Cómo gestionar una Marca Personal con varias facetas
Puedes ser ingeniera y artista. Consultor y fotógrafo. Directiva y profesora. Investigador y tatuador. Tener varias facetas profesionales no es especialmente raro. Lo raro sería que, después de unos cuantos años trabajando y viviendo, siguieras siendo una criatura perfectamente especializada en una única cosa.
El problema aparece cuando intentas trasladar esa variedad a tu Marca Personal. Entonces empiezan las dudas: ¿deberías contarlo todo en el mismo sitio?, ¿crear un perfil diferente para cada actividad?, ¿mantener algunos mundos separados?, ¿puede una faceta perjudicar a otra?
La respuesta habitual consiste en recomendar «coherencia». Una palabra estupenda porque parece resolverlo todo sin explicar prácticamente nada.
Coherencia no significa mostrar siempre la misma versión de ti. Significa que tus distintas versiones puedan encontrarse sin provocar un accidente.
No necesitas una marca para cada cosa que haces
Imagina que trabajas como consultor, escribes sobre productividad y empiezas a dedicar cada vez más tiempo a la fotografía.
Podrías concluir que tienes tres actividades y, por tanto, necesitas tres marcas. Tres perfiles, tres líneas editoriales, tres biografías, tres estrategias de contenidos y, probablemente, tres pequeños monstruos reclamando alimento cada semana.
Quizá tenga sentido. O quizá hayas confundido variedad con necesidad de separación.
Una nueva actividad no justifica por sí sola una nueva identidad ni un nuevo canal. La pregunta relevante es para quién haces esa actividad, qué objetivo persigues y qué contexto necesita para ser comprendida.
Si dos facetas se dirigen aproximadamente a las mismas personas, se complementan y ayudan a entender mejor lo que aportas, probablemente puedan convivir.
Si responden a públicos, objetivos y códigos completamente distintos, separarlas puede proporcionar claridad.
Una ingeniera que vende ilustraciones por encargo puede mantener espacios diferentes para ambas actividades porque sus clientes buscan cosas distintas. Eso no significa que deba fingir ante sus clientes de ingeniería que jamás ha sostenido un lápiz.
Separar sirve para ordenar la comunicación, no necesariamente para fragmentar tu identidad.
El problema no es que tus públicos sean distintos
Hay una confusión frecuente entre coherencia y uniformidad.
No hablas igual durante una presentación ante un comité de dirección que tomando algo con tus amigos. Tampoco necesitas publicar los mismos contenidos, utilizar las mismas fotografías o mostrar idénticos intereses en todos tus perfiles.
Eso no te convierte automáticamente en alguien incoherente. Te convierte, con un poco de suerte, en alguien capaz de comprender el contexto.
También puedes decidir que determinadas dimensiones de tu vida tengan muy poca visibilidad. Una directiva que dedica buena parte de su tiempo libre a una actividad deportiva no está obligada a convertirla en contenido para LinkedIn. Tu Marca Personal no es un inventario público de tu existencia.
Seleccionar lo que comunicas no es lo mismo que fabricar una impresión falsa sobre quién eres.
Esa distinción resulta especialmente útil cuando gestionas varias facetas. Puedes decidir qué necesita conocer cada público sin asumir que todos tienen derecho a conocerlo todo.
La dificultad empieza cuando la credibilidad de una faceta depende de que nadie descubra la otra.
Haz la prueba del descubrimiento accidental
Internet tiene bastantes virtudes. Respetar escrupulosamente los compartimentos que diseñamos para nuestra vida no suele estar entre ellas.
Clientes, compañeros, amigos, alumnos, seguidores y contactos pueden cruzarse. Alguien puede buscar tu nombre, encontrarte por casualidad o llegar desde un perfil que habías creado pensando en una audiencia completamente diferente.
Por eso hay una pregunta bastante más útil que «¿debo separar mis perfiles?».
¿Qué ocurriría si mañana el público de una de tus facetas descubriera la otra?
Puede que no ocurra absolutamente nada.
Quizá un cliente descubra que además de ingeniera eres ilustradora y simplemente piense que tienes una habilidad que desconocía. Incluso puede enriquecer la percepción que tenía de ti.
También puede resultar irrelevante. Tu actividad deportiva, artística o empresarial quizá no aporte nada a determinado contexto profesional, pero tampoco lo contradiga.
Y puede existir un tercer resultado: que necesites dar demasiadas explicaciones.
Ahí conviene prestar atención.
Si has construido dos perfiles separados porque necesitan contenidos distintos, tienes un problema de arquitectura de comunicación bastante sencillo. Si los has separado porque necesitas que las personas de un lado crean que la persona del otro lado no existe, el problema ya no se arregla cambiando la biografía de Instagram.
Los perfiles separados funcionan bien para organizar públicos. Funcionan bastante peor para sostener identidades incompatibles.
Decide qué separar por una razón, no por reflejo
Cuando tengas varias facetas, observa cuatro elementos: público, objetivo, contenido y contexto.
Supón que trabajas por cuenta ajena y además desarrollas un proyecto como freelance. Tal vez ambas actividades refuercen un mismo posicionamiento profesional y tenga sentido mantenerlas juntas.
Pero si investigas en la universidad y además trabajas como tatuador, quizá resulte más útil disponer de espacios diferenciados. No porque una actividad sea mejor o peor que la otra, sino porque quien busca tus publicaciones académicas y quien quiere ver tus trabajos de tatuaje necesita información diferente.
Intentar construir un perfil neutro que sirva perfectamente para ambos podría terminar consiguiendo algo bastante habitual en Marca Personal: que nadie entienda exactamente qué haces para él.
También existe una tercera posibilidad que solemos olvidar: no comunicar una faceta.
No todo necesita una estrategia de contenidos. No todo necesita visibilidad. Y, por supuesto, no todo hobby que empieza a gustarte necesita inmediatamente nombre, logotipo, newsletter y calendario editorial.
Antes de abrir otro canal, pregúntate qué problema concreto resolverá. Si no puedes responder, probablemente acabes multiplicando el trabajo sin aumentar la claridad.
Diseña pensando en el día en que tus mundos se crucen
Puedes hacer un ejercicio sencillo.
Identifica tus dos o tres facetas principales y escribe junto a cada una su público y su objetivo. Después decide qué necesitas hacer con cada una: mantenerla integrada, comunicarla por separado o reducir su visibilidad.
Pero añade una última pregunta.
Aunque decidas separarla, ¿podrías reconocer tranquilamente esa faceta si mañana la descubre la otra audiencia?
Esa pregunta cambia bastante las cosas porque obliga a distinguir privacidad de ocultación, adaptación de impostura y segmentación de contradicción.
Tu objetivo no debería ser conseguir que todos conozcan todas tus dimensiones. Tampoco fabricar una Marca Personal tan homogénea que termine pareciendo que fuiste diseñado por un departamento de comunicación.
Puedes tener varias habitaciones sin construir una casa diferente para cada una.
La arquitectura adecuada es la que permite que cada persona llegue fácilmente a la habitación que le interesa sin necesidad de enseñarle toda la casa. Pero conviene diseñarla suponiendo que, algún día, alguien abrirá la puerta equivocada.
Procura que lo que encuentre al otro lado no necesite demasiadas explicaciones.
