¿Hacer “amigos” o hacer negocios?

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Si has leído el título y eres de esa fauna dospuntocero que a cualquier dilema responde con “¿Y por qué no las dos cosas?” o “En el centro está la virtud”, mejor no sigas leyendo.

Si, supongo que en esta vida sería maravilloso no tener que elegir, no tener que privarse de nada y poder coger lo mejor de todos los mundos. Pero creo que no siempre es posible y, más importante todavía, si fuese así, el post terminaría aquí.

Una de las cosas más estupendas de los Medios Sociales para los profesionales y las empresas es la posibilidad de establecer relaciones más personales, de llegar a conectar con otros seres humanos en vez de dirigirse a perfiles demográficos o a nichos de mercado sin identidad.

El problema surge cuando, para un profesional, esa posibilidad de llegar a otras personas se convierte en el fin. Cuando sentirse querido, cuando la necesidad de reconocimiento y de autorrealización de la pirámide de Maslow deja en segundo plano las necesidades fisiológicas o de seguridad. O dicho de otro modo, cuando el tiempo y el esfuerzo para conseguir un puñado de “me gusta” son más importantes que los que utilizas para generar ingresos.

No estoy diciendo que ahora tengamos que meternos en una cueva y ponernos a crear cosas chulas sin relacionarnos con nadie. En los negocios siempre ha habido un elemento importante de relaciones personales. Lo quieras o no, cuando tienes mucho trato con proveedores, clientes o colegas, es más que probable que surja una conexión, una amistad que facilita mucho las cosas. Te lo digo por experiencia. Pero eso siempre es una consecuencia, un efecto colateral, nunca el objetivo.

Con lo dospuntocero parece que se han cambiado las prioridades. Lo importante ya no es el negocio (ojo, aquí siempre hablo desde el punto de vista profesional) sino estar todo el puñetero día en esa inmensa máquina de café que son las Redes Sociales.

¿Tendría sentido que, en una oficina o en una fábrica, alguien estuviese gran parte de su jornada o de forma muy frecuente intercambiando cotilleos o soltando chorradas en el cuarto de descanso? Pues eso es lo que parece que sucede en Internet al ver lo que ocurre en algunas redes… empezando por mi mismo.

¿Por qué creo que sucede esto? Pues por una idea equivocada del Branding Personal.

Soy el primero en defender que una persona con una Marca Personal potente debe generar confianza y sintonía en su “mercado”. Y para eso es necesario abrirte un poco, conversar y conocer a aquellos a los que te diriges.

Pero antes de todo eso hay que tener algo que ofrecer, un producto, una propuesta de valor que esa audiencia necesite o esté buscando.

Cuando combinas Producto con Marca Personal y con la visibilidad que te proporciona el Marketing Personal especialmente en Internet, entonces las cosas tienen bastantes opciones de funcionar bien.

En el momento en el que eliminas una de esas variables de la ecuación, la cosa se complica. Si eliminas el Producto, la propuesta clara de lo que alguien puede conseguir si te contrata/elige/paga, entonces tienes que compensarlo con una cantidad ingente de esfuerzo en “caer bien” y en estar en todas partes todo el tiempo.

Y ese es el gran error que podemos cometer o hemos cometido muchos.

Si queremos sobrevivir y progresar profesionalmente en las circunstancias actuales debemos poner nuestra oferta en primer lugar. Eso es justo lo que han hecho siempre las empresas y lo que creo que van a seguir haciendo. Y cuando pones esa propuesta sobre la mesa, lo siguiente es tratar de establecer una conexión útil con aquellos a los que les interese.

Se trata de hacer negocios y no sólo tratar de tener un millón de “amigos” que te rían las gracias o te digan que molas mucho pero que nunca te contratarán ni pagarán un euro por lo que ofreces.

Lo que sucede es que cuanto menos claro está lo que ofreces, más peso tiene la parte emocional/relacional. Es más probable que elijan a alguien con una Marca Personal sólida, y no seré yo quien diga que eso no está bien. El problema surge cuando detrás de esa gente tan “guay” en las redes no hay nada valioso o lo que nos encontramos es mucho peor de lo que te habían contado.

Eso lo hemos sufrido toda la vida con las empresas y estamos repitiendo el error con las personas. Por eso el Marketing tiene tan mala fama y por eso cada día hay más gente a la que se relaciona con “vender humo”.

Como he explicado algunas veces, si quieres dejar huella, tienes que manejar las 3Es, Especialización (lo que haces), Estándares (cómo lo haces) y Estilo (lo que haces sentir). Está muy bien trabajar la última parte, la de caer bien y hacer “amigos”, pero si no cuidas las otras dos, el tinglado no se sostiene durante mucho tiempo.

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