambia el imperativo por la primera persona del presente o del futuro… si quieres

Estamos rodeados de impulsos, de órdenes más o menos sutiles, de gente a la que no conocemos más que en las redes que nos indican más o menos sutilmente lo que es correcto y lo que no.

Los #jesuisloquesea, los «hay que arrodillarse antes de un partido», los «si no defiendes lo que dicen las autoridades eres un negacionista» se han convertido en norma. Y lo peor es cuando tras una idea aparentemente moderna, se oculta lo más rancio.

Yo pienso seguir tomando mis propias decisiones, tú haz lo que te apetezca, pero si sigues actuando en función de imperativos ajenos, luego vienen los ay, ay, ays y las madresmías.

Y ya sabes aquello de «no hagas caso de ningún consejo, ni siquiera de este».









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