¿Para quién trabajas realmente?

Cuando explico la importancia de diseñar una Misión Personal o Profesional suelo utilizar una fórmula en la que se combinan varios elementos.

Dedico bastante tiempo a hablar de esto en mis talleres porque creo que una Declaración de Misión bien diseñada va a facilitar muchísimo las cosas en las etapas posteriores de una Estrategia Personal.

Cuando sabes lo que vas a hacer, a qué te vas a dedicar para alcanzar tus objetivos, ya vas a tener muy claro, por ejemplo, tu perfil en LinkedIn, lo que te falta por aprender o las personas a las que debes conocer, entre muchas otras cosas.

Se trataría de responder a las siguientes cuestiones.

  1. ¿Con qué trabajas? Por ejemplo: Coches, arroz, finanzas, equipos, sentimientos, apartamentos, información,…
  2. ¿Qué actividades realizas? Por ejemplo: Diseñar, comprar, crear, enseñar, vender, construir, divulgar,…
  3. ¿Qué beneficio generas?  Por ejemplo: Facturación, contactos, tranquilidad, rapidez, valor, belleza,…
  4. ¿A quién beneficia lo que haces?  Por ejemplo: Jóvenes, mujeres, instituciones educativas, discapacitados, amigos, directivos,…

Ojo, no todas son fáciles o evidentes. Por ejemplo ¿Con qué trabaja un COACH? La respuesta que suelo recibir cuando imparto talleres a ese grupo de profesionales es, con Personas. Pero no es cierto, las personas son los beneficiarios, la “materia” con la que trabajan los coaches son las creencias, emociones, valores, etc. ¿Lo vas pillando?

Hoy me voy a centrar en otra de las preguntas clave, me refiero a quienes van a beneficiarse de lo que haces, de lo que aportas.

Una respuesta habitual entre profesionales es, “a todo el mundo”, “a las empresas”. En problema es que decir eso es como no decir nada. Si quieres aumentar tus opciones de éxito, debes elegir, debes seleccionar un grupo concreto de individuos u organizaciones a las que puedas aportar algo.

Esto está relacionado con lo que en el mundo empresarial se denomina Stakeholders, es decir, todos aquellos que, de una u otra manera, influyen en un proyecto empresarial o profesional.

Cuando hablamos de Estrategia Personal, es fundamental dejar claro quienes van a ser los destinatarios de nuestro valor.

Si trabajas por cuenta ajena ¿Quién es tu cliente? ¿Tu empresa? ¿Tu jefe? ¿Tus compañeros? ¿Los clientes de la empresa? Piénsalo un poco.

En mi opinión, creo que un cliente es aquella persona u organización que te va a recompensar, remunerar, premiar o proporcionarte recursos para alcanzar tus objetivos. Así que, podríamos decir que tu jefe o tus colegas son algo así como unos “consumidores” o “usuarios”, o “proveedores” o incluso “prescriptores” de tus servicios pero el cliente final será la empresa en la que trabajas.

¿Qué es un “headhunter” o un responsable de selección? ¿Es un cliente? Mi opinión es que no lo es. Simplemente es un intermediario. Y sabemos que los buenos comerciales tratan de saltarse a los intermediarios y localizar a quienes realmente tienen la capacidad de decidir. Por lo tanto, en lugar de tratar de conseguir entrevistas con elementos intermedios, deberías preocuparte por llamar la atención de los clientes finales.

Otro factor importante a tener en cuenta es que estos “roles” son variables. Si has conseguido un cierto prestigio en tu empresa y va a haber ascensos, es posible que tu “jefe” se convierta en un “competidor”. Como ves, esto da mucho juego.

Como profesional por cuenta propia también debo tener en cuenta con quién me la estoy jugando y, sobre todo, quienes son mis clientes. Pero aquí tengo la fortuna de que mis teóricos competidores, es decir, otros profesionales del Branding Personal, además de amigos y colegas son prescriptores, aliados, socios, incluso clientes o consumidores o como solemos decir, somos coopetidores, competidores que cooperamos.

Pero hay un tipo de Stakeholders en una Estrategia Personal a los que solemos dar una importancia menor. Me refiero a la familia y los amigos.

En realidad, podríamos decir que ellos son los auténticos clientes finales. Es para ellos para los que trabajas porque esperas una remuneración emocional. Esto es importante tenerlo en cuenta porque es fácil perder el norte o desperdiciar recursos. Me explico.

¿Cuanto tiempo “inviertes” en trabajar para “followers”, “fans” o seguidores? ¿Son realmente ellos los clientes finales? ¿No deberías aportar tu valor a aquellos que tienes más cerca o incluso a los “clientes” de verdad?

Escribo esto en un día festivo porque, aunque es complicado especialmente para un profesional independiente, creo que es fundamental invertir una parte importante de nuestro recurso más escaso, el tiempo, en aquellos que consideramos “clientes cautivos”. Podemos considerar fidelizados a los amigos y la familia, hasta que un día quizás nos demos cuenta de que hace mucho que decidieron buscar otro “proveedor”.

Así que pregúntate de vez en cuando, ¿Para quién trabajas realmente?

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