Reconozco que no me siento cómodo cuando me felicitan. Aunque disfruto como un niño cuando hablo a un grupo de gente (cuanto más, mejor), siempre me pongo colorado cuando me aplauden. Nunca sé donde meterme. Me gustan más las críticas constructivas a lo que escribo en el blog o en otras partes que los comentarios laudatorios. Quizás es que me han educado con la idea de que hay que hacer
Imagina a una persona que siempre está quejándose de que no tiene tiempo para algo importante para él o para ella. Que dice que es incapaz de hacer más de lo que hace. Que protesta cada vez que le sugieres que haga un esfuerzo para conseguir algo que desea. Ahora no imagines nada. Te propongo que inviertas tres o cuatro horas semanales a mostrar tu valor, a hablar de «lo
Esta semana, como consecuencia de mi post anterior, se produjo un debate en Facebook sobre la conveniencia, o no, de transmitir determinadas experiencias y vivencias personales. En el post yo defendía que no tiene nada de malo mostrar lo mejor de ti mismo en dospuntocerolandia mientras sea auténtico y siempre que no se convierta en algo monotemático y repetitivo. También decía que, por una simple cuestión de convivencia y respeto hacia
Seguramente, una de las cosas que haces en primer lugar al levantarte es darte una ducha, asearte, peinarte, arreglarte, elegir algo para ponerte que quede bien y tratar de poner buena cara. Cuando alguien te pregunta qué tal te va, salvo que sea alguien con quien tengas una gran confianza, es muy probable que no le cuentes tus problemillas o problemones, sino más bien que le des una respuesta aceptable
No sé si será porque las Redes Sociales nos hacen ver cosas de las que antes no éramos tan conscientes. O quizás son estas mismas Redes Sociales las que están fomentándolo. Pero lo cierto es que cada día veo a más gente quejarse, protestando, criticándolo todo, atacando cualquier idea vieja o nueva, machacando cualquier propuesta o ridiculizando algo simplemente porque no les gusta. Y esto me hace sentir bastante mal
Vas a una presentación del libro de un amigo y antes de empezar, o al final, se acercan varias personas para decirte que te conocen porque leen tu blog o porque han asistido a una conferencia tuya. Terminas de impartir un curso en algún lugar lejos de tu ciudad y al regresar descubres que tienes más seguidores en Twitter y más peticiones de contactos en LinkedIn. Te invitan a intervenir en
Hace unos días, estuve dando una charla sobre Marca Personal a unos alumnos de último curso de Química en la Complutense. En el descanso, como suele ser habitual, estuve hablando con aquellos que estaban más interesados y se acercaron a preguntarme algunas cosas. Como también suele ocurrir, esos alumnos con inquietudes suelen ser minoría, pero con propuestas geniales y con ganas de comerse el mundo. Son los únicos que suelen tener
Una de las situaciones más frecuentes con las que me encuentro cuando trabajo con gente que quiere desarrollar su Marca Personal es la de aquellos que lo tienen todo para empezar pero siempre piensan que les falta un «ingrediente». A mi también me sucede. «Estoy creando mi blog y en cuanto lo tenga…», «Voy a hacer otro curso de…», «En cuanto diseñe mi plan, me pongo en marcha…», «El mes que
El HECHO Supongo que hasta que algo grave que estás viendo que ocurre no te toca de cerca no te das cuenta de que quizás es demasiado tarde. Ya sabes, «Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.» de Niemöller. El caso es que esta semana, en una entrevista a mi amiga Raquel Roca, han utilizado un par de titulares que han abierto la caja de los truenos y
¿Qué buscamos las personas en nuestra vida? No, no se me ha ido la olla y me voy a poner a filosofar. Pregunto eso porque creo que es la pregunta final o quizás la inicial que debería poner en marcha cualquier proceso vital o profesional. Cada vez que explico en mis cursos la importancia del Propósito, la Visión y la Misión para la Marca Personal, yo soy el primero que