Comportamiento. El odio lleva al lado oscuro

Podemos teorizar todo lo que queramos sobre la Marca Personal, sobre el autoconocimiento, el análisis de fortalezas o la creación de la propuesta de valor. Todo eso y muchas más cosas son importantes y necesarias para posicionarnos como deseamos, pero si no pasamos de las musas al teatro, es imposible que dejemos huella.

Una Marca Personal sólo se deja cuando actuamos, cuando generamos experiencias en los demás. En el momento en el que convertimos las ideas en acciones es cuando los demás pueden juzgar lo que somos.

Podemos pensar que nuestras ideas son estupendas y que nosotros somos de una determinada manera, «en mi cabeza sonaba fenomenal», pero son los demás quienes van a juzgar todo eso en función de nuestro comportamiento.

Hay gente para todo

Siempre he dicho que hay gustos de todo tipo y seas como seas siempre habrá alguien que conecte contigo. Así que, no se trata de que todos nos comportemos igual. Pero creo que hay algunas formas de actuar que tienen muchas posibilidades de ser descalificadas.

En las empresas se habla de la experiencia de usuario. Según la Wikipedia, es el conjunto de factores y elementos relativos a la interacción del usuario con un entorno o dispositivo concretos, dando como resultado una percepción positiva o negativa de dicho servicio, producto o dispositivo.

Con nuestra forma de actuar vamos a crear una experiencia de usuario a nivel personal. En cada interacción, cada comentario en LinkedIn o cada tuit y cada foto en Instagram estamos generando una experiencia.

Cuando salimos del mundo virtual y volvemos al real, esa experiencia es aún más importante y fuerte. La forma de hablar, las reacciones ante una situación complicada o los gestos en una reunión van a ir creando una imagen mental de cada uno de nosotros en los demás.

Piensa antes de actuar

Creo que es especialmente importante cuidar nuestras acciones y comportamiento en un entorno como el de lo dospuntocero por dos razones.


La primera es que la facilidad y la inmediatez de las Redes Sociales facilita el que compartamos ideas y opiniones sin pensar demasiado. Y luego pasa lo que pasa.

Suelo decir que Twitter o X es como una pistola cargada en una pelea de borrachos. Es muy fácil que tus dedos «se disparen» y tecleen algo inconveniente en tu portátil o en tu móvil cuando estás «caliente». Por eso me gusta el blog u otros canales más tranquilos. Al tener que reflexionar sobre lo que vas a escribir en algo que te puede requerir un buen rato, es menos probable que digas tonterías.

La segunda es que, a diferencia del mundo real en el que puede ver la cara de tu interlocutor, en Internet simplemente lanzas tu mensaje en una botella virtual y no sabes quién va a recogerla ni como va a reaccionar. Y lo que quizás quisiste comunicar con la mejor intención puede que acabe enfadando a alguno de los ofendiditos que se multiplican en La Red.

Por eso, cada vez más, creo que hay que potenciar las situaciones en las que la comunicación sea directa y personal, de tal modo que esa experiencia de usuario (clientes, empleadores, pareja, amigos,…) se pueda mejorar y ajustar.

El miedo lleva a la ira

Esto de tratar de influir a través de una pantalla es parecido a esas escenas de películas de acción en la que, desde una sala oscura llena de monitores enormes, una persona dirige un dron para destruir al enemigo y todos lo ven en directo.

Desde la comodidad de tu casa o desde un tren de cercanías puedes sentirte muy seguro diciendo cosas, lanzando misiles y pensando que no te van a afectar. Pero creo que en las Redes Sociales deberían incluir algunas líneas de la doctrina Miranda, «Tiene el derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que diga puede y será usada en su contra».

Por eso, en una oficina, al tratar al camarero que te sirve el menú del día, al mantener una conversación cara a cara o en una videoconferencia o al publicar cualquier contenido en La Red, debes pensar qué efecto vas a producir.

Ya sabemos aquello de que no se puede cambiar una primera impresión. No estoy de acuerdo, pero está claro que esa primera o segunda o enésima impresión va a ir definiendo lo que los demás pueden esperar de ti, si merece la pena seguir relacionándose contigo o si te has ganado un voto de confianza.

Cuida tu comportamiento, genera buenas «experiencias de usuario».





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