Relaciones. No hay un algoritmo personal

Dicen que tras los atentados del 11-S, las agencias de información de EEUU empezaron a analizar las razones por las que no fueron capaces de prever lo que ocurrió. Lo que nos dijeron es que una de las causas fue que sustituyeron a las personas por la tecnología, el trabajo sobre el terreno por la vigilancia a distancia, los espías por los drones.

Creo que a los que no pertenecemos a los servicios secretos también nos está ocurriendo lo mismo. Las pantallas y las aplicaciones están sustituyendo a la charla de café y a la llamada de teléfono «por que si».

Admito que soy el primero en caer en esa dinámica. En primer lugar porque como repito con frecuencia, no soy una persona tímida, pero si soy introvertido. Es decir, que prefiero estar a solas con mis pensamientos que relacionándome con otras personas.

Como dicen que ocurre con los ludópatas, si te lo ponen a huevo, es fácil caer en la tentación. En este caso, la tentación es relacionarte cada día más a través de cacharros y cada vez menos con el contacto personal. Si tienes un ordenador o un móvil, ¿para qué vas a pasar por el momento incómodo de salir a la calle a interactuar?

Las personas no funcionamos por algoritmos

Uno de los tópicos de algunas películas y series relacionadas con la tecnología es que los que antes eran unos «frikis» perdedores, hoy dominan el mundo. La clave está en que ellos han entendido como funcionan las cosas en Internet. Controlan los algoritmos o, algo mejor, son ellos quienes los crean. De ese modo son capaces de predecir, incluso de dirigir lo que ocurre en La Red que, hoy, lo domina todo.

Lo que ocurre es que las personas no actuamos según un algoritmo, aunque los psicólogos intentan descifrarlo. Así que, somos bastante impredecibles y, por lo tanto, incontrolables.

Y eso complica mucho las cosas para algunos «cabezacuadradas» como yo que nos volvemos locos cuando los planes no salen como deseas simplemente porque hay un «factor humano» que lo cambia todo.

La Marca Personal se basa en generar un impacto en otra persona

La incongruencia surge cuando, al hablar de Marca Personal, se elimina la parte PERSONAL. Si lo piensas, las personas que te han dejado huella, que han producido un impacto profundo en tu vida, seguramente han sido aquellas que has tenido más cerca. Una abuela, un profesor, una amiga o un jefe han hecho más por ti (para lo bueno y para lo malo) que doscientas imágenes de Instagram o cuarenta artículos como este.

Las relaciones cara a cara dan miedo y por eso tendemos a sustituirlas por cacharros. Hablar en público, relacionarte con desconocidos en un evento o simplemente llamar por teléfono, suelen ser situaciones incómodas.

Por lo tanto, y esto es algo que me planteo cada día con más frecuencia, nuestra Estrategia Personal debe volver a dar más peso a la piel que a la pantalla, a la mirada que a la imagen. Y digo esto sabiendo que me da muchísima pereza y que no soy un artista de las relaciones humanas.

En tu cabeza sonaba muy bien

Hay una frase que repiten los estrategas militares que dice que ningún plan resiste el primer contacto con el enemigo. Lo que quiere decir es que, aunque te hayas montado una película perfecta en tu cabeza, aunque hayas dedicado horas a preparar una presentación o, aunque tengas un diálogo increíble para seducir a la persona que te gusta, todo eso es papel mojado cuando tienes delante a una audiencia o a la persona de tus sueños.

Creo que eso les ocurre mucho a los marketinianos, a los políticos o a cualquiera de nosotros al decidir lo que vamos a decir. Ahora mismo, mientras escribo esto estoy tratando de decir las cosas de un modo convincente, pero en el momento en que lo leas tus pensamientos serán incontrolables para mi.

Yo podré pensar que esto que estoy contándote tiene «sustancia», pero posiblemente tú estarás diciendo «ya está el gilipollas este con sus chorradas, a ver si me cuenta algo que me sirva para ganar pasta». Pues eso mismo aplícalo a la vida real. ¿Cuántas veces estás contando o escuchando algo y tu cabeza o la de la otra persona está pensando «y a mi, ¿Qué coño me importa?»? Las personas somos así, de nuestra padre y nuestra madre (con perdón).

Los recursos que necesitamos, el dinero, el tiempo, el apoyo moral, los contactos, todo o casi todo nos lo van a proporcionar otras personas. Por lo tanto, ¿no habría que dedicar tiempo a mejorar las relaciones (yo el primero) igual que lo haces cuando aprendes SEO, a crear el perfil perfecto en LinkedIn o a entender como funciona Google?

Lo de manejar el mundo a través de una pantalla o con drones queda muy bien en una película de acción, pero no suele funcionar en el mundo real y tampoco en el personal.





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