Estándares. La mejor diferenciación es hacer bien lo tradicional

Si te has fijado en el título, antes de que me lo digas ya te digo yo que sí, que se puede tratar de ser tradicional y, además, diferenciarse. Así que, eso ya lo dejamos resuelto y podemos seguir.

La idea del post surge porque constantemente estoy viendo gente que se inventa términos extraños para describir su trabajo o a sí mismos.

Muchas veces, cuando trabajo con profesionales, parece que les preocupa más el nombre que se van a poner que lo que van a ofrecer. Y cuando echas un vistazo a LinkedIn, aquello es todo un festival de conceptos supuestamente innovadores que no son más que refritos de cosas que ya conocían nuestros abuelos.

Podrías decir que con todo esto de la Marca Personal ocurre algo parecido y ¿sabes qué? que tendrías razón. Como digo cada vez que tengo la oportunidad, la Marca Personal es el resultado de gestionar tu proyecto profesional o de vida de forma consciente y planificada. Y todos los elementos o ingredientes que componen un proceso de Branding Personal o, más ampliamente, de Estrategia Personal, son conocidos desde hace años o siglos.

Así que, creo que hemos llegado a un momento en el que la búsqueda de la originalidad, la diferenciación y la necesidad de sorprender y de llamar la atención han acabado ocultando lo principal.

La mayor innovación es hacer bien lo tradicional

Lo reconozco, me gusta el Big Mac de McDonald’s o el Whopper de Burger King, o mejor dicho, me gustaba. También recuerdo con melancolía los viejos Donuts que me tomaba en el colegio. Quizás es sólo un efecto del tiempo que te hace pensar que todo era mejor antes. O puede que haya habido tantos cambios, innovaciones, legislaciones alimentarias y «mejoras» que nos hemos olvidado de lo que era, simplemente, hacer algo bien, sin más.

Soy un gran usuario del tren desde hace décadas. Y todavía recuerdo lo sencillo que era ir a la taquilla y pedir un billete. Sólo tenías que decidir dos cosas, si querías primera o segunda, ida y vuelta o sólo ida. No había extras, premium, posibilidad de elegir el asiento o el vagón del silencio. Hoy se supone que se han introducido innovaciones (que simplemente son formas de ocultar subidas de precios) que lo han jodido todo.

Hoy es complicado encontrar a un buen profesional «de lo suyo». Es como si nos empeñásemos en imitar a las líneas aéreas, a las compañías telefónicas o a los bancos que, en lugar de hacer bien las cosas que tienen que hacer, lo ocultasen bajo capas y capas de palabrería, opciones (que más bien son limitaciones) y humo supuestamente innovador.

Necesitamos contables, fontaneros, químicos, ingenieros, médicos, persianeros o mecánicos que dominen su profesión y que no se empeñen en adornarlo con términos como sostenible, con perspectiva de género, dospuntocero o disruptivo.

Lo realmente innovador, diferenciador y sobresaliente es hacer bien aquello por lo que se supone que te eligen.

Elimina capas de barniz

Muchos profesionales, empezando por mi mismo, somos como esas obras de arte en las que, al ser restauradas, se encuentra otra obra anterior sobre la que se había pintado la definitiva.

Un ejercicio fundamental a la hora de posicionar tu Marca Personal es el de decapar tu trayectoria profesional o vital. Se trata de redescubrir qué es lo que hay debajo de todas esas láminas que has ido añadiendo con los años y volver a los orígenes.

En realidad no se trata de elegir una profesión o un cargo sino algo más importante, algo así como volver a tu esencia.

No se trata, en mi caso, de decir que soy químico o especialista en Marca o Estrategia Personal. Eso son sólo formas de denominar lo que hago. Lo importante es entender qué elementos comunes hay detrás de lo que haces.

De nuevo, en mi caso, simplemente soy una persona a la que le gusta coger piezas y juntarlas. Y eso es algo que disfrutaba cuando jugaba al TENTE, al Meccano o al Electro L, cuando juntaba reactivos con el Quimicefa o en la facultad, cuando gestionaba mi categoría de productos en DIA o cuando mezclo conceptos como ahora.

La pregunta es, ¿Qué hay realmente bajo todo ese recubrimiento que has ido añadiendo con los años? ¿Qué eres capaz de hacer mejor que muchos otros, pero que queda oculto tras tantas capas de «tontería»? ¿Con qué actividades disfrutas realmente?

Entiendo que nos hemos pasado la vida «hinchando» el currículo para que no quedase demasiado pobre o llenando nuestro discurso de palabras altisonantes para no parecer gilipollas… aunque justamente por eso, acabásemos pareciéndolo. Y eso nos ha hecho perder el propósito, además de generar confusión en los demás.

La diferenciación sin sustancia debilita tu mensaje

Hace unos días, en una escuela de negocios importante alguien sacó el tema de los titulares de LinkedIn. Surgieron algunos ejemplos de quienes asistían al programa. En sus perfiles ponían cosas muy «bonitas» y emotivas. El problema es que, tras secarnos las lágrimas, nadie sabía a qué narices se dedicaba ni de qué modo podría beneficiar a alguien.

Creo que era Tom Peters, entre otros, quien animaba a ponerse cargos «chulos» en las tarjetas de visita. Pero creo que eso hizo mucho daño. Además, curiosamente, cuando la gente empezó a ponerse títulos raros, además de confuso, dejó de ser original, con lo que se volvía al punto de partida, pero peor.

Hoy, si quieres que te compren, elijan o contraten, lo mejor es que digas claramente lo que haces, qué beneficio generas y le pongas un nombre que no genere confusión. Y, a partir de ahí, que te empeñes en ser el mejor en eso y consigas que te reconozcan por ello.

Puede que alguna vez te apetezca probar una tortilla de patatas deconstruida. Pero para todo lo demás, quizás la tortilla jugosa, enorme y recién hecha del bar de la esquina sea lo que realmente estás buscando. Con cebolla o sin cebolla, lo dejo a tu criterio.





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