Andrés Pérez Ortega/ mayo 4, 2018/ Sin categoría

Debo empezar diciendo que no tengo ni idea de temas relacionados con las inversiones ni con la ingeniería financiera, así que espero que entiendas que lo que voy a contar a continuación no es más que una forma metafórica de explicar algunas ideas.

Imagina que vas a una entidad financiera y te ofrecen un producto que te prometen que es seguro, que vas a obtener una gran rentabilidad y que va a garantizar el futuro de tus hijos. Todo lo que tienes que hacer es poner ahí todo tu dinero.

Cuando te quieres dar cuenta, te has quedado sin tu dinero y todo lo que te dijeron es papel mojado.

Eso que hemos visto no hace demasiado tiempo se parece mucho a lo que ocurre cuando entras a formar parte de una empresa. Ahora cambia al responsable de la sucursal por el responsable de selección y, encima, debes sentirte agradecido porque esa gente tan magnánima haya aceptado que pongas toda tu “inversión” profesional en su “entidad”.

Para algunos, el coche de empresa o el despacho no es muy diferente del juego de sartenes que te regalaban en algunos bancos por domiciliarlo todo con ellos.

Al firmar un contrato para integrarte en una compañía estás poniendo todo tu capital intelectual a su servicio y reduciendo a cero tus “inversiones” profesionales externas. Has apostado todas tus acciones a algo que sabes que, tarde o temprano, va a desaparecer.

También hay quienes consideran que como les ha ido bien, hasta ahora, en una empresa, no les va a pasar nada. Que llevan muchos años y que todo es muy seguro. Supongo que eso mismo pensaban quienes tenían acciones de KODAK o preferentes en algunas Cajas de Ahorros.

Profesionalmente debería aplicarse también aquello de Rendimientos Pasados No Garantizan Rendimientos Futuros.

¿Qué pretendo decir con todo esto? Pues que deberíamos empezar a gestionar nuestro capital profesional de un modo más inteligente o, al menos, más rentable.

Hasta hace pocos años sabías que, aunque tuvieses que cambiar de empleo varias veces a lo largo de tu vida, tendrías un salario que te permitiría vivir o, al menos, sobrevivir. Hoy eso ya no es posible y todavía lo va a ser menos en el futuro. Por lo tanto habrá que empezar a pensar en diversificar el riesgo laboral, las inversiones profesionales.

Creo que hay que comenzar a pensar en encontrar fuentes de ingresos alternativas del mismo modo que los expertos en finanzas diversifican las inversiones.

Crear “productos” o generadores de ingresos paralelos es algo así como hacer más rentables tus inversiones en formación, experiencia, trabajo y esfuerzo. Si tu única fuente de ingresos de tu trabajo es un empleo en una empresa es como poner todo tu dinero a plazo fijo con un interés negativo pero con el riesgo de un bono basura.

Es absurdo que todos los años de aprendizaje, tiempo dedicado a hacer contactos o noches en vela formándote para tener un título más, tengan un ROI tan bajo.

No me gusta nada eso de los “ingresos pasivos” o aquello de ganar dinero “mientras duermes” que tanto circula por La Red. Da la sensación de que hay algo mágico en todo eso, tan alineado con ese pensamiento “positivo” que basa su éxito en tener unas creencias fuertes. De pasivo nada y si duermes es porque antes te lo has currado, mucho.

A lo que me refiero es que todo esto que te estoy contando supone un esfuerzo extra. Si, lo siento. Pero si empezamos a encontrar formas de rentabilizar nuestras capacidades profesionales más allá del sacrosanto empleo, no sólo podremos vivir más desahogadamente sino también con menos sobresaltos.

Se trata de meter un sueldo “variable” que dependa únicamente de nosotros.

No estoy diciendo que dejes tu trabajo actual… si tienes la ¿suerte? de tener uno. Como fuente de ingresos “fijos” es estupendo… mientras dura. Lo que te estoy proponiendo es que encuentres formas alternativas de generar ingresos.

Pueden ser cosas que no te lleven mucho tiempo, incluso que estén más alineadas con lo que realmente te interesa y apasiona. Puede estar relacionado eso que estudiaste porque te encantaba pero para lo que jamás nadie te dio una oportunidad.

Ahora puedes y debes ser tú quien se convierta en accionista de tu propia idea en lugar de ser tú quien invierta sus “materias primas” y, sobre todo, tu recurso más importante, el tiempo, en acciones que van a beneficiar a otros.

Libros, conferencias, “podcasts” de pago, webinarios, documentos de todo tipo, asesorías personales presenciales o vía Skype sobre la materia que dominas, artículos, pequeños o grandes proyectos,… Pregúntate, ¿De qué modo puedo satisfacer una necesidad, resolver un problema o realizar una mejora por la que alguien esté dispuesto a pagarme?

Si en este momento estás pensando cosas como, “es que en mi empresa no me van a dejar”, “es que estoy cobrando el paro”, “es que tengo contrato de exclusividad” o la peor, “es que no tengo mentalidad de eso”, más vale que empieces a encontrar formas de cambiar esas ideas.

Esto no va de creencias, papeles o situaciones administrativas, es pura supervivencia.

Si no rentabilizas tus cualidades y capacidades, estás perdiendo dinero, posiblemente mucho dinero.

NOTAS:

El día 9 de Mayo estaré en Huelva en un evento espectacular creado por David Barreda y patrocinado por la Fundación Cajasol en el que hablaremos de Marca Personal, Empleo, Oportunidades Profesionales y Emprendimiento un grupo de gente genial y, además, buenos amigos como Eva Collado DuránElena ArnaizGuillem RecolonsAdela de MoraDavid Barreda y yo mismo. No te lo puedes perder. Puedes informarte aquí.

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