Cuando la Marca Personal se confunde con cosas que no lo son

Hay profesionales excelentes que sienten un rechazo casi inmediato cuando escuchan hablar de Marca Personal.

No quieren «venderse». No quieren convertirse en influencers. No quieren presumir de sus logros ni pasarse el día publicando en LinkedIn. Tampoco quieren fabricar un personaje, posar como expertos en todo o transformar cada café con un colega en una oportunidad de networking.

Lo curioso es que estoy bastante de acuerdo con ellos.

El problema es que muchas de las críticas que recibe la Marca Personal no se dirigen realmente contra la Marca Personal, sino contra algunas de sus caricaturas.


Durante los últimos años, el concepto se ha mezclado con visibilidad, redes sociales, marketing, emprendimiento, apariencia, fama y autopromoción. Y cuando metemos todo eso en el mismo saco resulta comprensible que haya profesionales que prefieran mantenerse alejados.

Pero quizá convenga separar unas cosas de otras.

Porque puedes decidir no hacer Personal Branding. Lo que difícilmente puedes conseguir es que los demás dejen de formarse una opinión sobre ti.

Dejar Marca Personal no significa convertirte en una marca comercial

Probablemente una parte importante del rechazo comienza con la propia palabra «marca».

Las marcas son Coca-Cola, Apple, Nike o Zara. Son empresas, productos y servicios. Así que aplicar el mismo término a una persona puede producir una reacción bastante razonable: «Yo no soy un producto».

Efectivamente. No lo eres.

Trabajar la Marca Personal no consiste en convertir a una persona en un bote de detergente con logotipo, eslogan y campaña publicitaria.

Consiste en reconocer algo mucho más cotidiano: otras personas construyen una idea sobre nosotros a partir de lo que hacemos, decimos y demostramos.

Después de trabajar contigo durante un tiempo, alguien puede pensar que eres fiable, creativo, caótico, riguroso, generoso, especialista en determinado asunto, magnífico resolviendo problemas o peligroso cuando se acerca una fecha de entrega.

Eso ya está ocurriendo.

Podemos discutir si «marca» es la palabra más bonita para describirlo. Pero el fenómeno existe independientemente del nombre que le pongamos.

Y eso cambia bastante la conversación.

No puedes decidir si dejas huella, pero sí cuánto quieres gestionarla

Aquí hay una distinción que suele perderse.

Dejar Marca Personal no es opcional. Gestionarla sí.

Mientras trabajes, estudies, colabores, dirijas, atiendas clientes, participes en reuniones o simplemente te relaciones profesionalmente con otras personas, producirás impresiones.

Naturalmente, esas impresiones pueden ser incompletas, injustas o contradictorias. Pero existen.

Otra cosa muy distinta es decidir cuánto esfuerzo quieres dedicar a comprenderlas e influir sobre ellas.

No todo el mundo necesita una estrategia sofisticada. No todos necesitamos publicar contenidos. Ni tener una web. Ni convertirnos en conferenciantes. Ni aspirar a ser conocidos fuera de nuestro pequeño territorio profesional.

Un especialista técnico puede querer ser reconocido únicamente entre unos cientos de profesionales de su sector. Una directiva puede necesitar fortalecer su credibilidad dentro de su organización. Un autónomo quizá necesite ampliar su notoriedad para conseguir clientes. Y un recién graduado puede empezar simplemente consiguiendo que quienes trabajan con él lo asocien con determinadas cualidades.

Son problemas diferentes.

Por eso resulta absurdo pensar que existe una única forma correcta de gestionar una Marca Personal.

Mostrar lo que haces no equivale a «venderte»

Hay una expresión que nunca me ha gustado demasiado: «Tienes que aprender a venderte». Entiendo lo que pretende decir, pero genera una confusión importante.

Tú no eres la mercancía.

Puedes vender un servicio, una solución, conocimiento, experiencia o trabajo. Puedes negociar unas condiciones profesionales. Puedes explicar por qué eres una opción adecuada para determinado proyecto. Pero una persona no debería tener que convertirse en un anuncio ambulante de sí misma.

La pregunta interesante no es: «¿Cómo consigo parecer más valioso?»

Es otra: «¿Qué valor puedo aportar y cómo consigo que las personas adecuadas sepan que puedo aportarlo?»

Parece una diferencia semántica, pero cambia completamente la forma de actuar. En el primer caso, el centro está en aparentar. En el segundo, está en aportar y comunicar.

Y comunicar no debería servir para sustituir al mérito, sino para evitar que el mérito permanezca invisible.

Hacer bien tu trabajo puede no ser suficiente

Este es otro asunto que genera confusión, especialmente para quienes hemos crecido con la idea de que basta con trabajar bien para que alguien termine reconociéndolo.

Ojalá fuese siempre así.

El problema es que el trabajo habla por ti solamente ante quienes tienen ocasión de verlo.

Puedes ser extraordinariamente competente y permanecer fuera del radar de quienes podrían recomendarte, contratarte, proponerte para un proyecto o pedirte ayuda.

No existe un departamento universal encargado de detectar discretamente a todos los profesionales competentes del planeta y entregarles las oportunidades que merecen.

Eso significa que la visibilidad cumple una función. Pero visibilidad no significa necesariamente exhibicionismo.

Puedes escribir sobre aquello que conoces. Presentar un proyecto. Explicar un caso. Compartir una experiencia. Participar en una asociación profesional. Enseñar a otros. Dar una charla. Ayudar a un compañero. Documentar tu trabajo. Mantener relaciones con personas de tu sector.

Internet ha multiplicado enormemente las posibilidades, pero Internet amplifica una Marca Personal, no la crea.

Mucho antes de LinkedIn ya existían profesionales con reputaciones extraordinarias.

Ser visible tampoco significa presumir

Aquí aparece otro freno frecuente. Hay personas a las que les resulta incómodo explicar lo que hacen bien porque sienten que están presumiendo. Sin embargo, entre ocultar tus capacidades y recordar constantemente al mundo lo maravilloso que eres existe un territorio enorme.

Puedes decir: «He trabajado diez años en este tipo de proyectos». Eso es información.

Puedes enseñar un proyecto que has realizado. Eso es evidencia.

Puedes explicar lo que aprendiste resolviendo un problema. Eso puede ser conocimiento útil para otros.

Otra cosa es convertir cada conversación en una ceremonia de homenaje a tu extraordinario talento.

La humildad no exige mantener tus capacidades en secreto.

Además, una buena visibilidad profesional no debería consistir únicamente en hablar sobre ti. De hecho, suele resultar mucho más interesante cuando hablas de problemas, ideas, experiencias y soluciones relacionadas con aquello que sabes hacer.

Entonces dejas de reclamar atención y empiezas a proporcionar razones para prestártela.

La comunicación no puede sostener indefinidamente una reputación sin sustancia

Quizá parte de la mala fama de la Marca Personal proceda precisamente de haber colocado demasiado énfasis en la comunicación.

Fotografías profesionales. Perfiles perfectamente redactados. Publicaciones. Vídeos. Frases contundentes. Historias personales cuidadosamente construidas. Todo eso puede influir en la percepción. Pero existe un inconveniente. Después hay que trabajar.

Y cuanto mayor sea la distancia entre lo que comunicas y lo que demuestras, más frágil será tu reputación.

Una gran comunicación puede conseguir que alguien te dé una primera oportunidad. Difícilmente conseguirá que te dé la quinta si las cuatro anteriores han sido un desastre.

Por eso el Branding Personal no debería utilizarse para compensar la falta de competencia. Es justo al contrario. Primero debe existir algo que merezca ser reconocido: conocimientos, capacidades, criterio, comportamiento, resultados, experiencia o una forma determinada de resolver problemas.

La comunicación ayuda a hacerlo visible. El envoltorio puede reforzar el producto. No debería intentar sustituirlo.

Ser diferente tampoco significa creerte superior

Existe además una resistencia cultural a la idea de «diferenciarse».

Especialmente en entornos donde destacar individualmente puede interpretarse como arrogancia, ambición excesiva o falta de espíritu de equipo. Pero diferenciarse profesionalmente no consiste en anunciar que eres mejor que todos los demás.

Consiste en facilitar que los demás comprendan para qué eres especialmente útil.

En un equipo necesitamos precisamente diferencias.

Uno entiende al cliente mejor que nadie. Otro domina determinada tecnología. Alguien mantiene la calma cuando aparece una crisis. Otro convierte un caos de información en un plan comprensible.

La especialización no destruye necesariamente al grupo. Puede hacerlo más fuerte.

Ser reconocible no exige ser protagonista. Y ser diferente no implica considerarte mejor.

De hecho, una Marca Personal útil debería ayudarte a encontrar aquellos lugares, proyectos y personas donde tus peculiaridades tengan más sentido.

Tampoco necesitas convertirte en famoso

Las redes sociales han introducido otra confusión: utilizar métricas de audiencia para medir reputación. Seguidores, visualizaciones, suscriptores, impresiones.

Son datos útiles para algunas cosas. Pero notoriedad y reputación no son exactamente lo mismo.

Puedes tener cientos de miles de seguidores y que nadie tenga demasiado claro por qué debería confiar profesionalmente en ti.

Y puedes ser desconocido para el 99,99 % de la población y tener una reputación extraordinaria entre cincuenta personas fundamentales de tu sector.

Una Marca Personal fuerte no necesita que te conozca mucha gente. Necesita que las personas relevantes sepan asociarte con algo valioso.

Esto resulta especialmente importante para quienes creen que la Marca Personal es solamente para emprendedores, directivos, famosos o personas que viven de Internet.

Una recepcionista tiene Marca Personal. Un investigador tiene Marca Personal. Un comercial, un profesor, una ingeniera, un estudiante y un director general también.

El alcance será diferente.

El mecanismo es muy parecido.

Autenticidad y estrategia no son enemigas

Queda quizá una de las objeciones más interesantes.

«Si pienso estratégicamente en cómo quiero que me perciban, dejaré de ser yo mismo».

Solo si entendemos estrategia como fingimiento.

Gestionar tu Marca Personal no debería consistir en inventar un personaje atractivo para el mercado. Debería empezar precisamente por lo contrario: comprender mejor quién eres, qué haces bien, qué quieres conseguir, qué principios no quieres sacrificar y dónde puedes resultar útil.

Después decides qué necesitas hacer más visible.

Todos seleccionamos información sobre nosotros según el contexto. No cuentas lo mismo en una entrevista de trabajo que durante una cena familiar. Y no por eso una de esas dos personas es necesariamente falsa.

Seleccionar conscientemente lo que muestras no equivale a inventar lo que eres.

El problema comienza cuando necesitas representar permanentemente un personaje que no puedes sostener con tus actos.

Entonces ya no tienes una estrategia.

Tienes una ficción.

Y las ficciones profesionales suelen terminar encontrándose con los hechos.

Quizá el problema no sea la Marca Personal

Por supuesto que alrededor del Branding Personal hay superficialidad, narcisismo, recetas absurdas, promesas exageradas y personas mucho más preocupadas por parecer expertas que por llegar a serlo.

Como ocurre alrededor de casi cualquier disciplina que adquiere popularidad.

Pero sería un error confundir esas deformaciones con el fenómeno que intentamos gestionar.

Tu trabajo produce resultados. Tu comportamiento genera experiencias. Tus decisiones transmiten prioridades. Tus relaciones proporcionan información sobre ti. Y otras personas utilizan todo eso para decidir si confían en ti, te recuerdan, te recomiendan o cuentan contigo.

Puedes ignorar ese proceso.

También puedes intentar comprenderlo.

La finalidad de gestionar tu Marca Personal no debería ser conseguir que parezcas extraordinario. Debería ser conseguir que aquello que realmente puedes aportar resulte más fácil de entender, comprobar y recordar.

Y visto así, quizá la cuestión ya no sea si te gusta o no la Marca Personal.

La pregunta más útil sería otra: ¿la percepción que están construyendo los demás sobre ti se parece a la clase de profesional que realmente eres y quieres llegar a ser?

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1 Comentario

  1. Creo que es uno de los MEJORES artículos que definen lo que es la Marca Personal. Enhorabuena y gracias!!!

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