De remeros a surferos

Si hubieses tenido la paciencia de seguir mi trayectoria y la del concepto de Marca Personal desde hace más de una década seguramente habrías visto una evolución lenta pero imparable de su aceptación por parte de las empresas en general y de los departamentos de Recursos Humanos en particular.

En un principio, el Branding Personal era algo así como el demonio para los profesionales de la gestión de personas. Tiene su lógica, para ellos, los humanos somos recursos y, por lo tanto, cualquier concepto que implique aumentar los grados de libertad, responsabilidad y poder de los profesionales se convierte en una amenaza.

La intención de R2H2 siempre ha sido reducirte a un limitado número de perfiles que pudiesen controlar. Por eso les entusiasman los tests como los de Myers-Briggs que meten a siete mil millones de habitantes del planeta en sólo 16 casillas. Vale, puedo entenderlo desde el punto de vista empresarial, pero es aberrante desde el punto de vista humano. R2H2 se empeña en meter clavijas redondas en agujeros cuadrados como diría Steve Jobs. El Branding Personal te ayuda a encontrar tu hueco o, algo mejor, a crearlo.

Quizás por todas estas cosas, la relación R2H2 y el Branding Personal nunca ha sido demasiado amistosa especialmente por parte de los responsables más retrógrados de ese departamento. Afortunadamente, ya hace años que ha surgido una nueva generación de profesionales que realmente considera que las personas podemos ser mucho más valiosas y felices si, en lugar de comportarse como entomólogos dedicados a clasificar a las personas como a insectos, se nos da la oportunidad de utilizar lo que nos hace diferentes.

Todo esto viene a cuento porque el otro día vi un libro de Desarrollo de Recursos Humanos que ha cambiado la tradicional portada de remeros por otra de surferos. Así que, al menos están cambiando las analogías.

Si te fijas, abundan los libros de R2H2 o las imágenes relacionadas con la gestión de personas en los que aparecen unos regatistas como metáfora de lo que significa manejar a los profesionales. Y no se cortan un pelo. Te vienen a decir que aquí hay uno que manda y que mira hacia adelante y luego están los que obedecen, reman y no saben hacia donde van porque están de espaldas.Ya puestos yo no me cortaría y pondría directamente esta imagen.

Quizás, si asumimos que un proyecto profesional es más parecido a surfear en un mar impredecible que a remar plácidamente en un entorno controlado (y limitado), veremos que diseñar una Estrategia Personal propia en las actuales circunstancias (y muy probablemente en el futuro) es lo más sensato… además de más divertido.

Surfear en tu profesión implica estar pendiente del entorno, de los acontecimientos y las circunstancias.

Te obliga a mantenerte en forma y al día en los temas relacionados con tu trabajo.

Te hace ser muy cuidadoso con tus herramientas, tu material y tu estructura.

Puedes surfear sólo o en compañía de otros y en los momentos en los que estéis juntos os echaréis una mano.

Pero, sobre todo, tiene mucho que ver con hacer algo que te apasiona, con lo que disfrutas y que te hace levantarte temprano para coger las mejores olas.

Quizás todo esto sólo tenga sentido para aquellos que disfrutamos realizando actividades más individuales. Pero estoy convencido que incluso aquellos que sienten que es preferible trabajar en grupo o en compañía de otros van a necesitar desarrollar habilidades y cualidades que les permitan enfrentarse a las olas laborales en solitario en unas cuantas ocasiones.

Creo que el mercado laboral se está dividiendo en dos grupos, el de los remeros y el de los surferos.

El problema de los primeros es que ellos no tienen el control, dependen de algo más grande, se dirigen a un rumbo que, casi siempre, desconocen.

El surfero quizás se juega mucho más pero, a cambio, decide cuando ir a la playa, qué riesgos asumir, en qué momento tumbarse a mirar el horizonte o soñar en las olas del día siguiente.









Compartir esta publicacion