Si no sabes vender tu trabajo, consigue que te lo compren

Esta semana leí en LinkedIn un artículo muy amargo pero también muy actual de Francisco, un amigo y compañero de trabajo precisamente en la empresa de la que hablaba en el post anterior.

Lo que explica en esa publicación es algo que ya deberíamos tener muy claro. Que, a partir de cierta edad, los profesionales somos invisibles para conseguir un empleo.

De todos modos, y aunque yo pertenezco al mismo nicho (premonitorio lo de nicho, ¿verdad?) que Paco, lo cierto es que la cosa está jodida para todos. Para los jóvenes porque son jóvenes, para los más mayores porque son más mayores, para las mujeres, los discapacitados, para los que tienen poca formación y para los que tienen demasiada.

Debo decir que Paco es todo lo que explica en su post y mucho más. Es posiblemente el profesional más serio, leal, entregado, involucrado, buen compañero y eficiente. Lo que ocurre es que hoy, todo eso no sirve de mucho. Hoy todos somos sustituibles, baratos y homogéneos.

El caso de Paco es similar al de muchos, muchísimos otros profesionales que me estoy encontrando. Gente que ha dado su vida por las organizaciones en las que ha trabajado y que, en el último tercio de su trayectoria profesional se ven fuera del mercado. Personas que nunca se han preocupado de mostrar su valía más allá de la empresa que le pagaba la nómina. Ha sido uno de esos que ha practicado aquello que ahora muchos echan en falta, lo que llaman COMPROMISO. Pues ya ves para lo que sirve.

Pero ¿Es que no se veía venir? ¿Es que los datos no nos dicen cada día desde hace décadas que esto iba a ocurrir? Y no quiero dármelas de profeta, pero ¿No me han puesto a parir (con más violencia aquellos que no querían ser conscientes) cuando explicaba todo esto y trataba de aportar soluciones?

Vale, y ahora ¿qué?

Pues está claro que no tiene sentido seguir haciendo lo mismo de siempre para conseguir resultados distintos como diría Albert, el viejo bigotudo relativista.

Es evidente que un profesional no puede seguir utilizando viejas y casposas herramientas de Marketing Personal como el Currículo. Ya no tiene sentido salir a vender nuestro trabajo llamando a todas las puertas a ver si hay suerte y se apiadan de nosotros.

Como todos somos muy listos, damos lecciones a los taxistas para que se adapten a los «nuevos tiempos» pero nosotros seguimos agarrados al sXX, y algunos al sXIX.

Si queremos que nos tengan en cuenta y nos elijan como profesionales independientemente de la edad o de cualquier otro factor, esto ya no va de VENDER sino de que nos COMPREN. Dirás, «menuda gilipollez, es lo mismo», pues no.

Las entrevistas de trabajo, las cartas de presentación, el currículo, toda esa mierda está pensada para vender, o como se dice equivocadamente, para QUE TE VENDAS. Y así vamos mal, las personas no nos vendemos, vendemos nuestro trabajo.

Todo eso sirve para facilitar el trabajo de escogerte, o más bien de descartarte, a quienes tienen que tomar una decisión. Por eso hay quien dedica tanto tiempo y esfuerzo a hacer un CV ¿bonito? o a ensayar una batería de respuestas a preguntas absurdas como «¿Cuales son sus defectos y virtudes?», ¡Vayase usted a tomar…!

Y si eso no fuera suficiente, si tienes la ¿suerte? de entrar en un proceso de selección junto a otro par de docenas de candidatos de marca blanca, todo lo anterior te sitúa en una pésima posición negociadora. Es como si te hiciesen el favor de atenderte y, quizás, sólo quizás, te darán la oportunidad de que lo demuestres en una conversación de 30 minutos.

Así que, lo que hay que hacer, si te da la gana, es cambiar un poco el orden de las cosas. En primer lugar, debemos ser nosotros quienes hagamos lo posible para que nos compren (contraten, elijan, paguen,…) en cualquier formato laboral existente. Por eso repito tanto que ahora todos somos profesionales independientes, aunque trabajes por cuenta ajena.

Cuando eres tú quien recibe la llamada de alguien interesado por tu trabajo, te conviertes en el «entrevistador», eres quién hace las preguntas o, al menos, la situación está más equilibrada.

Pero para que eso ocurra, tienes que mostrar y demostrar tu valor. Tienes que aprender a vender lo que haces, no a venderte tú. Debes poner tus logros, cualidades, habilidades, experiencia y ¿por que no? tus fracasos en un escaparate.

Y eso se llama Internet, blog, plataformas de imágenes, redes sociales profesionales, vídeo,… Y no sólo va de hacerlo en el mundo virtual sino también en el real. Networking, Hablar en Público, llamar a los medios de comunicación (con algo interesante, claro), escribir libros,… incluso enviar algún CV.

Si, vale, ya sé que eso es un follón, es mucho trabajo, no sé si lo sabré hacer, me da vergüenza, no tengo tiempo, quien soy yo para merecer esto y toda esa enorme montaña de creencias limitantes como dirían mis amigos los coaches. Perfecto. No lo hagas. Mejor espera uno, dos, diez meses o tres años a que alguien te llame para hacer una entrevista. Seguro que eso te complica menos la vida.

Joder, si quieres, si queremos sobrevivir en esta situación, no podemos seguir jugando con las reglas antiguas. ¿No te gusta lo que digo? No pasa nada. Después de quince años contándolo y recibiendo palos por todas partes, ya tengo la piel muy dura y se me han quitado las ganas de convencer a quién no quiere cambiar.

NOTA:

La semana próxima, el 15 de febrero, nos vemos en la feria de empleo de Utrera. Va gente genial. Yo no me la perdería.





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