Precio. Se acabó lo que se daba

Esta semana me enteré por casualidad que el canal Disney+ que estaba incluido en la oferta de Movistar, se sacará de sus contenidos y habrá que pagarlo aparte.

No es la primera noticia de este tipo que hemos visto últimamente. No sólo eso, sino que parece que esa tendencia va a más. Si quieres algo «especial», te tocará pagar un suplemento.

Todos estamos viendo como las Redes Sociales, X, y todo lo que estábamos acostumbrados a usar de forma gratuita empieza a pasar a modelos premium. Aunque lo de gratuita es un decir porque ya sabes aquello de que cuando un servicio es «gratis», el producto eres tú.

Estaba claro que este día iba a llegar. Incluso me parece lógico que las empresas traten de ganar dinero, pero los usuarios o nosotros mismos como profesionales tendremos que tomar nota y aplicarnos el cuento.

Yo no tengo intención de apuntarme a un Disney+ que hace años que perdió su esencia. Ni voy a dar dinero a Zuckerberg para que cubra las deudas de su desastroso Metaverso. Pero es evidente que, si quieres contenidos de calidad, habrá que pagarlos. Vamos, como toda la vida.

Cuando todo es gratis, pierde su valor

Quevedo ya acuñó aquello de «solo el necio confunde valor y precio». Lo que está claro que, a partir de ahora habrá que ser muy cuidadoso al pagar por algo que, muy posiblemente carece de valor.

Parecería que ahora que todo el mundo comparte contenidos y dospuntocerolandia está abierto a cualquiera, no haría falta recurrir a personas, documentos o fuentes de información «de pago» porque, en teoría, todo está ahí, disponible, sólo hay que cogerlo.

Pero curiosamente, cuando hemos llegado a un punto en el que cualquiera puede divulgar sus ideas, estas ya no valen demasiado. La razón es sencilla, cuando no hay filtros, editores o validadores, lo que alguien cuenta puede ser cierto, relevante o útil… o todo lo contrario.

Cuando lo que ves no sabes si es auténtico o un meme creado con IA, una teoría de la conspiración creada en un laboratorio de ideas o una paja mental que se le ha ocurrido a alguien con una creatividad desbocada, entonces ya nada vale. Y ocurre algo más grave, que posiblemente las buenas ideas se pierdan entre tanta basura.

Separar el grano de la paja tiene un coste

Y de nuevo volvemos al mundo pre-Internet. Ese en el que comprábamos libros por los autores o las editoriales, veíamos películas porque eran de Spielberg o Kubrick, leíamos prensa porque conocíamos a los periodistas o escuchábamos las canciones que nos proponían los 40 principales.

Evidentemente detrás de todo eso había mucha manipulación. No siempre lo más conocido era lo mejor (especialmente con los 40) y nos estábamos perdiendo muchas cosas valiosas.

También podríamos decir que en Spotify, Netflix o Amazon hay una oferta a la que antes no podíamos acceder, pero me temo que quienes tienen la pasta o la influencia, consiguen que escuchemos, veamos o compremos lo que quieren. Vamos, como toda la vida.

Pero entre aquel mundo filtrado y este en el que nada es lo que parece, debería haber un punto medio. Como he dicho alguna vez, quien tiene la información hoy ya no tiene el poder. El poder es de aquellos que consigan ser fiables y que consigan que, aquellos que les siguen, tengan la convicción de que lo que dicen «va a misa».

Pero el esfuerzo de validar las fuentes, buscar la información relevante y organizar los conocimientos tiene un coste, requiere tiempo, energía y dinero. Y creo que ese es el mundo al que nos dirigimos.

Ahora es cuando la Marca Personal se vuelve imprescindible

Desgraciadamente el concepto de Marca Personal ha pasado por una época oscura porque se relacionaba con la visibilidad, con los «infuencers» o con el número de seguidores. Pero creo que todo esto que está sucediendo va a devolver la idea a los orígenes. Va a hacer entender que una marca, personal o comercial, se basa en la credibilidad, en la confianza.

Si estás dispuesto a pagar más por un móvil, un paquete de leche o una plataforma de televisión es porque sabes lo que puedes esperar, porque lleva años haciendo las cosas de una determinada manera. Y eso se paga.

Con las personas ocurre lo mismo. Si sigues a alguien y consumes sus contenidos es porque te da lo que buscas, porque lo que cuenta es cierto o porque lo que hace es valioso. Y todo eso de forma consistente y repetible. Esa es la esencia de la Marca Personal, no un «selfie» al borde de un acantilado.

Así que parece que todo va en la misma dirección. Si quieres que alguien haga el trabajo de selección o creación por ti, tendrás que remunerarlo, pagar por los servicios prestados, darle algo a cambio de ahorrarte el trabajo y darte la tranquilidad de que lo que recibes es fiable y útil.

Y no, la IA no vale porque no es más que una máquina de hacer salchichas de información con una «carne» que no sabes de donde viene.

Creo que el año que viene va a ser el del Premium, el de «si quieres algo bueno, tendrás que pagarlo». Te lo digo como consumidor y como creador. Y si quieres que te tomen en serio (y te paguen), preocúpate de que tu Marca Personal sea útil y, sobre todo, fiable. Gánate las cinco estrellas.

Ah, y no hagas como los políticos que te piden que les des tu confianza, porque esta no se pide, se gana… con mucho tiempo y coherencia.





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