Público. Seguidores o Clientes

Cada día con más frecuencia veo en los medios a personas que se autodenominan «influencers». Ya no hace falta que tengan millones de seguidores, ahora con acumular unos cuantos miles, ya parece que es suficiente. Simplemente basta con cambiar el nombre y llamarlos «microinfluencers» u otros nombres parecidos que les permitan unirse a esa tribu.

Siempre he pensado que al utilizar el término en inglés «influencers» en lugar de hablar de INFLUYENTES es una forma de no terminar de creerse que sus acciones tuviesen alguna capacidad para cambiar las cosas más allá de animar a comprar una camiseta o elegir un local de moda.

Creo que todo esto empezó cuando se sustituyó la rentabilidad económica de hacer un trabajo por la nueva moneda de MONOPOLY que nos trajo lo dospuntocero, los seguidores, fans o «followers».

Como se solía bromear en algunas redes, algunos decían que habían dicho a la persona que les atiende en el supermercado que tenían tropecientosmil seguidores y que, a pesar de eso, les había hecho pagar la compra.

Los seguidores no son clientes

Podemos debatir todo lo que quieras sobre la importancia de tener seguidores, de conseguir un número gordo de personas que se supone que están pendientes de ti en las redes, pero lo cierto es que, cuando el esfuerzo por seguirte se limita a dar con un pulgar en una pantalla de móvil, no parece que vayan a dar la vida por ti.

Que sí, que si los números son grandes, quizás llamen la atención de una empresa que considere que puedes convertirte en una valla publicitaria humana. Y quizás te paguen por ello alguna vez, en dinero o en especie.

Que sí, que si tienes seguidores a los que les ha gustado algo de tu contenido quizás se lo recomienden a otros. Lo que ocurre es que con lo dospuntocero ha acabado ocurriendo algo mucho peor que cuando nos decían que cada día recibíamos nosecuantos miles de impactos publicitarios y por eso cada día era menos eficaz. Lo que ocurre es que eso mismo ocurre ahora con personas y mensajes y multiplicado muchas veces.

Que sí, que si no estás en Internet no existes (eso lo dicen quienes sólo existen en Internet), pero parece que se olvida que a los demás no les importamos nosotros (excepto a nuestra familia) y que si nos siguen no es porque «tu lo vales», sino porque «lo que vale» es lo que ofreces.


Quieres que te quieran o que te compren

Que sí, que ya sé que si no te conocen y no confían en ti, no te compran. Pero si te conocen y te siguen y no saben lo que vendes porque quizás ni siquiera tú sabes cual es tu oferta, entonces estás perdiendo el tiempo, salvo que lo que busques es sentirte querido por gente que ni te conoce ni conoces.

Durante los años que llevo como Profesional Libre he comprobado que tus clientes, los que están dispuestos a pagarte por tu trabajo normalmente no son tus seguidores. Quizás es porque están acostumbrados (o les has acostumbrado) a que se lo des todo gratis.

Quienes normalmente han comprado mis libros o han contratado mis servicios son personas que han llegado a mi trabajo haciendo una búsqueda o por recomendación de personas con las que he trabajado anteriormente.

Precisamente por eso hay que tener una presencia en el mundo real o virtual en foros y en plataformas que no se basen en conseguir grandes cifras de seguidores sino en ser fácilmente localizable y accesible y en donde se vea, con facilidad, quién eres y lo que puedes ofrecer.

Si para contratarte, comprar tu oferta o confiar en lo que dices tengo que estar dándole al «scroll» y revisando fotos o vídeos «random» en una Red Social de entretenimiento, quizás te dé algunos corazoncitos, pero dudo mucho que te elija o adquiera algo de lo que me ofreces.

Bienvenidos los seguidores tranquilos

Hace poco hablaba de los «contenidos lentos», esos que te piden algo más de esfuerzo que un vistazo rápido a una foto o un video corto.

Se insiste mucho en que ahora apenas hay capacidad de atención, pero creo que hay personas que siguen teniendo interés en profundizar en las cosas. Lo que no tiene sentido es que todos caigamos en el mismo error y tratemos de convertir cosas que requieren calma y reflexión en un «reel» de Instagram.

Hace mucho que me quedó claro que hay que volver a los clásicos, a los libros, a los documentales y películas «lentas», a los contenidos que no se empeñan en sorprender constantemente. Eso implica pensar más en clientes o enamorados de un tema que en seguidores fugaces.

Creo que estamos en una fase en la que lo que creemos y compartamos va a ser de dos tipos, la de entretenimiento que ofrece contenidos fugaces e impactantes que busca seguidores y la de formación e información que ofrece contenidos con más sustancia y reflexión que busca clientes o personas inquietas con ganas de aprender.





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