Producto semiterminado

«Estoy creando mi blog, en unos meses creo que estará listo», «Si, hace tiempo que empecé a escribir un libro, pero lo tengo aparcado», «Voy a lanzar un curso virtual, pero sigo recopilando material», «Tengo un equipo alucinante para grabar podcasts, a ver si me pongo con ello de una vez».

Seguramente te sonarán algunas de estas frases u otras parecidas. Cada día me encuentro con gente que me dice algo similar. Me hace gracia especialmente esa de que estás creando un blog desde hace meses porque, en realidad, podrías lanzar uno sencillo en cuestión de minutos y sin saber casi nada.

Pero tranquilo, a todos nos pasa. Yo mismo tengo unos cuantos proyectos aparcados a mitad de camino porque, por unas cosas o por otras, los vas dejando en tu almacén profesional cogiendo polvo y deteriorándose.

No dejes que tus proyectos acaben cogiendo polvo o, algo peor, que llegue alguien y te los robe

Cuando trabajaba en producción, logística y compras, denominábamos producto semiterminado o semielaborado a esa etapa intermedia entre una materia prima y un bien de consumo. Estaba en esa especie de limbo o purgatorio en el que no era ni chicha ni limoná.

Insisto en que yo soy el primero que comete ese pecado de empezar cosas con muchas ganas pero sin llegar a terminarlas. Una especie de productus interruptus que deja a todos insatisfechos y que no genera más resultados que la tristeza y la falta de confianza en uno mismo.

Como suele ocurrir en la mayoría de los asuntos personales y profesionales, el problema no está en las cosas, los recursos o los materiales sino en nosotros mismos.

Miedo. Este es un clásico. Es el que me encuentro con más frecuencia cada vez que doy un curso o charlo con alguien. Es muy habitual tenerlo todo preparado para empezar pero quedarse paralizado a la hora de ponerse manos a la obra. 

Como te digo, yo no me libro de este problema. Hace más de un año decidí que había que empezar a crear cursos virtuales. Me compré un buen micrófono Blue Yeti, unos focos LED, una cámara ZOOM q4n, un grabador ZOOM h5 y algunas cosas más que estuvieron cogiendo polvo durante meses.

Al final, acabé utilizando cosas mucho más sencillas y que tenía a mano como un móvil y un micrófono barato. Pero sólo acabé haciéndolo cuando desde Udemy me dieron caña para que lanzase mi curso de Marca Personal

El problema no era el equipo o la infraestructura, sino el temor, las dudas o la sensación de que no saliese bien, que perdieses tu ¿prestigio? o que descubriesen que, en realidad eres ese incompetente que estás convencido que eres.

Y luego, tras ese primer curso, nada, el silencio. Parece que si no tienes alguien echándote el aliento en la nuca, no te mueves.

Ahora, por fin, he decidido descongelar un montón de proyectos que tenía cogiendo polvo y ya van desarrollándose a buen ritmo.

Hay dos formas de romper este círculo vicioso. La primera es que haya alguien que te ponga tareas y una fecha límite. Eso es lo que me ocurrió con el curso y con los libros que he escrito, pero no siempre vas a tener a alguien metiéndote presión. Y todavía menos si trabajas por tu cuenta.

La segunda manera de sacar proyectos adelante es no pensarlo demasiado. Coger el toro por los cuernos y hacerlo. Mi experiencia es que, al final, las cosas salen mucho mejor de lo que temías. Y además, aunque tengas que dedicarle mucho tiempo a tu primera «criatura», lo que aprendes facilita, no sabes hasta que punto, las siguientes creaciones.

El tiempo o mejor aún, la falta de tiempo, es otro clásico para dejar proyectos aparcados. No niego que todos andamos bastante agobiados como para meternos en más follones, pero también he comprobado que aquellos que más lío tienen son aquellos que sacan más cosas adelante.

Recuerdo cuando en primero de carrera de Química, en parte porque me trasladé de Alicante a Madrid, me quedaron dos asignaturas y en segundo debía aprobar estas más el resto del curso. Me parecía imposible, pero lo saqué adelante. Curiosamente cuando tienes más presión, es cuando exprimes más el tiempo y aprovechas mejor tus recursos.

Del mismo modo, cuando te pones tareas y estableces unas fechas límite con un compromiso para ti mismo, es cuando los proyectos salen a la luz. Vale, puede que tardes un poco más de lo previsto, eso es normal especialmente si es la primera vez que haces algo, pero al final lo sacas. Y el chute de motivación que te proporciona ver tu creación, es como el retroceso de un disparo con un CETME, que ya está cargando el siguiente (perdón por la historieta de la mili).

Así que, ahora que llegan días de revisión y de planificación, te recomiendo que hagas una auditoría de proyectos aparcados, de productos semielaborados y de sueños casi olvidados. Puede ser una idea profesional, puede ser una relación personal, puede ser un deseo íntimo. Lo que sea. Pero es triste dejar cogiendo polvo y deteriorándose buenos materiales que podrían llegar a ser algo muy grande.





Compartir esta publicacion