Personalidad. Los buenos jefes son buenas personas… o no

Hubo un tiempo en el que, para realizar una afirmación sobre algún tema, había que tener algún tipo de fundamento o dato, normalmente basado en un estudio de alguna universidad, publicación o institución fiable. Luego, simplemente bastaba con decir que algo era cierto porque “lo habían dicho en la tele”. Hoy cualquiera puede decir lo que le parezca simplemente porque ha tenido esa ocurrencia y lo divulga en las redes.

Me parece perfecto y defenderé siempre el que todos tengamos la libertad de expresarnos, aunque algunos se empeñen en taparnos la boca. El problema es que hay un efecto colateral indeseado y es que, cuando todo es relativo, cuando todo el mundo puede defender “su verdad”, entonces la VERDAD, se pierde entre tanto ruido.

Esto todavía se complica más, cuando lo emocional se pone por encima de lo racional, el sentimiento frente al dato. Todo da igual cuando lo políticamente correcto aplasta lo simplemente CORRECTO.

Fenómenos como el de los CHO (Chief Happiness Officer) que se encargan de hacer felices a los empleados parecen más importantes que el departamento de producción o el de finanzas. Algunas empresas se están convirtiendo en Disneylandia.

Un buen jefe ¿debe ser una buena persona?

¡La Personalidad está incluida en el Módulo de Persona.

Hace unos años se puso de moda premiar a las mejores empresas para trabajar. Básicamente se trataba de escoger a las organizaciones con “buen rollito”. Lo que luego te contaban quienes trabajaban para los premiados no solía coincidir con los argumentos de quienes daban los premios, pero esa es otra historia.

Y en esa línea, parece que se ha convertido en un dogma la idea de que sólo puedes ser un buen jefe si eres una buena persona. ¿De verdad?

En primer lugar, ¿Qué significa ser una buena persona? ¿Ser alguien íntegro? ¿Ceder ante cualquier petición? ¿No gritar? Por otro lado, ¿Hay malas personas que son buenos jefes?

En realidad, esas son preguntas retóricas. Lo que quiero decir es que, precisamente en un mundo en el que teóricamente se busca la diferenciación, la personalización, la singularidad, enseguida tratamos de encontrar soluciones generales, aplicables a todos y a todo.

Cada circunstancia va a necesitar un tipo de solución o de persona. Un profesional “capullo” puede ser mucho más útil para sacar adelante un proyecto, una empresa o un país que otro amable y con buen “talante”, pero incapaz de movilizar a la gente. Ese “malvado” puede ser quien salve los puestos de trabajo de quienes trabajan en la empresa. Hay momentos en los que darías lo que fuera porque te tratase un Dr. House o te liderase un Patton o trabajar para un Jobs.

No hay atributos buenos o malos

Una buena noticia es que no hay personalidades buenas o malas, salvo que seas un criminal (aunque, algunos como Hannibal Lecter seguro que pueden ser útiles para alguna situación). Lo importante es buscar el lugar en el que tus atributos, tu temperamento sea el más adecuado.

Es posible que el “jefe bondadoso” encaje en empresas y circunstancias de vacas gordas, pero otro menos encantador sea el que se necesita en momentos complicados.

A lo largo de mi vida he visto como muchas buenas personas han estado a punto de llevar a una empresa al desastre y con ello a todos los que estaban dentro de ella. Y también he visto como algunas “malas personas” han salvado la situación.

Por otra parte, es mucho más fácil cambiar de situación que cambiar tu forma de ser. Creo que si tu carácter no encaja con la cultura de una empresa, una organización o una tribu, lo mejor es que te vayas con tu música a otra parte.

No me vale aquello de “es que yo soy así”

¿Estoy defendiendo a las malas personas? Pues no. En primer lugar porque, mira por donde, los “malos”, los “tóxicos”, los “vampiros emocionales” siempre son los demás, nunca nosotros. Quizás “el/la malvado/a” tenga sus razones o no lo sea tanto. Incluso puede que lo seas tú.

Por otro lado, creo que todos tenemos nuestras facetas positivas y negativas. Como decía en el post anterior, la clave está en el balance. Pero las personas siempre podemos cambiar algunos aspectos más desagradables. Creo que lo imperdonable es ser consciente de que hay algo que nos está perjudicando a nosotros o a otros y no tratar de cambiarlo con la excusa de es que “es mi forma de ser”.

Busca tu lugar

El Mundo necesita seres de luz, personas bondadosas, individuos angelicales, pero también hacen falta canallas, antipáticos y mentirosos que sean capaces de enfrentarse a personas como ellos y a situaciones complicadas.

Descubre como eres y encuentra tu sitio. La buena noticia es que hay sitio para todos. Ah, y no olvides que seas como seas siempre habrá alguien que considere que tu forma de ser no es la que ellos consideran la adecuada.








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  1. Muchas gracias Andrés, súper interesante la reflexión, como todo lo que compartes.
    Trabajo desde hace 16 años con una persona que ejerce un liderazgo muy autoritario y con máxima exigencia.
    Los resultados son económicamente buenos para la empresa, pero los daños colaterales que ha ido generando son también importantes.
    Y estoy convencida de que habríamos llegado a los mismos éxitos con un ambiente mucho más agradable.
    Un abrazo!

    1. Gracias Gloria,

      A lo largo de mi primera etapa profesional como profesional por cuenta ajena y que duró unos quince años, tuve unos cuantos jefes y jefas. Los tuve todo tipo. Curiosamente yo me sentía más cómodo con quienes eran más directos, incluso hasta desagradables. Tuve otros encantadores, pero auténticos sinvergüenzas, también hubo algunos que fueron casi como un segundo padre o madre. Creo que no se puede hablar de buenas o malas personas en términos absolutos y también es cierto que ese juicio depende de quién lo haga y por qué razones.
      Un abrazo

  2. Creo que en este caso estás confundiendo conceptos. Ser un buen profesional o un buen jefe no tiene nada que ver con ser blando o bondadoso. Tiene que ver con el sentido de justicia, ética, responsabilidad, honestidad y ejemplo que das a los demás. Tengas buena o mala leche.
    Es como ser padre. No se valora a un buen padre por lo bondadoso o amable que sea, sino por su efectividad a la hora de amar, educar, corregir y guiar s sus hijos.
    Cuando se puede ser amable, se es amable; cuando hay que arrimar el hombro, se arrima, cuando hay que motivar al equipo, se motiva y se inspira. Cuando hay que ponerse exigente o hay que corregir, también se hace. Lo importante es que se haga con justicia y responsabilidad. Y, sinceramente, una mala persona (no capullo, sino MALA persona) difícilmente será un buen profesional.

  3. Hace años estudie FOL y AGE, ahora no recuerdo los tipos, pero recuerdo que mi profesora nos enseño los tipos de liderazgos que existen.

    Y había uno que se basaba en:
    El empleado quiere dinero y que lo respeten como trabajador
    El jefe quiere que ganes dinero para él y que le respetes como jefe.

    De todos los jefes que he tenido, el mejor ha sido uno que cuando veía que por sacar un trabajo adelante tenia que trabajar fuera de horario de trabajo, me daba días libres al finalizar ese trabajo. Sin yo pedírselo.

    Eso por mi parte supuso mayor compromiso al ver que el era consciente de mi esfuerzo.

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