Creatividad. Sácalo de tu cabeza

«En mi cabeza sonaba fenomenal», no sé cuantas veces he recordado esa frase en los últimos tiempos.

Hay personas que no mueven un dedo hasta que se han leído todos los manuales, investigado todo lo habido y por haber, o incluso hacer algún curso. Otras, como yo, tenemos tendencia a lo contrario, a ponernos a hacer cosas sin pensármelo mucho.

Los primeros suelen acabar sin hacer nada porque el tiempo pasa y se te quita la motivación o pierdes la oportunidad.

Los segundos, empezamos a cacharrear, a cambiar la web, a crear cosas o a montar muebles de IKEA sin mirar las instrucciones y, muchas veces tenemos que deshacer lo andado o incluso a tirar lo hecho.

El papel antes de la pantalla

Por ejemplo, uno de mis errores habituales ha sido el de crear presentaciones en Powerpoint sin planificar demasiado (o nada). Simplemente consideraba que la idea que tenía en la cabeza sobre lo que quería contar era suficiente. ¡ERROR!

Hay dos autores que hablan sobre la creación de presentaciones que me gustan mucho Garr Reynolds (PresentationZen) y Nancy Duarte (Slideology). Ambos insisten mucho en que antes de encender el ordenador y empezar a crear «transparencias» como si no hubiese un mañana debes coger lápiz y papel o PostIts y dar forma a tus ideas, añadiendo, eliminando, moviendo,…

Con mi segundo libro, EXPERTOLOGÍA, cometí un error que casi me hizo tirar la toalla. Estaba muy ilusionado de poder escribir otro libro, pero con un enfoque distinto al anterior. Pero también estaba convencido de que tenía claro lo que iba a contar.

Así que, me puse a escribir, más bien a vomitar todo lo que tenía en la cabeza. Al mes o mes y medio de escribir me di cuenta de que aquello no tenía ni pies ni cabeza. Tuve que empezar casi de nuevo. Ahí aprendí que lo más importante a la hora de escribir un libro era tener un esquema previo, un guion bien claro antes de darle a la tecla.

Al tener que pensar antes de hacer, vas a identificar problemas que, si te los encuentras cuando ya te has puesto en marcha, puede que te hagan perder tiempo, dinero y energía. Eso es algo que estoy viviendo al crear mi nuevo proyecto.

El plan perfecto no existe, sólo es una ayuda

Es fácil irse al otro extremo (yo también lo he sufrido). Me refiero a no mover un dedo hasta tenerlo todo pensado, previsto y planificado. Y también es un error porque nunca vas a poder predecirlo todo. Incluso en la mejor presentación, negociación o montaje de un sofá EKTORP vas a encontrarte con imprevistos o con tornillos que sobran.

Por eso, la clave está en dedicar un tiempo limitado, pero suficiente a identificar, ordenar y encontrar soluciones a potenciales problemas y, entonces, lanzarte. Y, aún más importante, hacer ajustes sobre lo planificado hasta ir puliendo tu obra.

La cabeza es tuya, el papel es el otro

Una cosa muy chula de escribir blogs o libros o hacer presentaciones es que, si dejas pasar tiempo suficiente, al releerlos o revisarlos es como si lo hubiese creado otro.

Tengo que reconocer que, al enviar los manuscritos de mis libros a mi editor, tenía la sensación de haber creado algo que quedaba muy por debajo de lo que quería. Supongo que es el cansancio o la revisión constante del texto, pero es como cuando salías de un examen y tenías la sensación de que, con suerte, te daban un aprobado.

Unas semanas después, cuando ya te has olvidado del tema y te envían las primeras pruebas, lo que considerabas mediocre, de pronto, te parece que mola. En parte es porque ya lo ves como «un libro», pero también porque te has alejado lo suficiente.

Así que, creo que ayuda mucho el que no lleves tus ideas directamente al producto final sino que construyas algo que puedas analizar y criticar sin miedo a perderlo todo.

Es complicado darte «feedback» a ti mismo si no lo sacas de tu cabeza. No es lo mismo tener una idea de lo que quiero escribir en este post que releerlo cuando termine.

Conviene materializar las ideas para poder moldearlas porque si siguen siendo impulsos eléctricos entre tus neuronas, es difícil de manejar.

Si quieres tener una mejor comprensión de lo que los demás puedan decir de lo que haces o dices, conviértete en tu propio espectador, cliente o consumidor y crea cosas que puedas juzgar desde fuera.





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