Empleados. Un empleo no es un matrimonio

Ya hace un tiempo que decidí no volver a hablar de Marca Personal dentro de una empresa. Aunque en teoría es todo muy bonito, lo cierto es que, en cuanto te pones a hablar con los que dirigen el cotarro, todo son pegas. Empiezan a recortar lo que puedes decir y, al final queda un engendro que se parece poco o nada al concepto de Marca Personal.

No le hables de estar en Redes Sociales, bueno sólo un poquito de LinkedIn y como herramienta para vender. De animarles a tener un blog, dar conferencias o relacionarse con los medios, mejor ni mentarlo.

Está fenomenal que los profesionales que trabajan en una organización tengan muchas más habilidades e intereses que podrían utilizar internamente. Pero casi mejor que se centren en lo que dice su «Job Description» y se olviden de sus mierdas. Es el equivalente al «yo sólo voy a hacer lo que me piden» pero desde el otro lado de la mesa.

Si hablamos de valores, objetivos y visión, pues queda como una anécdota. Lo cierto es que, por mucho que nos digan que uno debe trabajar en aquello que le gusta, la realidad es que uno se mete donde puede y consiga tener algún ingreso. Así que, no les hables de un caramelito que no van a tener no vaya a ser que se reboten.

Y así con todo. Así que, mucho tienen que cambiar las cosas para que vuelva a tratar de convencer a quienes dirigen las organizaciones de que animar a sus profesionales a dejar huella, generar un impacto y hacerse visibles es algo bueno para todos.

No te casas con tu empresa

Con frecuencia hablo con directivos y algunos expertos en R2H2 que me dicen de manera más o menos velada que, desde el momento en que un profesional firma un contrato con una empresa, sus actividades fuera del horario laboral también les pertenecen.

Es decir que, si al terminar la jornada laboral, un profesional decide asistir a eventos de networking, escribir artículos sobre su profesión (NO sobre la empresa en la que trabaja) o crear un blog, un podcast o un libro, esto será mal visto o incluso prohibido por la empresa.

Eso puede tener sentido cuando tienes una pareja con la que has decidido compartir tu vida, pero es absurdo, incluso inmoral, que alguien a quién le vendes tu trabajo, decida que las otras dieciséis horas de tu vida de un día normal (fines de semana aparte) tengan que estar bajo su control.

Hoy más que nunca, no sólo tienes el derecho sino también la necesidad de mantenerte vivo profesionalmente. Por eso nadie debería impedirte mostrar y compartir lo que te hace valioso. Quizás los futbolistas y otros deportistas de élite puedan «vender» su imagen a una sola marca, pero con el resto de profesionales, esto es un suicidio.

El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro

Creo que hay mucho miedo en las empresas. Miedo a perder el control. Miedo a que algunos de sus profesionales tengan más influencia que la propia empresa. Miedo a que se escape la información. Miedo a que alguien meta la pata. Miedo a que les roben a sus profesionales (ya sabes, eso que llaman retener el talento). Mucho miedo.

¿Cuál es la solución? Pues convertir a las organizaciones en versiones reducidas de Corea del Norte. Está permitida la Marca Personal, si, pero sólo la del gran líder. Hay que evitar disidentes, rebeldes e innovadores. Y para eso ya se gastan una pasta en procesos de selección y tests de personalidad que eviten que alguien deje su propia huella en lugar de llevar la de la empresa en la frente.

Luego se quejan de que la gente joven no tiene valores. Claro que los tiene, pero no son los que les quieren imponer. No es que los jóvenes sean infieles, es que no puedes decidir que la relación sea abierta sólo para una parte.

Luego se quejan de que la gente renuncia a sus empleos. Nos ha jodido, si cada vez me tratas peor (por mucho «Chief Happiness Officer» u otras mandangas que me metas), buscaré otras formas más agradables y posiblemente más rentables de ganarme la vida.

Luego se quejan de que la gente no se compromete. Lo que ocurre es que el compromiso («Acuerdo formal al que llegan dos o más partes tras hacer ciertas concesiones cada una de ellas.» RAE) afecta a ambas partes… como en el matrimonio. No sólo en aquello que te convenga a ti.

Cuida la relación, no me metas en una jaula

Decía mi madre que si quieres que una relación se mantenga y se fortalezca debes dejar libertad a la otra persona después de haber fijado unas normas básicas. Creo que las empresas todavía no han entendido eso.

Si tu empresa ofrece algo realmente interesante (no sólo un salario) y que vaya más allá de esas operaciones marketinianas del tipo Great Place to Work y similares. Si consigues que la gente se sienta libre para estar o quedarse. Si se fijan algunas reglas de comportamiento y comunicación aceptadas por todos. Entonces podrás dejar la jaula abierta sin miedo.

Si animas a hacerse visibles a los pocos (si, la realidad es que pocos profesionales quieren potenciar su Marca Personal mientras tengan un salario) que quieran convertirse en embajadores de marca, que se partan la cara por tu empresa, que sientan que están haciendo algo que merece la pena, entonces las cosas empezarán a cambiar.

Mientras tanto, tus miedos, tus inseguridades y tu obsesión por el control de la información y la «retención» del talento, conseguirán que los mejores candidatos se alejen lo máximo posible.





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