Andrés Pérez Ortega/ octubre 8, 2019/ Producción/ 2 comentarios

Hace algunos años fui consciente de que un profesional no puede depender de que le llamen para realizar un servicio.

Me da igual que sea un profesional por cuenta ajena que sueña con un contrato fijo o un profesional independiente que busca clientes.

En épocas de vacas flacas, esa posición es tremendamente arriesgada porque dejas de tener el control de tu proyecto profesional para ponerte en manos de otros.

Yo mismo he pasado por épocas en las que la necesidad de profesionales como yo era escasa o simplemente los presupuestos de las empresas estaban a cero.

Por eso tengo muy claro que un profesional debe tener siempre un catálogo de Proyectos Paralelos que reduzcan su dependencia de la demanda de sus servicios. O dicho de un modo más claro, debemos acostumbrarnos a producir y no sólo a servir. Hoy es más necesario que nunca convertir los servicios en productos.

Un empleado que acude cada día a su cubículo o un profesional libre que ofrece sus servicios de asesoría, consultoría o formación dependen de la demanda o incluso de su estado físico o de salud. Si alguna de esas patas falla, todo se para.

Sin embargo, si nos acostumbramos a crear productos (físicos o virtuales) que no dependan de un único “cliente”, reduciremos el riesgo.

Yo ya llevo varios meses trabajando en un sistema de producción que me permita generar una oferta que reduzca mi dependencia de la demanda de un puñado de clientes.

Cuando llevas una quincena de años trabajando con ideas, no es sencillo “solidificarlas” en algo más o menos tangible. Pero siempre es posible.

De lo intangible a lo tangible

La pregunta que tienes que hacerte es:

  • ¿Puedo crear algo (sistema, método, “app”, programa, aparato,…) que haga lo que hago yo pero sin tener que estar presente?

Ya te digo que la respuesta es que si. Creo que todo (o casi todo) lo que hacemos puede transformarse en algo que no dependa de nuestra presencia física.

Extraer la esencia

Una vez que te convences de que eres capaz de sistematizar tu trabajo, debes pensar como un programador informático. Debes ser capaz de convertir lo que tienes dentro de tu cabeza en un sistema replicable.

Esto tiene un lado bueno y un lado malo. El lado malo es que, en cuanto seas capaz de crear algo que no dependa de ti, te conviertes en prescindible, especialmente si trabajas por cuenta ajena.

El lado bueno es que si lo que has creado es suficientemente potente y valioso, puedes convertirlo en una fuente de ingresos. Puedes crear un curso virtual, un libro, una franquicia, un programa de formación presencial,…

Montar la línea de producción

En cualquier caso, todo lo anterior se queda en fase de idea si no lo llevas a una línea de producción.

No me refiero a que compres o alquiles una nave enorme y la llenes de máquinas. Cuando hablo de profesionales que venden sus cualidades, la fase de producción no es tan compleja pero tiene sus dificultades.

Por ejemplo, en breve voy a empezar a sacar con regularidad nuevos programas relacionados con la Estrategia Personal. Precisamente para reducir la incertidumbre de ser llamado o no para impartir conferencias o programas presenciales.

Algunos de estos programas estarán en formato virtual. Y aunque suene sencillo, tiene su dificultad porque, al ponerte a ello, te das cuenta de que hay infinidad de variables que no habías considerado. Desde el diseño de los materiales hasta la calidad del sonido de los vídeos pasando por la elección de la plataforma o la decisión del precio.

Curva de aprendizaje

Lo interesante de todo lo anterior es que el primer producto/curso/oferta te ocupa (bastante) más tiempo del previsto. Además, vas a cometer todos los errores posibles. Pero el siguiente es mucho más rápido.

La curva de aprendizaje se suaviza muchísimo una vez que has empezado. Y, a partir de ahí, tu sistema de fabricación personal se optimiza con cada creación.

Una vez que te pones, vas descubriendo cosas que sobran. Tareas que puedes optimizar. Y lo que tardaste un mes en hacer la primera vez, se reduce a diez días la segunda y una semana la tercera.

Y no sólo eso sino que la calidad también mejora. Creo que eso se produce porque, en lugar de estar centrado en lo rutinario, puedes enfocarte en lo creativo.

Quizás estoy volviendo a mis orígenes. Siempre he sido un profesional de la producción, la logística y las operaciones. Si, me gusta crear productos e implementar procesos, mucho más que venderlos o “marketearlos”.

Si, ya sé que si no promocionas lo que haces, no vas a comerte un rosco. Y evidentemente lo seguiré haciendo, pero creo que es hora de equilibrar el sistema y volver a dar mucha caña a la producción y el producto personal/profesional.

Si no tienes nada CONCRETO que ofrecer, ¿como esperas dejar Marca Personal? ¿qué esperas que te compren si todo lo que tienes que vender eres tu mismo?

Si no tienes nada que vender, al final, el/la que se vende eres tú. Te conviertes en un producto. Y eso es justo lo contrario de lo que pretendía cuando empecé a desarrollar mi modelo de Marca Personal.

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2 Comentarios

  1. SALUDOS ! GRACIAS POR COMPARTIR CONCEPTOS SOBRE VENTAS Y SERVICIOS , FELICIDADES , EXITO !

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