Integridad. Todos tenemos un pasado

Creo que si hay algo que caracteriza estos tiempos que vivimos es la tendencia a no creernos nada. Desde hace ya muchos años cada día nos encontramos con un escándalo nuevo, con un político, empresario o persona «importante» que ha sido pillada haciendo justo lo contrario de lo que predica.

Además, hoy todo se sabe con muchísima rapidez. Posiblemente en el mundo preinternet, si cometías un error o un delito o te pillaban con el carrito del helado, podías intentar rehacer tu vida en otro sitio. Hoy es imposible.

Hay escándalos y contradicciones que no tienen perdón. No puedes pasarte la vida diciendo que algo es pecado y convertirte en juez implacable y, en cuanto tienes la posibilidad de hacerlo, caer en la tentación.

Dicho esto, también creo que no somos santos, incluso diría que las vidas de muchos santos se caracterizan por haber sufrido una transformación. Personas a las que consideramos honorables, buenas y ejemplares, antes tuvieron una vida agitada, como mínimo.

Todos tenemos nuestros cadáveres en el armario y todos tenemos un pasado. Quizás nuestros delitos o pecadillos son veniales, incluso comprensibles. O puede que hayamos cambiado y que lo que hace algún tiempo nos parecía inaceptable, hoy nos parece razonable, incluso positivo.

Si buscas en las cosas que he escrito, seguramente encontrarás más de una contradicción. Es más que probable que mi yo del presente esté dando «zascas» a mi yo del pasado. Eso es lógico, pero cada día debería ser menos frecuente.

De nuevo el Propósito, los Objetivos y los Valores

Una vez más, al tratar un elemento de la Estrategia Personal, acabamos volviendo al principio. Me refiero a identificar lo que quieres, lo que consideras importante y lo que nunca admitirías. Propósito, Objetivos y Valores.

Al tener un faro que te oriente y unas líneas rojas que te pongan límites a tus acciones, será más difícil que hagas algo incoherente. Si consideras que tu Objetivo es ganar dinero a cualquier precio y sin barreras éticas de ningún tipo, nadie se sorprenderá de que lo hagas. Incluso habrá quien considere que eso puede ser interesante para algunas actividades.

Lo que no puede ser es que o carezcas de esa brújula moral o que, teniéndola, no hagas ni puto caso.

La falta de un rumbo, genera inconsistencia, transmite falta de integridad y, por lo tanto, desconfianza. Y en esa situación, ¿Quién estará dispuesto a elegirte? Bueno, salvo que te dediques a la política y todo eso se te perdone siempre que seas «de los suyos».

Se puede tener un pasado, pero hay que justificar el presente

Claro que todos hemos metido la pata, dicho algunas mentirijillas o cambiado de opinión, incluso de prioridades. Eso no sólo es normal sino que yo diría que es hasta saludable. De todo se aprende, solemos tomar las mejores decisiones con la información que tenemos en cada momento y la experiencia de la vida nos hace ver cosas que antes ni nos planteábamos. Pero hay que justificar esos vaivenes.

Lo bueno de dospuntocerolandia es que casi todo lo que hacemos es visible. Lo malo de dospuntocerolandia es que casi todo lo que hacemos es visible.

Es cierto que, en el momento en el que decimos algo en una Red Social o defendemos una posición en cualquier plataforma, eso queda guardado. Así que somos más vulnerables al estar más expuestos. Pero esa misma visibilidad de nuestras palabras y acciones nos permite justificar y defender esos cambios de criterio o de comportamiento.

Es más, si llevas ya un tiempo, unos años abriéndote a cualquiera que te pueda escuchar, te será más fácil defender tu evolución. Pero eso será más complicado en la medida en que esos cambios sean más extremos.

Hacer lo que dices

De todos modos, lo más grave y lo que debilita más tu Prestigio, tu Marca Personal no es un cambio de opinión o de criterio con respecto a lo que pensabas en el pasado sino defender una postura y hacer lo contrario de lo que predicas al mismo tiempo.

Creo que todos conocemos personas o profesionales que muestran una cara en público, pero que actúan de forma completamente distinta cuando cae el telón.

Para mí, la integridad es precisamente mantener esa consistencia entre lo visible y lo invisible, entre lo que se dice y se hace. Como profesional es especialmente importante aplicarte aquello que defiendes. Ojo, no es fácil. Puedes conocer la teoría, pero la práctica se te puede «hacer bola», o puedes tener presiones externas o no tener la fortaleza mental para actuar correctamente (según tú).

Lo que no debes hacer es ponerte en plan inquisidor y mandar al infierno a quienes, como a ti, les cuesta pasar de las musas al teatro. Debes tener la humildad de reconocer tus debilidades y disculparte o explicar tu cambio de criterio.


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