Carisma. Mostrar interés te hace interesante

Hay algunos aspectos de la Estrategia Personal que siempre he tendido a dejar un poco aparcados porque rozan lo etéreo, son difíciles de medir o incluso de definir. Uno de ellos es lo que se denomina Carisma.

El Carisma, tal y como suele entenderse, tiene mucho que ver con la Marca Personal. Tal y como yo lo percibo, está asociado a generar un impacto positivo, a establecer una conexión casi “mágica” con otras personas.

Cuando se habla de Carisma siempre surgen unos cuantos nombres de personas conocidas que parece que lo poseen. Dicen que Bill Clinton, Mandela o Steve Jobs lo poseen o poseían.

Los expertos en Carisma suelen decir que, como ocurre con otras cualidades, no es algo innato sino que se puede aprender.

Si quieres ser interesante, muestra interés

Una de las características de las personas carismáticas con las que todo el mundo parece estar de acuerdo es su facilidad para mostrar interés por las personas con las que se relacionan.

Hay detalles aparentemente superficiales que ayudan a conseguir ese impacto. Uno de ellos es el de mantenerse enfocado en la persona con la que te estás relacionando. Por ejemplo, cuando vas a un evento social o quedas con alguien, una persona carismática está completamente pendiente de su interlocutor. Es decir, que no está mirando por encima del hombro a otras personas en la sala o a lo que ocurre alrededor.

Se trata de preocuparte por cada persona con la que hablas, no sólo por la que te tienes más interés. Ten un interés sincero por los demás. Aunque esto es más fácil de decir que de practicar.

Ese primer impacto

Aquello de no hay una segunda oportunidad para causar una primera impresión es más importante que nunca si queremos ser considerados como personas con Carisma. En el fondo estamos hablando de dejar Marca Personal, de dejar huella.








Así que podemos ser cuidadosos con algunos detalles aparentemente rutinarios y superficiales a los que no damos demasiada importancia pero que pueden marcar la diferencia. Cuida esos pequeños detalles y será más fácil sobresalir en un mundo cada día más despreocupado.

Desde el aspecto físico, la apariencia, la forma de vestir hasta el apretón de manos, la sonrisa, la amplitud de sus gestos, la forma de mirar o el tono de voz son elementos que en conjunto son los que nos hacen pensar que una persona tiene algo especial. Llámalo clase, estilo o personalidad, el caso es que aunque pase el tiempo, la persona que lo domina ocupará un lugar especial en nuestro recuerdo.

La dificultad está en conseguir que cada contacto sea distinto y no limitarse a adquirir un hábito o una forma de actuar impecable pero repetitiva que no haga sentir al otro como alguien “especial”.

Uno de los nuestros

Las personas carismáticas suelen conectar con facilidad con quienes se relacionan. Generan “química”, lo que los anglosajones denominan “rapport” o lo que yo incluyo en el apartado de Sintonía. Y eso también se puede aprender.

Si cuentas buenas historias que conecten con tu o tus interlocutores, si utilizas el humor, si encuentras elementos comunes aunque la persona con la que te comunicas sea muy distinta a ti, vas a posicionarte como alguien con quien merece la pena estar.

Y aunque yo soy muy crítico con el abuso del positivismo y del optimismo sin fundamento, aquellos que tienen una actitud positiva pero realista ante la vida tienden a ser etiquetados como carismáticos. No busques el lado negativo de las cosas, y todavía menos de la persona con la que estás conectando.

Pisando fuerte

El Carisma está incluido en el Módulo de Prestigio.

Hay un aspecto que puede ser difícil de manejar porque puede correrse el riesgo de caer en un lado o en otro. Me refiero a la autoestima, a la confianza en uno mismo, a transmitir energía pero sin llegar a la arrogancia ni ser presuntuoso.

Supongo que suele asociarse el Carisma a algunas personas “importantes” y poderosas porque es como si el cargo o la posición ya les incluyese ese atractivo “de serie”.

Pero todos podemos actuar “como si…”. Todos podemos aprender a comportarnos con seguridad en nosotros mismos, a ser asertivos, a defender nuestras ideas con solidez pero sin molestar. Podemos transmitir confianza pero sin presumir, ser presuntuosos o engreidos.

Ojo, actuar “como si…” no nos hace menos auténticos, simplemente es una forma de ir adquiriendo hábitos o habilidades cuando partimos de cero. Poco a poco acabarán formando parte de nosotros. No es una forma de engañar sino de motivarnos.

Consigue que todos se sientan cómodos

Dicen que hablar en público es una de las cosas que más miedo da a mucha gente. Creo que relacionarse con desconocidos debe ocupar un lugar cercano. Por eso, si haces lo posible para que alguien reduzca o elimine esa sensación de incomodidad en las relaciones sociales, vas a conseguir unos cuantos puntos de “carisma”.

Todos nos hemos sentido agradecidos cuando, en un evento en el que no conocemos a nadie, alguien nos echa una mano y nos hace sentir como en casa. De nuevo volvemos a la característica que considero más importante de las personas carismáticas, la de hacer sentir a todos que son importantes.

No quiero extenderme hoy más hablando sobre este tema, pero seguro que más adelante volveré a darle unas vueltas porque hay mucho que rascar y, quizás, hagamos más “tangible” este concepto.

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